«Qué rabia», deben decir algunos. «¿Por qué hay que pensar en la maldita mirada política? No nos debería sorprender, la derecha ha tenido una relación compleja con el noble oficio. Desde las famosas discusiones entre el Excel y el Word del primer gobierno del ex Presidente Piñera, hasta la crítica destemplada contra los funcionarios públicos que son mirados con una desconfianza inimaginable. Esa relación parece jugarle, una vez más, una mala pasada al momento de gobernar. Porque la política no es ese oscuro arte de las relaciones de poder y la imposición de intereses propios, sino justamente la capacidad de conducir una sociedad desde principios y valores que buscan, por sobre todo, el bien común.

Sorprende, aunque no tanto, que otra vez un gobierno del amplio sector de la derecha sea golpeado por una decisión en la que pareciera haber faltado aquello que llaman «visión política». Entre las voces que parecen obsesionadas con una técnica que consideran neutra, guiada por un único principio, la eficiencia, termina imperando una desconexión total con las consecuencias que su actuar tiene sobre la comunidad. ¿Basta con que una decisión sea técnica? Sin duda, no. ¿Basta con que sea política? Tampoco. Es ese complejo equilibrio entre el Excel y el Word el que vuelve a aparecer, y con especial fuerza entre quienes, en voz baja, dicen no querer convertirse en el tercer gobierno.

La carta a los políticos del cardenal Chomali llega en un momento más que oportuno. En ella se releva la función pública y social de la política bien entendida: aquella alejada del espectáculo y de las redes sociales, centrada en una profunda vocación de servicio en pos del bien común. Porque la política es, en su origen, un acto solidario. Es la responsabilidad por la vida en sociedad y por sus problemas. Incluso por aquellos que no me afectan en lo más mínimo en mi vida cotidiana, pero que comprendo que deben ser abordados y solucionados por el bienestar de todos.

El desafío que hoy enfrenta el gobierno es mostrar un rumbo, un acto fundamentalmente político que exige buscar la verdadera política. La última crisis es una evidencia inevitable: no basta con la justificación jurídica de una decisión, porque esta afecta a otros, tanto directamente como en un imaginario colectivo que lee estas señales como una agresión contra los valores de la misma comunidad en la cual vivimos. Lo mismo ocurre con ciertas declaraciones que, por racionales que sean, la ciudadanía percibe como un ataque directo a sus vidas. Postergar una jubilación por las decisiones de inversión de un tercero no es un sentimiento que muchos busquemos, sobre todo cuando nuestra agencia sobre las decisiones es en extremo contenida.

En consecuencia, el gobierno necesita Excel y Word con urgencia. Algunos parecen entenderlo, como el nuevo vocero, Arenas, al igual que la ministra Wulf, cuando advierte que la respuesta técnica no es suficiente. El paso siguiente es la reparación y el país que se busca construir y proyectar en términos políticos. No es necesario inventar la rueda, sino más bien retomar el proyecto original que tiene implícito el compromiso con el bienestar de las familias. Seguridad para vivir en paz, un marco de estabilidad económico que permita el desarrollo y seguridades sociales mínimas que respondan a las urgencias del país.

Esto se hace tanto con grandes proyectos como con tomar iniciativa en procesos claves. ¿Por qué esperar para proponer medidas duras contra casas de apuestas que afectan el bienestar de la juventud? ¿Por qué no promover una prohibición de redes sociales para menores de edad? ¿Por qué esperar para una agenda corta de empleo juvenil? En definitiva, un horizonte que vaya más allá de esperar y apretar los dientes porque la situación ya mejorará en un futuro cercano.

El gobierno, por lo tanto, debe recurrir con urgencia a la maldita política, despreciada por tantos. Es condición necesaria para que un proyecto de gobierno se convierta en un camino sostenible en el tiempo, y que termine en la sucesión en el poder de alguien del mismo arco de gobierno. Para aquello sólo la política es el camino, ese curioso arte de combinar el Excel y Word, este curioso oficio que exige transparencia, honestidad y compromiso; que se hace cargo del otro y que, sobre todo, transmite a la ciudadanía el sentido de urgencia por los sufrimientos y complejidades de nuestra sociedad.

Maldición para algunos, bendita para otros. Lamentablemente o afortunadamente, es el único camino para evitar que una oposición aún desorganizada llegue al poder como castigo a un gobierno incapaz de cumplir su palabra y entregar soluciones. Sin duda, hay un esfuerzo en curso, pero el resultado está alejado de lo esperado. Llegó el minuto de dejar atrás los temores y mostrar la mejor cara de eso que llaman política.

Subdirector ejecutivo de IdeaPaís

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1 Comment

  1. Será juicioso, ponderado, objetivo, pedir todo rápido sin considerar la situación de entrada, lo escaso de los recursos financieros hoy disponibles, la falta de una mayoría parlamentaria, la conducta de obstrucción sin frenos de la oposicion?????? Creo que la situación debe analizarse con altura de miras, con objetividad, con convicción y con liderazgo. No contagiarse con nuestros brillantes mmcs

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