La declaración del senador del Partido Comunista, Daniel Núñez, quien dijo que ellos debían estar con los dos pies en La Moneda y los dos pies en la calle, no debe ser entendida como una admisión tácita de que los miembros de ese partido son unas bestias de cuatro patas. Pero sí deja en claro que una buena parte de la izquierda se siente más cómoda buscando movilizar el descontento en las calles que haciéndose cargo de la difícil tarea de buscar soluciones para ese descontento. Aunque la gente espera que los que fueron electos para gobernar tengan sus pies en los espacios de poder donde se deben buscar soluciones, la cabra siempre tira al monte. La izquierda sueña con volver a las calles para canalizar desde allí el descontento popular precisamente porque ese sector es mucho mejor protestando que haciendo la ardua, compleja y difícil tarea de gobernar.

La frase del senador Núñez debe ser entendida en el contexto de la amenaza anterior del PC, emitida en 2015 por el entonces secretario general del partido. En alusión al hecho que el PC formaba parte del gobierno, por primera vez desde el retorno de la democracia, Guillermo Tellier dijo entonces que el PC tendría un pie en la calle y otro en el gobierno. Como socio menor de la coalición gobernante, Nueva Mayoría, el PC podía darse el lujo de seguir jugando a ser oposición mientras algunos de sus militantes ocupaban cargos secundarios en el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. Como Bachelet había presionado a los partidos de su coalición centroizquierdista a cambiar el nombre de la Concertación por el de Nueva Mayoría, el ingreso del PC al gobierno se produjo más bien por la ventana que por la puerta principal. Muchos líderes históricos de la Concertación miraban con malos ojos el ingreso a la coalición de un partido que se oponía al modelo de una economía social de mercado que había impulsado exitosamente la Concertación entre 1990 y 2010 y que, además, defendía sin pudor gobiernos autoritarios de izquierda y dictaduras con un prontuario extenso de violaciones a los derechos humanos. Pero Bachelet no parecía demasiado incómoda de rodearse de apologistas de dictaduras. Es más, la propia presidenta, en un viaje a Cuba, se apuró en salir corriendo de una actividad oficial para reunirse con el dictador Fidel Castro. Cuando Castro falleció, Bachelet lo recordó como “un líder por la dignidad y la justicia social”. El corazón de Bachelet parecía estaba más cerca del PC que de lo que históricamente había representado la Concertación.

Otros en la izquierda justificaron el ingreso del PC a la coalición con argumentos pragmáticos. Era mejor tenerlos dentro del gobierno que tenerlos fuera tratando de desestabilizar al gobierno. Aunque ese argumento pudiera parecer obsceno a los más puristas, refleja una realidad política evidente y un pragmatismo loable. Ese mismo pragmatismo llevó a la Concertación a abrazar el modelo de libre mercado cuando llegó al poder en 1990 y se dedicó a mantener lo bueno y buscar cambiar lo malo de los años de dictadura en Chile.

Pero el ingreso del PC al gobierno se produjo con la trampa de que el PC siguió con un pie en la calle y otro en La Moneda. Esto es, el PC siguió tratando de ser gobierno y ser oposición a la vez. Por eso la frase de Guillier produjo tanto resquemor. Lo que dijo hace unos días el senador Núñez vuelve a despertar las sospechas de que el PC, y buena parte de la izquierda, no entienden que ser gobierno es incompatible con ser oposición desde la calle. Peor aun, esa frase parece sugerir que una parte de la izquierda siempre ha querido usar las herramientas de la democracia para imponer un modelo autoritario de economía centralmente planificada.  

No faltan los motivos para sospechar que el PC no está solo en la promoción de esa agenda oculta de estatizar la economía. Cuando fue candidato, Boric dijo que, así como Chile había sido la cuna del neoliberalismo, también sería su tumba. Como Presidente, Boric repitió que soñaba con superar el capitalismo. Es cierto que la realidad lo ha forzado a ser más pragmático, pero cuando las convicciones de los que gobiernan siguen siendo las mismas ideas estatistas fracasadas, hay que estar siempre vigilante a lo que hace y anuncia el gobierno. 

Las referencias a tener los pies tanto en la calle como el gobierno nos recuerdan que, aunque tengan las pistolas descargadas, una buena parte de la izquierda todavía alberga el sueño de terminar con el modelo social de mercado.  Por eso, cuando desde la izquierda se anuncia que hay que seguir con dos pies en las calles y dos pies en el gobierno, no hay que tomar eso como una admisión de que la izquierda se ve a sí misma como una bestia de cuatro patas. Hay que entender que una buena parte de la izquierda todavía sueña con reconstruir el modelo fracasado de los socialismos estatales que fueron una de las peores pesadillas políticas y sociales del siglo XX.

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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