El otro día conversé con Paola, mamá de Lucía, vecinas de Puente Alto. Cambié sus nombres para proteger sus identidades. Me contó su experiencia con el Sistema de Admisión Escolar (SAE), a través del cual Lucía terminó matriculada en pre-kínder en un colegio que estaba lejos de ser su prioridad. «Lo que más me da rabia es pensar en la Ximena, una vecina de por aquí, que postuló al Felipe a los mismos colegios que yo y consiguió meterlo al mejor colegio de la comuna». Mientras la escuchaba, pensaba qué podía decirle para explicar una decisión que definía tanto del futuro de su hija.
El SAE, popularmente conocido como la tómbola, es un sistema centralizado de postulación y asignación de colegios que reciben fondos públicos. Nació de la evidencia contundente de que las vacantes se repartían por pituto y que el proceso era altamente ineficiente. El sistema aplica criterios de prioridad para algunos estudiantes sobre otros, pero cuando hay más postulantes que vacantes, la asignación se hace aleatoriamente. En el último proceso, el 60% de los estudiantes quedó seleccionado por sorteo. Entre ellos, Lucía.
Dos criterios de justicia que reconocemos en educación son el mérito y el esfuerzo. Con algunas excepciones locales, sabemos que son imposibles de medir en pre-kínder a escala nacional. Existe además consenso en que la educación primaria es necesaria para todos, sin importar el destino de cada estudiante, por lo que diferenciar la oferta educativa a esa edad resulta innecesario. Pero eso no significa que no existan otros momentos de la trayectoria escolar donde esos criterios sí puedan aplicarse.
La ventana natural en nuestro país es la transición de básica a media. De hecho, el nivel con más postulantes en la última edición fue primero medio, con 124.000 de 464.000 postulaciones totales. Y fue precisamente ahí donde más alumnos quedaron asignados por sorteo: 84.000 estudiantes, alrededor de 7 de cada 10 postulantes. No habría que inventar esta transición: casi 2 de cada 3 colegios que financia el Estado, excluidas las escuelas especiales y de párvulos, terminan en octavo básico. Estos alumnos vuelven a postular y el sistema, otra vez ciego al mérito, vuelve a sortear.
Cambiarlo exige vaciar el mercado en primero medio y pasar de un sistema estático, con una sola asignación, a uno dinámico, con múltiples postulaciones a lo largo de la trayectoria escolar. Es una medida que aplican sistemas educativos de alto desempeño, tales como Singapur, Hong Kong y Corea del Sur. Habría que alinear el currículum nacional y aplicar pruebas con resultados individuales al final de la enseñanza básica. Con esos resultados en mano, las familias volverían a postular, optando de manera informada entre colegios científico-humanistas y técnico-profesionales. Y en los colegios con más solicitudes que vacantes, los estudiantes quedarían asignados según sus resultados académicos.
Habrá quienes digan que en octavo básico los niños no están preparados, o que no corresponde, que rindan pruebas que definan, en parte, sus trayectorias. Pero varios países que aplican estas mediciones lo hacen incluso desde sexto. Y siempre se pueden incorporar transferencias laterales mediante informes técnicos de las propias escuelas, para dar oportunidad a los estudiantes que se desarrollan más tarde. Otros dirán que bastaría con el promedio de notas y el ranking escolar. Eso abriría la puerta a que los colegios inflen las notas y a que las familias jueguen cambiando de establecimiento para mejorar su posición, exactamente como ya ocurre en enseñanza media antes de postular a la educación superior.
La angustia de Paola no venía solo de comparar su resultado con el de su vecina. Venía de algo más profundo: que por un sorteo en pre-kínder, Lucía quedaba condenada, sin segunda oportunidad. Por más que se esfuerce, al sistema escolar no le va a importar. Y que Felipe, el hijo de Ximena, conservará su cupo sin importar cómo le vaya, gracias al mismo sorteo que sentenció a Lucía. El mismo sistema castiga a una y protege al otro. Nunca incluir el mérito ni el esfuerzo a lo largo de la trayectoria escolar no es una limitación. Es una decisión.

Toda la razón Vicente …. asperezas un país cada ves más justo, partiendo naturalmente desde la educación …..