Magnífico, pero muy perturbador, me pareció el excelente libro del cientista político y filósofo Daniel Mansuy sobre la trayectoria y pensamiento de la generación del Frente Amplio que nos ha gobernado estos años. Tanto así que todavía estoy intentando digerir qué sensación global me deja, qué me muestra sobre el Chile actual y hacia dónde seguiremos.
Creo que lo mismo le puede haber pasado a muchos lectores, porque me ha sorprendido que haya tan pocos comentarios escritos sobre este libro tan notable como vigente. Encontré sólo dos en Google, ambos de personas de izquierda que lo critican ácidamente. Uno de ellos lleva como subtítulo, “Crítica a una diatriba”.
El libro plantea una tesis muy precisa sobre lo más fundamental que habría inspirado a Boric y a la mayor parte del Frente Amplio (FA): “Es una generación que valora el testimonio por sobre el programa, la coherencia personal y la escenificación de la sinceridad por sobre el ejercicio del poder”. Una generación “marcada por el deseo de pureza, incapaz de asumir cualquier costo político, con una ética que prefiere la fidelidad al yo antes que el compromiso con lo común” (resumen de la contratapa).
No puedo decir que la tesis del autor me convenza, ni menos el adjetivo de “inocencia” para denominar esa visión. Esto a pesar de la muy buena, extensa y valiosa acumulación de citas de los dirigentes del FA que nos entrega el autor. Esto último es lo más notable y meritorio del libro. Debiese ser lectura obligada de todo político serio trabajando en Chile y de todos los candidatos hoy en competencia. Muy destacable es también el análisis paso a paso de los eventos, coyunturas, dilemas y acertadas decisiones que fueron dando lugar al éxito arrollador de este movimiento de jóvenes que los llevó al poder en solo diez años.
Mansuy examina por ejemplo el programa presidencial de Boric y concluye que el texto “ignora del modo más absoluto los obstáculos que podría encontrar una voluntad transformadora. En rigor no hay reflexión alguna respecto de los medios ni sobre la dificultad del desafío” (p.34). “No hay distancia relevante entre la realidad y aquello que se anhela: los textos programáticos suponen de forma sistemática que la voluntad basta y sobra para producir los cambios…el mundo es dócil” (p.35). En ese marco recuerda los compromisos adquiridos por el FA y Boric para que los ciudadanos votaran por él: “terminar con el sistema de AFP, condonar la deuda educativa, generar un sistema universal de salud, reducir las listas de espera, refundar las policías”, etc. (p.36). El desprecio por la técnica es radical y es sustituida por una fraseología insólita que cita in extenso. “los inocentes privilegian la grandilocuencia”, agrega. Asumen que “basta con la palabra, que basta multiplicar las declaraciones de buenas intenciones. La verborrea reemplaza la reflexión” p.36).
Me tiene anonadado darme cuenta ex post que con esa visión que Mansuy llama “inocente”, esta generación de políticos haya alcanzado los éxitos y el poder que ha llegado a ejercer en la vida nacional. ¿Cómo fue posible? ¿Cómo sigue siendo posible? Algo hay aquí que no calza. Esto parece más bien un sueño para algunos o pesadilla para otros, pero es algo medio irreal que no llego a comprender. Etapa por etapa, en el tiempo, parte por parte, me fue siendo comprensible. Pero verlo en todo su conjunto y trayectoria de 15 años como lo relata Mansuy me deja perplejo. ¿Qué nos pasó? ¿Cómo pasó? Volver a mirar, recordar, leer todos los textos de las declaraciones de los y las dirigentes del FA desde el movimiento estudiantil del 2011, cómo se movieron y se justificaron para llegar al parlamento, conseguir los apoyos de Bachelet y la izquierda, subirse al estallido, involucrarse con la nueva Constitución y ganar las primarias y elecciones del 2021 ¿con esa visión “inocente”? No; aquí falta mucho por entender.
Observo además que la forma de ver el mundo de los dirigentes del FA se extiende probablemente a la mayoría de los jóvenes y en todo el mundo actual. Me recordaron el desafío que me implicó últimamente acompañar estudiantes de ingeniería como profesor. Les enseñaba a escribir sus memorias en los temas que habían escogido como proyectos de emprendimiento. A partir del 2010 en adelante empezaron a llegar a su último año alumnos con visiones muy simplistas y voluntaristas sobre cómo funciona el mundo. Por ejemplo, uno quería montar una empresa para vender invernaderos a colegios para enseñar cuidado del medio ambiente. Al sugerirle por mi parte que indagaran en un mínimo de cinco de ellos sobre si se interesarían en contratarlo, me contestaban que no era necesario. Su respuesta era que “tenían” que interesarse porque “hay que” combatir el calentamiento global y educar en lo ambiental es muy importante. Costaba mucho que entendieran que esto no era asunto de creencias, deber, ni de “lo bueno”. Vivían sus ideas como certezas absolutas. Y las defendían apasionadamente. En este caso, sin embargo, que ellas fueran ideas falsas sólo tenía por consecuencia que no se graduaran todavía o que su empresa quebraría en pocos meses; ¡y eran ingenieros! Pero en el caso de Boric, Winter, Vallejo y otros, las ideas simplistas, falsas, equivocadas o insuficientes de ellos fueron creídas por tantos miles de jóvenes (y otros adultos) como para llegar a salir elegidos y pasar a gobernar el país entero. Y que nos gobernaran con esas ideas por cuatro años me hacen pensar que nos salvamos de un desastre que pudo ser muy grande, aunque no sin costos.
La otra cuestión clave, destacada por Mansuy, es que el ascenso vertiginoso del FA al gobierno no ocurrió sólo por la audacia, inteligencia y flexibilidad táctica de sus dirigentes. Se debió también a la falta de respuesta, frenos y contrapeso del resto del sistema político chileno tradicional, especialmente de la izquierda y la DC. ¿Por qué ocurrió eso? Falta estudiarlo más. Pero mirando el conjunto del análisis del libro, a mí no me cabe duda que ocurrió por la alianza implícita de esa izquierda histórica (PS, PPD, PC) más la DC que quería recuperar los privilegios de controlar el Estado ganando elecciones con el aporte del entusiasmo, capacidad de comunicación moderna y movilización de los nuevos jóvenes universitarios.
Y finalmente, la pregunta del millón: ¿Hacia dónde seguiremos? ¿Qué lecciones sacará esta generación de dirigentes del FA de su paso por el gobierno? ¿Sacarán alguna? ¿Reflexionarán? ¿O repetirán el error de no hacerlo, como le pasó a la Concertación, que no se dio cuenta que para alcanzar un crecimiento con equidad no bastaba con más ingresos y poder para el Estado? Se necesita también un mejor Estado. No uno capturado por grupos de interés que impiden su contínua modernización, su mejor gestión y la elevación de la productividad de sus servicios. Son desafíos pendientes de abordar todavía.

y recuperar la brújula de la ética, que está perdida por moros y cristianos.
«Hard times create strong men, strong men create good times, good times create weak men, and weak men create hard times». Attributed to G. Michael Hopf.