Detrás del sentimiento patriótico de celebración de las Fiestas Patrias, están los recuerdos de las batallas libradas por nuestro Ejército, las cuales nos han permitido ser una nación libre y soberana. Una que cuenta con derecho de autodeterminación.

Los conflictos cruentos entre los pueblos han sido uno de los temas más estudiados en el trascurso de la humanidad. Desde la filosofía, la polemología, la geopolítica, las relaciones internacionales, las ciencias militares, la sociología, entre otras ciencias sociales, han intentado comprender las causas del fenómeno y sus consecuencias.

La violencia en nuestras relaciones ha estado siempre presente por múltiples razones. A veces por afanes expansionistas, otras por acceder a territorios o recursos naturales y en muchas ocasiones por la propia defensa nacional. 

Al respecto, siempre se construyen narrativas que permiten sostener al conflicto como el único camino que satisface los intereses colectivos de un grupo humano. Por ello, la libertad siempre va asociada a la capacidad que tienen los pueblos para defenderla, ya que la norma no es condición suficiente. Basta observar la triste realidad actual, en la que nuevamente algunos Estados reivindican su “derecho” a agredir a otros.

Lejos han quedado los tiempos en que la guerra quiso ser proscrita en las relaciones interestatales, particularmente con posterioridad a la Segunda Guerra Mundial, ya que luego de la carnicería de más de 60 millones de personas, se pensó que estaríamos en condiciones de superar el belicismo tan característico de nuestra especie, sin embargo, a la fecha hay demasiada evidencia de que algo existe en la naturaleza humana que no nos permite superar esta condición.

En estos momentos vivimos un rearme mundial. Los ingresos por ventas de armas y servicios militares de las 100 mayores empresas del sector alcanzaron los 632.000 millones de dólares en 2023. La tendencia indica que sólo aumentará la compra de sistemas de armas porque observamos un mundo más hostil. En efecto, el 2023 aumentaron las ventas en términos reales en un 4,2% en comparación con 2022. (fuente: Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo). Esta tendencia promueve el miedo y la desconfianza, situación que se agrava con la deslegitimación de la diplomacia y los organismos internacionales que velan por la resolución pacífica de las controversias. Todo hace prever que se aproximan tempestades.

En ese sentido, cuando los pueblos no cuentan con Fuerzas Armadas que puedan hacer valer su soberanía, estos pueden ser exterminados, diezmados, desplazados y humillados. Kurdos, armenios, una infinidad de pueblos originarios, saharauis, palestinos, entre muchos más son parte de una tragedia que sólo pudiera haberse resistido si hubiesen contado con Fuerzas Armadas, ya que estás -en la gran mayoría de las ocasiones- son los garantes de la paz, ya que permiten forzar una negociación pacífica entre las partes en disputa.

Nuestra naturaleza humana contiene luces y sombras. La ambición de algunos, las corrientes supremacistas, las narrativas irresponsables, el egoísmo ramificado en nuestra centuria, entre otras muchas características de nuestra alma caída, debe contrarrestarse con la dignidad de hombres y mujeres que juran lealtad a la bandera, que están al servicio de la patria y que racionalizan su quehacer por medio de instituciones que resguardan los derechos más fundamentales de sus ciudadanos.

Felices Fiestas Patrias.

Director de Derecho Público y Sociedad USS

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