antártica
FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

En nuestro hemisferio -como les gusta decir a los funcionarios del Departamento de Estado- se están abriendo paso cambios que presagian una redefinición estratégica. Lo primero es la convergencia de Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay (y a partir de ahora también por Costa Rica) hacia una agenda muy clara con eje ordenador en la seguridad, en el combate a los delitos trasnacionales, en la protección de la infraestructura y en la búsqueda de formas que saquen a la nave latinoamericana de la órbita de China; decoupling, le llaman. Lo segundo, la transición democrática en Venezuela y Cuba.

Brasil no comulga con esta agenda. Colombia y México, tampoco. Cada uno tiene sus motivos. De todas formas, se trata de un cuadro temporal, pues en Brasil y en Colombia hay elecciones presidenciales este año y el poder podría cambiar de manos. Si ello ocurre, la dinámica de la convergencia será aún más fuerte.

Lo interesante es que se trata de una configuración lo suficientemente heterogénea como para pensar que no es una iniciativa de bloque compacto. Responde a una heterogeneidad positiva. Las experiencias en esta materia durante las últimas décadas no sólo han sido quiméricas, sino más bien nocivas. Poco proclives a dar cuenta de los matices y sumidas en conductas adversariales, retóricas verborrágicas, así como absurdas pulsiones anti-Washington. Para Chile, una agenda común hemisférica, con esos ejes ordenadores y observante de las particularidades, será valiosa. 

Los principales fundamentos de esta redefinición se encuentran en dos documentos muy relevantes, la Estrategia de Seguridad Nacional y la Estrategia de Defensa Nacional. Son relevantes por establecer al hemisferio occidental como prioridad uno de Estados Unidos. Un observador compenetrado con los asuntos estratégicos de la región diría que se trata de un hecho histórico.

Ante este cuadro, surge una pregunta no menor. ¿Es malo que Brasil y México queden fuera de esta agenda básica?

En términos generales, sí. Es lamentable no tenerlos incluidos en esta agenda, pero -como todo en la vida- la viabilidad siempre se basa en voluntades y en realidades. Traducido al lenguaje de hoy es apoyar consensos mínimos y, en el caso del Brasil de Lula, no hay disposición.

La reciente entrevista sostenida con Trump, aunque se mantuvo en un marco formal, dejó en evidencia que, por ahora, las prioridades de Brasilia no incardinan con las de Washington. El hecho que ninguno de los dos mandatarios haya aparecido crispado ante la prensa, lleva a pensar que, a sus 81 años, y con una salud ya poco vital, Lula esté razonablemente más preocupado de su legado que de otra cosa. Un legado indefectiblemente asociado a alguna de las líneas de la izquierda latinoamericana. 

Como político curtido en mil lides, sabe que pertenece al ámbito de lo imposible que Brasil, bajo su mandato, aparezca como socio estratégico de Washington. Una señal importante ya ocurrió en marzo, cuando tomó distancia de la cumbre “Escudo de las Américas”, celebrada en Miami, y a la que llegaron 12 jefes de Estado de la región.

Se podría decir, que, ubicado ya el tramo otoñal de su existencia, prefiere los gestos, las formas, los buenos modales. Es parte de su legado. No es extraña entonces su especial parquedad ante la prensa tras su última cita con Trump. Por eso aseguró que hubo mucha “química” entre ambos. Sin embargo, tomó sus providencias y se manifestó escéptico de la traducción del diálogo. Indicó que, según entendió, el mandatario estadounidense no planea invadir militarmente a Cuba. Quedó flotando la idea de que fue un almuerzo más bien distendido, sin tocar tópicos desagradables. Para relajar el ambiente con los periodistas, Lula agregó que le pidió no quitar las visas de ingreso a territorio estadounidense a los jugadores brasileños, pues desean ganar el Mundial de Fútbol.

Sin embargo, para un observador sudamericano hubo dos detalles concatenados de cierto interés. Le informó que Brasil va a postular a dirigir el Consejo de Derechos Humanos de la ONU para el período 2026-2028, pero no tocó el tema de la sucesión de António Guterres en la Secretaría General de la ONU. Un detalle nada menor. En nuestro país, la prensa afín y políticos involucrados insisten que Brasil estaría comprometido y muy entusiasmado con el impulso refundacional encarnado por su candidata.

En general, la reunión tuvo un tufillo a despedida cordial. Ninguno de los dos mandatarios ignora que Flavio Bolsonaro ha pasado a liderar las encuestas y Lula sabe que debe terminar su vida política con gestos de Estado. “Es un buen hombre” concluyó Trump.

En tanto, la exclusión de México de la agenda de consensos mínimos para una redefinición estratégica del hemisferio es otro imposible, aunque por motivos distintos. No constituye novedad que se ha abierto una nueva fase en la relación bilateral del país con EE.UU. y todo indica que sus caminos serán cada vez más pedregosos. 

Hay una tasa anual de homicidios superior a los 30 mil. Vastos territorios funcionan de facto como narcoestados, donde la autoridad federal, si existe, es sólo formal. Los sucesos en Sinaloa son un claro ejemplo. El destino del gobernador R. Rocha y demás políticos requeridos por la Justicia estadounidense marcará a fuego esta nueva fase. 

Mirada con frialdad la evolución de las últimas semanas, no deberían descartarse más presiones estadounidenses para que otros “sujetos de interés” sean entregados.

EE.UU. tiene a mano no sólo medidas de tipo arancelario. Conocedores del tema, señalan que existe un instrumento diplomático con efecto demoledor para México. Se trata de la posibilidad de suspender la autorización para el funcionamiento de los 53 consulados mexicanos en diversas ciudades de EE.UU. Es cierto, México puede replicar cerrando los nueve consulados norteamericanos, pero la escalada sería devastadora para Sheinbaum.

Otro asunto que debe estar provocando escalofríos en el gobierno mexicano es el silencio de los demás países latinoamericanos. Salvo del régimen cubano, se entiende.

La explicación es vasta y nada sencilla. No sólo es consecuencia de haber intervenido de forma indigerible en la política interna de Bolivia, Perú y Ecuador. Es resultado también del desdibujamiento de la autoridad y el despliegue transnacional de los carteles mexicanos de la droga. Estas circunstancias convierten a cualquier acercamiento “solidario” hacia Sheinbaum en un asunto temerario; muy peligroso. Metafóricamente es como el destino del “Hondius”; ese buque cargado con turistas infectados con hantavirus, que nadie quería autorizar a que atracase.

En un marco de tensiones híbridas y de conflictos permanentes, la redefinición estratégica tiene fundamentos claros. Cuando el estrecho de Ormuz vive horas críticas, cuando buques de carga han quedado varados ahí y en el canal de Suez, cuando el canal de Panamá muestra los efectos de la sequía y reduce su capacidad, queda en evidencia que el hemisferio es central.

En esa línea, el Atlántico Sur, el Pacífico sur, el Paso de Drake, el estrecho de Magallanes y la proyección antártica -igual que el Caribe ahora- no son simples opciones, sino activos geopolíticos de primer orden global. Por todo eso, una reingeniería estratégica en el hemisferio necesita los mínimos comunes señalados.

Académico de la Universidad Central e investigador de la ANEPE.

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