Trump parecía un torrente incontenible que nada ni nadie podría detener. Buscaba cambiar el mundo como lo hemos conocido en diversas dimensiones, dominando la escena mundial. Y, de repente, un grupo de personajes con trajes y colores estrafalarios, colocan otra persona en el escenario mediático global que desafía a Trump casi sin abrir la boca y lo saca de la atención principal de la opinión pública mundial. Así puede interpretarse la elección de Prevost como nuevo Papa León XIV. Estimo que es de las acciones geopolíticas de alcance planetario más potentes que se han realizado en al menos el último siglo. ¿Lo es? ¿En qué sentido? Es lo que intentaré argumentar hoy aquí.

Trump, con una audacia y desfachatez que parecía de épocas superadas, pretende desviar el curso del pensamiento y los valores del mundo occidental cristiano. Ha buscado ir más allá de una guerra comercial contra todos. Intenta terminar o transformar radicalmente su alianza con  sus aliados de siglos, como son los principales países de Europa. Se trataría de que “America sea grande de nuevo” sola, por sí misma, frenando y expulsando inmigrantes y concentrándose en hacer crecer solamente su propia industria. Su mayor argumento es que casi todos los países del mundo “se han aprovechado” de Estados Unidos, tanto no pagando por su defensa militar o protección internacional como en “usar” el  mercado norteamericano para sus productos y desarrollar así sus sociedades.

Detrás del actuar de Trump hay valores, estilos y supuestos que es fundamental observar: la división del mundo en amigos y enemigos; el promover que “cada uno se rasque con sus propias uñas”, de hacer valer el poder propio para hacer daño como modo privilegiado de imponerse y de buscar la polarización y la confrontación (y si posible la eliminación del enemigo) como manera de progresar. Considero que esto, tanto como las medidas mismas tomadas por Trump, es lo que nos ha dejado a todos desconcertados. Hasta las propias mayores autoridades de los países europeos se han visto estos meses como paralizados y confundidos.

Es en este contexto donde se puede entender el gran interés mundial inmediato y el significado de mayor alcance histórico que podría tener la elección del Cardenal Prevost como Papa. En este sentido es una decisión geopolítica, más allá de los significados internos que pueda tener para la Iglesia Católica y los religiosos para los fieles; ambos muy respetables. Es la elección de una persona que representa lo opuesto a Trump, pero al cual, a éste le resulta muy difícil oponerse, en los términos que Trump sabe o prefiere enfrentarse a quienes tienen visiones distintas a él.

Primero que nada, Prevost o el nuevo Papa, es un norteamericano de tomo y lomo. Ni siquiera proveniente de estados federales que suscitan el generalizado desprecio de Trump, como California o los del noreste académico de Boston. Viene de Chicago, nada menos. En segundo lugar, es una persona que pertenece a una institución con una capacidad de comunicación sin parangón. Ni las más modernas redes sociales ni las nuevas aplicaciones le hacen el peso. Son muchos los siglos en que la Iglesia Católica lleva proyectándose y defendiéndose, gracias a su capacidad de dirigir la comunicación con sus millones de fieles y con el resto del mundo. En tercer lugar, Prevost es un hombre considerablemente más joven que Trump. Tiene el tiempo y la visión para elegir dónde, cuándo y cómo actuar, si decide salirle al frente y detener la propagación del conjunto de valores de Trump.  Y considero que lo hará inevitablemente, más allá de su voluntad y de que tome formas muy explícitas.

Me voy a lanzar a hacer una predicción, aunque tenga mucho de “wishfull thinking”. La propia impulsividad e incontinencia de Trump puede llevar al Papa León XIV a impulsar una revolución para bien de la Iglesia Católica, como lo hizo su predecesor del cual Prevost escogió su nombre: León XIII. Creo que asumirá un fuerte e inesperado nuevo liderazgo. Ya ha hablado de ser un puente, en vez de quien alza muros como Trump. Puede venir bastante más.

Anticipo que una de sus primeras encíclicas será sobre la migración, fenómeno que está al centro de las inquietudes y la polarización en casi todos los países del mundo. Pero probablemente lo hará con una visión más elevada y global que lo habitual. Poniendo el foco también, por ejemplo, en lo que pasa y hacen los gobiernos en los países de origen de los migrantes. Aquí entraría la situación de Venezuela, en América Latina. Pero ojo: detrás también están Cuba, Nicaragua, Bolivia y otros. Reaparecerá entonces el contraste entre Trump y la Iglesia con la cooperación internacional para el desarrollo (el cierre de las AIDs). Abordar integralmente la migración abarcaría a su vez pronunciarse sobre los partidos que hacen de esto el punto central de su ideología, y los vuelve relativamente fanáticos y extremistas.

No ha pasado suficiente tiempo desde la elección del nuevo Papa como para entregar evidencia de lo que sostengo aquí. Pero invito al y las lectoras a imaginarse la próxima visita que hará Prevost a Estados Unidos. ¿Pasará desapercibida? ¿Será como cualquiera de los papas anteriores? ¿Dejará acaso de referirse en sus prédicas a los emigrantes, al gasto militar, a Europa, al Asia y a la paz en el mundo? Y cuando venga pronto a Perú, Argentina y Colombia o Venezuela, ¿Cuánta gente y atención mediática convocará? Que se preparen los Maduros y los del otro extremo para afrontar la ola que se puede venir. Por eso digo que hemos visto poco todavía.

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1 Comment

  1. En otras palabras, al no tener uds los políticos y sus satélites comentaristas agallas para enfrentarva Trump, quiere imaginar, soñar, inducir un supuesto y eventual conflicto con SS, Por favor, más liderazgo, más agallas, no esconderse en polleras Iglesia, sobre todo que en palabras iniciales se nota el desprecio al valor cristiano de elegir un papa. Leamos un poco más de geopolitica…..

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