El Gobierno ha anunciado su intención de insistir en la eliminación del umbral del 5% de votos requerido para que los partidos políticos obtengan representación en la Cámara de Diputados. Esta medida forma parte de una propuesta de reforma al sistema político que busca modificar las reglas de elegibilidad y representación parlamentaria. La iniciativa ha generado debate, especialmente entre los partidos más pequeños del oficialismo, como los Radicales, Humanistas, Regionalistas Verdes y Liberales, quienes ven en el umbral una barrera para su supervivencia.

Esta noticia refleja la fragmentación y falta de cohesión en los bloques políticos tradicionales, un tema central en la columna revisada, donde se destaca la necesidad de reformas políticas que enfrenten los incentivos perversos que generan partidos y candidatos de baja calidad a un alto costo para la democracia chilena.

380 personas buscan patrocinio para inscribirse como candidatas independientes a la presidencia de Chile. 23 partidos constituidos legalmente, además de varios en formación. Una campaña agitada, cargada de incertidumbre. Va más allá de lo habitual. Abundan los ataques, las diferencias internas y los enojos cruzados dentro de las coaliciones, que se debaten en sus propias contradicciones. En el oficialismo, quienes competirán en primarias se dividen entre quienes se distancian del gobierno tras haber sido parte de él, y quienes aún lo admiran.

Las primarias, con voto voluntario, programadas para el próximo 29 de junio, no tendrán mayor utilidad, pero sí un alto costo. La derecha republicana y libertaria no participa, tampoco Chile Vamos ni el centro político, y mucho menos los 385 independientes. El ciudadano solo verá una fracción del panorama en una elección parcial. A la primera vuelta llegarán un candidato oficialista, la candidata Evelyn Matthei por Chile Vamos, los candidatos Kast y Kaiser, Ximena Rincón por Demócratas, además de un número incierto de independientes y los habituales como MEO, Artés y Parisi. La papeleta será enorme. El conocimiento que la ciudadanía tiene de los candidatos independientes será prácticamente nulo, salvo para los 35 mil firmantes de cada uno. Esta situación dista mucho de lo que una democracia necesita para ser eficaz y garantizar gobernabilidad.

Cada vez más personas se inscriben en la plataforma del Servel para reunir los 35 mil patrocinios digitales requeridos para una candidatura presidencial. Este proceso, completamente en línea y mediante clave única, se ha vuelto tan accesible que ha incentivado una proliferación de partidos y postulaciones. La ley permite formar partidos nacionales con más de 15 mil afiliados, o regionales con solo 1.500 distribuidos en tres regiones contiguas. Esto otorga acceso inmediato a financiamiento público: 20 millones de pesos anuales solo por existir. Desde que este sistema está vigente, el gasto estatal ha crecido de 3.500 a más de 9 mil millones de pesos al año, sin contar los más de 100 mil millones reembolsados durante campañas electorales. Se necesita con urgencia una reforma política que enfrente estos incentivos perversos, que producen partidos y candidaturas de baja calidad a un costo elevado.

Desde febrero del año pasado, Chile ya no es considerada una democracia plena, una condición que se mide, entre otros factores, por la participación electoral. Bloquear la reforma al sistema político atenta contra la eficacia democrática. El gobierno ha intentado eliminar el derecho a voto de los migrantes; redujo la multa por no votar y, además, absorbe la discusión sobre la reforma proponiendo eliminar el umbral del 5%. No es este el camino para recuperar una democracia sólida y respetada. Votar sigue siendo la contribución mínima que cada ciudadano debería hacer, y sin embargo la mayoría no lo hace. La abstención o el voto en blanco otorgan poder a unos pocos que terminan dominando el proceso electoral. Esta es la tendencia en muchas democracias maduras, donde el partido más grande es el de los no votantes, lo que da lugar al surgimiento de movimientos marginales.

El calendario electoral chileno este año es exigente y demanda responsabilidad, conocimiento y compromiso. Se requiere estar a la altura para competir por un escaño parlamentario, y con mayor razón para aspirar a la presidencia de la República.

Como advierte Daniel Innerarity, los problemas de la democracia surgen de la ignorancia ciudadana o de la incompetencia política. Agrega que lo esencial es determinar quién posee el mejor conocimiento, las cifras más exactas y la interpretación más certera de los datos. La tensión entre técnica y política no es sencilla. Cuando se entiende que la decisión final es política y la técnica aporta la certeza, el resultado puede ser una sinergia positiva.

Esto es igualmente aplicable a la conducción de una campaña electoral. Existen expertos dedicados exclusivamente a esta labor. Jaime Durán Barba fue el estratega que ayudó a Mauricio Macri a ganar una elección difícil. Algunos de sus conceptos fueron: más tecnología, menos «cabecitas negras». La vieja política ya no sirve para triunfar en las urnas. Muchos de los actuales dirigentes, sin celulares, iPods, Facebook, Instagram ni X, se enfrentan a un escenario muy distinto al de antaño. Las campañas deben cambiar, pero muchos aún no lo comprenden. Los votantes responden tanto a las propuestas país como a un color, una sonrisa o un gesto. Durán Barba aseguraba que había que dejar atrás «las palabras que transmiten ideas» y apuntar a «imágenes que transmiten sentimientos». Rechazaba el ataque político. Algunos estrategas han comprendido que no se gana destruyendo al adversario. Cuando el atacante goza de mala imagen, el atacado puede incluso fortalecerse gracias a la fuerza de su rival.

La comunicación política es una ciencia, aunque no exacta.

Lo que sí es exacto es que Chile no está bien. Que necesita a los más capaces en el poder y, sobre todo, un equipo transversal que anteponga a Chile por sobre los intereses personales. Mas ideas, propuestas serias para los problemas actuales y menos ataques.

Pepe Mujica dice: “En la democracia, las ideas deben vencer a los insultos”.

Economista. Ex embajadora de Chile en Uruguay

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