Diez de la noche. Mi hija aún no se duerme. Se da vueltas para un lado y para el otro. Quiere agua, quiere un abrazo y me cuenta del arbolito que tenía un pajarito. Ahora le dio frío, pero recién tenía calor. Estoy a punto de enojarme, pero de repente me abraza, me da un beso enorme y dice “mamita, eres la mejor mamá del mundo y te quiero tanto hasta cuando me retas”. Hasta ahí llega el casi enojo. Le sonrío mientras un calorcito amable me nace del corazón, la abrazo mientras se acurruca y nos quedamos dormidas juntas.
Hoy la maternidad se cuenta como carga: el cansancio, la carrera perdida, el cuerpo que no vuelve, la falta de libertad para hacer lo que se quiera. A eso se suma el bombardeo constante de las redes sociales, que muestran como modelo a la mujer libre sin hijos, y donde los reels más vistos y comentados son los de mujeres quejándose de lo triste, terrible, agotador y esclavizante que es ser mamá.
Sin embargo, las cifras dicen otra cosa. La General Social Survey 2022, la encuesta social más importante de EE.UU., señala que entre las mujeres de 18 a 55 años, el 40% de las madres casadas se declara “muy feliz”, contra el 22% de las solteras sin hijos. Pew Research publicó en 2013 que madres y padres califican como “muy significativo” el 62% del tiempo que pasan cuidando a sus hijos, contra solo el 36% del tiempo que pasan trabajando. ¿Y en Chile? Según Ipsos 2025, la relación con los hijos y la familia es la principal fuente de felicidad de los chilenos (43%). Y no son datos aislados. La Women’s Well-Being Survey, aplicada el año pasado a 3.000 mujeres estadounidenses, llegó a lo mismo: las madres casadas son las más felices y las que menos soledad sienten. Otro dato de la General Social Survey: el 35% de los padres que van a misa o al culto se declara “muy feliz”, contra el 27% de los que nunca o casi nunca van. Familia y fe. Justo lo que nos dijeron que teníamos que dejar atrás para ser libres.
Vamos viendo entonces: ¿es la maternidad el problema?
La misma General Social Survey 2022 muestra que las madres solas son las menos felices de todas: apenas un 17% se declara “muy feliz”. O sea, el problema no son los hijos. Es la soledad.
Lo primero que necesita una madre es un padre presente. Por algo las casadas son las más felices: hay alguien que comparte el cansancio, que juega, que también reta y también abraza. Y después, una familia alrededor. Un análisis de la Encuesta de Uso del Tiempo de EE.UU. muestra que el 44% de las personas vive sus momentos más felices con sus hijos al lado, el 37% con su pareja y apenas el 19% estando solas. Así se criaba antes: la abuela que llegaba con pan amasado, la tía que te decía “anda a acostarte, yo la tengo”, los primos corriendo por el pasaje hasta que oscurecía. Y no es cosa del pasado. En Chile, el 28% de los abuelos cuida a sus nietos de manera intensiva, según el Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo. La tribu existe, pero hay que ir a buscarla.
Esto no va a pasar de la noche a la mañana ni por arte de magia. Se necesita gente que vuelva a creer en el poder de la familia, personas que quieran acompañarse y dejen de usar la televisión o el scrolling del celular para “descansar” del día a día.
Esa noche con mi hija no va a salir en ningún reel. Tampoco va a salir que, horas después, mi marido fue el que se levantó a verla para que yo pudiera dormir de corrido y descansar. Pero eso es lo que vivimos muchísimas mamás que no salimos en redes. La alegría constante que borra todo cansancio, esa energía que renueva y empuja a buscar un mejor futuro para nuestros hijos, sangre de nuestra sangre, carne de nuestra carne. La maternidad no me quitó nada. Por el contrario, me dio esa noche y muchas otras. Si conoces a una mamá nueva, anda a verla. Llévale algo rico, tómale la guagua un rato para que duerma una siesta. Hazte parte de su tribu. Que ninguna tenga que criar sola.

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Tremendo el aporte cultural!