Dos encuestas de agosto de 2026 advierten que existe un pesimismo muy alto en el país, que requiere entender qué nos pasó, pues en todas las encuestas entre 1990 y julio de 2014, -gobiernos de la Concertación hasta Piñera 1- un 44,7% respondió que el país estaba progresando.
Hoy, agosto de 2026, la encuesta Ipsos señaló que un 63% de los chilenos considera que el país va por mal camino; que un 74% evalúa la situación económica como muy mala y que un 60% menciona el crimen y la violencia como principal problema. Por su parte, Criteria informa que el 47% de los ciudadanos percibe un retroceso en el país y un 40% proyecta un peor escenario para el empleo.
Dadas estas cifras, es importante analizar qué nos pasó, que pasamos de ser un país con pleno empleo, con sueldos de buen nivel, a un país con 9,4% de cesantía; que de ser acreedores del mundo pasamos a tener deuda equivalente al 41% del PIB; que hoy en varias ciudades del país hay más gente muriendo que los que nacen; que entre 1993 y 2025 los nacimientos cayeron un 46,9% y la tasa de natalidad se redujo de 2,44 hijos por mujer en 1993 a 0,99 en 2025 y se proyecta a 0,87 en 2027. Qué nos pasó que, de ser los jaguares de Latino América, hoy estamos con el nivel más alto de pesimismo en décadas. Veamos.
Chile iba bien encaminado. El Presidente Lagos decía que en 2010 seríamos desarrollados. En 1990, el PIB chileno equivalía al 38% del de Portugal, país a cuyo PIB aspirábamos a llegar. En esa década noventera, crecimos a tal punto que nuestro PIB equivalía al 82% del ingreso de Portugal. Diez años después, en 2022, había caído al 73%.
Lo que nos pasó parte con Bachelet 1, donde comenzaron a introducirse muy malas políticas que fueron dañando paso a paso las bases estructurales de la era del jaguar.
Sin duda que la primera de esas malas políticas fue el fin del sistema binominal ocurrido en 2015, durante Bachelet 1, que hoy nos tiene entrampados con 24 partidos, lo que hace muy difícil la gobernanza. La economía en su período creció un magro 1,8% promedio, se creó el Transantiago y el país perdió su clasificación de riesgo por primera vez en un cuarto de siglo. La inversión cayó durante los 4 años de su mandato, merma que le restó ingresos al PIB por US$24.600 millones, equivalente a la recaudación de tres reformas tributarias.
Después de Piñera 1, donde se reconstruye en forma notable el desastre del terremoto magnitud 8.8 del 27-F y el país creció en todo su período, retorna al poder Bachelet 2 el año 2006 con la Nueva Mayoría y el PC a bordo, dando comienzo a un nefasto período de destrucción de las bases del éxito nacional. A los pocos días de asumido el poder, el senador Quintana -vocero del conglomerado gobernante- expresó: «Nosotros no vamos a pasar una aplanadora, vamos a poner aquí una retroexcavadora, porque hay que destruir los cimientos anquilosados del modelo neoliberal de la dictadura». Y fue en ese gobierno que se impuso la reforma tributaria que subió el impuesto corporativo al 27%, con el slogan “contra los poderosos de siempre”, comenzando así la década perdida.
Después de Bachelet, vuelve a gobernar el Presidente Piñera. Comienza el octubrismo, el PC pretende defenestrarlo con un golpe blanco; la izquierda acepta el no son $30 son 30 años, renegando de la obra de la Concertación; se desata la brutal ola de violencia que la izquierda aceptó; declararon un parlamentarismo de facto y se aprobaron los retiros liderados por Pamela Jiles que tanto daño hicieron. La crisis se resolvió con el acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución que dio origen al mamarracho y luego vino la pandemia que nos mantuvo encerrados largo tiempo.
El octubrismo nos legó a Boric de Presidente y las consecuencias de su gobierno las está sufriendo el actual y por supuesto el país. Una economía estancada, permisología paralizante, salida de miles de millones de dólares de inversión, migración sin control, el crimen organizado se instala en Chile, la meta fiscal incumplida los 4 años, la salud un desastre, 9,4% de cesantía nacional y sobre el 10% en mujeres, 2,5MM de informales y entrega el poder con un decrecimiento del 0,3% en el primer trimestre de este año.
Eso fue sumariamente lo que nos pasó y como los milagros no existen, la reforma de reconstrucción no puede cambiar la realidad en pocos meses y la reforma de seguridad aún se debe aprobar, por lo que las percepciones de inseguridad y falta de empleo no han cambiado y se demorarán en hacerlo. Mientras eso no ocurra, será difícil sino imposible revertir el pesimismo.
Dicho esto, creo que es fundamental volver a creer en Chile, nuestro país, que tiene todo para ser desarrollado. Debemos recuperar la mística de los años del jaguar donde creíamos que todo era posible. Tal vez si el gobierno además de comunicar las medidas que se están implementando nos invitara a una misión país que nos haga soñar en ser desarrollados el 2040, estoy seguro de que la ciudadanía se uniría a ese esfuerzo y no estaría dispuesta a que en 2030 vuelva el socialismo del Frente Amplio.

Excelente idea, le da una mística y razón de ser.
Brillante columna de Jaime