En tiempos de crisis reflexivas y sin vocación por la verdad, el mundo se dirige a gran velocidad a una sociedad que erradica la noción de justicia social, que venera la acumulación de bienes, conocimiento y, sobre todo, aspira a controlar nuestras voluntades por parte de unos pocos individuos. En ese camino sólo estamos consiguiendo desintegrar la concepción de la dignidad humana.
Por lo antes dicho, Magnifica Humanitas es una voz que resuena y que consigue romper el vacío existencial imperante. Representa la esperanza por cambiar el rumbo antes de que naufrague la humanidad.
En efecto, el diagnóstico apocalíptico tiene demasiada evidencia acumulada. Se expresa en la inconciencia de muchos frente a la cruda deshumanización que a diario tendemos a normalizar. La guerra en Ucrania, el genocidio sobre Gaza, la devastación del Líbano, la agresión en contra de Irán, la separación de padres e hijos en el contexto del maltrato, precarización de derechos fundamentales y estigmatización que se extiende en contra de los inmigrantes; la total impudicia en colocar las tecnologías al servicio de la muerte y del control social, atentando contra los derechos básicos de las personas; la IA aplicada a la industria militar que ha reavivado las políticas de Estado, las que buscan maximizar las estratégicas de aniquilación de todo obstáculo que se anteponga a los objetivos nacionales, ideológicos o geoestratégicos.
Vemos que, sin eufemismos, quienes intentan controlarnos no permiten que se establezcan consideraciones éticas o regulaciones que pudiesen limitar sus beneficios. Tampoco aceptan retardar este histórico momentum, ya que están emergiendo con gran visibilidad y entusiasmo como la nueva fuente de poder. Ello lo están haciendo a través de la coaptación de los mandatarios, la promoción de ideas existencialistas que extinguen la condición humana, el fomento del transhumanismo, la entrega de prebendas, la promesa de felicidad anclada a un progreso indefinido de la técnica o simplemente el chantaje mercantil y/o financiero.
En consecuencia, somos testigos de la arrogancia de unos pocos, quienes intentan pulverizar toda concepción de dignidad humana, lo que explica las acciones hostiles desbordadas que pretenden derribar todo obstáculo para que los señores de la guerra y los líderes tecno-feudales avancen en el modelamiento de una pseudorealidad. Una que se construya a imagen y semejanza de sus intereses, y de paso demuelen todo los principios, valores y verdades por las que valía la pena vivir: libertad, justicia y amor al prójimo.
Ahora queda tener esperanza en que la sabiduría de Magnifica Humanitas tenga eco entre nuestros espíritus para que, así, la humanidad recupere su rumbo a través de la fraternidad, diálogo, encuentro, solidaridad y justicia, cimientos para reconstruir el camino de paz que sólo se alcanza en el reconocimiento y respeto de la dignidad humana.
