Con fuertes turbulencias ha sido el aterrizaje del equipo de Kast en el gobierno. Reconozco que tres semanas son muy poco para evaluar. Pero el tipo de errores cometidos auguran un mal pronóstico si no se corrigen con rapidez y decisión. Por eso me atrevo a evocar una experiencia tan fuerte como fue el fracaso en lograr que una mayoría nacional aprobara una Reforma Constitucional que discutimos durante tres años y nos hubiera permitido avanzar en unidad nacional.
Denomino errores a las decisiones políticas que en solamente dos semanas llevaran a que la desaprobación del gobierno superara la aprobación: una caída de ella entre 7 y 14 puntos, para llegar a 35 o 45 por ciento según tres encuestadoras diferentes. Por supuesto también se debe reconocer y contextualizar este resultado ante el enfrentamiento de un fuerte shock externo por una guerra que ha elevado inmensamente el precio de los combustibles. Pero persiste para mí una interrogante de fondo: ¿La respuesta a los problemas enfrentados será solamente una insuficiencia comunicacional a la opinión pública de un par de ministros? ¿O es algo con raíces más profundas, que contiene supuestos o interpretaciones equivocadas que están conduciendo a esas conductas y resultados? De ser lo primero, la corrección de rumbo es fácil. Si fuera lo segundo, habrá que buscar en algunos condicionantes ocultos del comportamiento de las personas del sector político que predomina en este gobierno.
Son tres las explicaciones planteadas por la mayoría de los analistas para la caída en el apoyo del gobierno estas semanas y en particular ante la política frente al alza del precio de los combustibles: uno, la falta de gradualidad de las alzas; dos, la mala forma de comunicar el alza; y tres, cierta falta de sensibilidad o empatía de las autoridades frente al costo de estas medidas para las personas, los ciudadanos.
Por mi parte postulo que hay otros tres motivos que probablemente son más importantes. Son la falta de consciencia de nuestras actuales autoridades de tres circunstancias o condiciones de la realidad política chilena: una, que como un tercio del apoyo electoral obtenido por Kast en la elección presidencial es sólo prestado y muy volátil. No son gente pro-Kast de alma, si no circunstancialmente, en el momento. Dos, que la mayoría de la población chilena tiene una educación o cultura económica muy, pero muy, limitada. No entiende cuando le hablan de cifras, ni de eventos externos interrelacionados y complejos. Las cosas malas ocurren porque alguien que manda (gobierno o patrón) lo quiere o lo permite. Punto. Y tres, lo que escucha la mayoría de la opinión pública no es lo que dicen quienes hablan, o lo que estos últimos creen que la mayoría entiende o debiera entender. Esto último es otro factor que hace difícil gobernar, especialmente en países como el nuestro.
Sobre el carácter volátil del apoyo a Kast, ningún alto funcionario del actual gobierno debiera olvidar jamás que el 58% de votos obtenido en segunda vuelta fue una situación excepcional. Fue porque la alternativa era muchísimo peor y porque Kast priorizó la solución de los dos problemas que más preocupaban a la gente: seguridad y mejoramiento económico. Los votos propios del actual Presidente son a lo máximo su 24% obtenido en primera vuelta. Agregándole todos los de Kaiser (14%) y el 90% de los de Matthei, habría llegado al 48%. Esta es de las más altas votaciones obtenidas por un Presidente de derecha en todo el último siglo. Por eso, si excluimos los gobiernos declarados de centroderecha por el propio Piñera, este es sólo el segundo gobierno de derecha elegido democráticamente en el siglo. Es muy frágil el jarrón en que los electores le entregaron su excepcional confianza a Kast. Necesitan cuidarlo con muy especial esmero.
Respecto a la falta de educación económica de nuestros ciudadanos, la poca comprensión de cuánto cuesta endeudarse, porqué ahorrar, cómo, etc. son todas evidencias de que no van a entender qué significa usar el Mepco, ni menos el costo fiscal de eso. Recordemos lo que pasó con los retiros de las AFP. También los estancados resultados del Simce que muestran que una mayoría de jóvenes no saben calcular un porcentaje, ni saben restar o dividir. El desafío de esto para las autoridades, tanto públicas como privadas, no es encogerse de hombros, ni resignarse, sino comportarse humildemente como un profesor que debe enseñar cada vez materias aún no comprendidas. Gobernar es inevitablemente educar, como dijo nuestro sabio Presidente Aguirre Cerda.
Y sobre la inevitable brecha entre lo que se dice y lo que el oyente escucha, necesitamos considerar desde donde escucha un chileno medio. El lenguaje técnico económico lo asocia con verticalidad, autoritarismo. Tratamiento de shock se asocia incluso con Pinochet. Y allí estarán los buenos publicistas y comunicadores de izquierda para enfatizar eso, y ganar puntos por esos lados. Entonces el desafío para un gobierno de derecha es tener mucha impecabilidad y cuidado para ganarse confianza.
En síntesis, así como parece preferible ajustar en corto plazo el precio que deberemos pagar por una gasolina que es más cara de comprar, también las autoridades del nuevo gobierno harían bien en trabajar mucho, bien y rápido para mantener una confianza que es cara de conservar. Por primera vez en casi 70 años una mayoría de los ciudadanos chilenos entrega democráticamente su confianza a este sector. Es grande el desafío de conservarla. Habiendo personalmente votado por el actual Presidente sin considerarme de su color político (como muchos otros miles), mi anhelo es que le vaya bien. Y lo que espero por sobre todo es que contribuya a la unidad del país, reduciendo la polarización y el daño que genera el transitar cada cuatro años desde un polo al opuesto. Sólo más unidos y buscando converger progresaremos todos.

Tironi trata de convertir un mandato claro del 58 % en “excepcional y frágil” solo para sembrar dudas sobre Kast. Reducir la política a analogías con “fracasos constitucionales” pasados y acusar a la ciudadanía de no entender es paternalismo elitista puro, más ideología que análisis.