Hace pocos días, la ex Presidenta Bachelet desclasificó en un programa de CNN un diálogo que sostuvo con el entonces Presidente Piñera, en medio del estallido social. Según contó Bachelet, Piñera le habría propuesto descongelar el proyecto de nueva Constitución que la misma ex Mandataria presentó un par de días antes de dejar el poder, pero obtuvo un portazo de vuelta: “Le dije: ‘Presidente, ya pasó la vieja, ya no es momento’, porque no había apetito para esa Constitución, que tenía otra lógica”.
La actitud de la ex Presidenta, relatado con sus propias palabras, no puede ser más desalentadora y mezquina, y demuestra una falta de liderazgo que no se condice con lo que se esperaría de una Jefa de Estado.
Vamos por parte:
Aun cuando la “Nueva Constitución” fue una de sus banderas de lucha en su campaña de 2013, Bachelet envió al Congreso su Nueva Constitución recién el 6 de marzo de 2018, es decir, 5 días antes de dejar el poder. Es evidente que no esperaba tramitar su propio proyecto. Entonces, las alternativas son dos: o lo envió sólo como un gesto político, o bien para esperar que el gobierno siguiente tomara la posta. Lo primero sería tremendamente desalentador, pues daría cuenta de un gobierno que dejó su propuesta más importante para el final, “sólo por cumplir”. Supongamos entonces que se trató de la segunda hipótesis.
¿Qué pasó después? Es verdad que, apenas asumido el Gobierno, el nuevo ministro del Interior, Andrés Chadwick, dijo que el Ejecutivo no impulsaría la propuesta constitucional del gobierno anterior. Pero esa frase ha sido sacada de contexto. De hecho, lo que dijo Chadwick fue: “No queremos que avance el proyecto de nueva Constitución presentado por Michelle Bachelet”; (…) “una Constitución no es un juego, sino que es lo más importante”; (…) “queremos hacer modificaciones, que pueden ser importantes, pero en un ambiente de acuerdo y no de proyectos de última hora”.
La frase de Chadwick, por tanto, enfatiza que el texto constitucional se mantendría ahí, estacionado, pero que en marzo de 2018 -a menos de una semana de haber asumido- no era prioridad. Y esto en ningún caso era un portazo. De hecho, el nuevo gobierno no retiró el proyecto, pudiendo haberlo hecho. La consigna latente, aunque no declarada explícitamente, era que sería mejor mantenerlo, por si el escenario cambiaba, pero en marzo de 2018, una Nueva Constitución no era prioridad.
Y el escenario efectivamente cambió. Vaya que cambió. Y es entonces cuando Piñera llama a Bachelet y sucede lo que ya todos sabemos. Ahí es cuando se habría esperado un tono infinitamente distinto de la ex Presidenta. Decir lisa y llanamente que “ya pasó la vieja” resulta una respuesta insoslayablemente mezquina, digna de alguien que no cree en su propio proyecto.
La actitud de Bachelet, al final del día, demuestra una desorbitada falta de liderazgo. Los ex Mandatarios, que gozan de auctóritas, tribuna y poder, debieran poner siempre su capital político al servicio de la República. Y si el proyecto de Nueva Constitución presentado el 6 de marzo de 2018 podía ayudar a recomponer la paz social, había que utilizarlo. El “pasó la vieja”, en cambio, resultó ser una cómoda “sacada de pillo”, porque al bacheletismo -y al progresismo en general- les resultaba más atractivo mantenerse del lado del estallido y la primera línea.
El ”pasó la vieja” equivale, además, a reírse en la cara de todos los que participamos y creímos en el proceso constitucional que tuvo lugar durante todo el gobierno de Bachelet. Se hicieron casi 10 mil cabildos y encuentros locales autoconvocados (ELA), en los que participamos más de 127 mil personas, con un presupuesto de casi 3 mil millones de pesos. Y todo, ¿para qué? ¿Para abandonar el proyecto propio cuando era más convenía sumarse a la protesta? Reconocer esto sólo habla de oportunismo político, y no del intento por haber generado las reflexiones necesarias para una Nueva Constitución.
La pequeña actitud recordada por Bachelet se suma a su aparición en la franja del “En contra”, en la que lejos de aportar, ha buscado confundir más a la opinión pública, con mañosas interpretaciones y derechamente falsedades del texto que se discute ahora (Presidenta: la Nueva Constitución dejó fuera la objeción de conciencia y sí reconoce la igualdad salarial como principio). Esta aparición implicó que incluso una ex ministra de su gobierno, como Ximena Rincón, le dedicara una dura carta abierta, demostrando que los antiguos bacheletistas ya no le siguen necesariamente el amén.
¿Cuál es el corolario de todo esto? Bachelet vuelve a entrar al juego político, y de hecho, hoy es la figura más fuerte del Socialismo Democrático para una nueva carrera presidencial. Pero, como opinión pública, debemos reconocer su falta de visión, de altura de miras y de liderazgo. Y ella a la vez, debe reconocer que muchos de sus ex colaboradores no estarán con ella, como la misma Rincón. Y puede que sí, entonces, para Bachelet, haya pasado la vieja.

Así es. Además, la propuesta de nueva CPR prohíbe expresamente que alguien pueda ejercer la presidencia más de dos veces en su vida, tema cerrado.
Muy interesante. No participé ni creí en ese proceso estando satisfecho con la constitución que nos rige, a pesar de sus numerosas enmiendas. Respecto a la conclusión final concuerdo en que ya pasó la vieja y enhorabuena.