Esta semana visitó Chile el filólogo español Emilio del Río, académico de la Universidad Complutense de Madrid. Si para algunos puede resultar curioso que alguien se dedique a la filología, más raro aparece una de las formas que ha elegido del Río para reflexionar y difundir el conocimiento que tiene como base el pensamiento de los autores griegos y romanos: en buena medida, lo hace a través de programas de radio y podcast, donde muchas veces aparece con la vestimenta de los romanos, como puesta en escena para tratar los temas de fondo. Por cierto, también ha escrito algunos libros muy interesantes, con nombres curiosos y atractivos: Carpe Diem (lo que en estos tiempos corresponde a un libro autoayuda), Calamares a la romana y otros trabajos. En lo personal, aproveché su visita a Chile y lo entrevisté para mi programa Historia, libros y banderas, de radio Agricultura, en una conversación que se concentró principalmente en su obra Locos por los clásicos. Todo lo que debes saber sobre los grandes autores de Grecia y Roma (Espasa, 2022).
El libro menciona y explica diversos temas y obras, así como presenta explicaciones breves sobre los autores del mundo clásico. De esta forma, aparecen los historiadores Heródoto, Plutarco, Suetonio, Tito Livio y Tucídides; pensadores como Séneca, Sófocles y Marco Aurelio; el filósofo Platón; el poeta Catulo; Cicerón, político y escritor; y por cierto, el incomparable Homero. Es obvio que no están todos –ni podrían estarlo– pero es una excelente lista para comenzar. En lo personal hubiera incluido algo de Aristóteles y, quizá por razones personales, pero también intelectuales, a San Agustín de Hipona, que también fue un romano tardío y de gran formación clásica, lector de Salustio, Cicerón y de otros autores.
¿Vale la pena dedicar tiempo a estos temas? ¿Tiene sentido en medio de tantas preocupaciones prácticas que nos acosan en estos tiempos? ¿Por qué después de veinte o veinticinco siglos es preciso volver a los clásicos? ¿Qué nos pueden decir hoy los autores griegos y romanos? Sin duda, nos podemos hacer estas y otras preguntas. Me parece clave partir por una idea central: la principal tarea para comenzar está en la necesidad (o conveniencia, o ambas) de revitalizar a los clásicos, en volver a traer a la vida presente a sus autores y sus obras, las ideas que pensaron y difundieron, el mundo al que dieron vida y al inmenso legado que dejaron a los siglos posteriores. También, como enfatizan algunos, podemos aprender de sus errores y complementar aquello que ellos insinuaron, pero no llegaron a desarrollar. De esta manera, hablar de los clásicos no solo es la posibilidad de pensar en un tiempo histórico lejano que fue valioso, sino que también es analizar el presente con otros ojos y conceptos.
Podemos y debemos leer a los clásicos. Lo podemos hacer por el mero placer que significa adentrarse en ese mundo. Por lo entretenido y apasionante que son algunas de las historias narradas o las ideas que desarrollan los distintos autores. Con todo, también es posible hacerlo por el aprendizaje que podemos extraer en diversos ámbitos en que los autores griegos y romanos hablaron primero y lo hicieron con inteligencia. Lo podemos hacer porque nos interesa conocer ese pasado rico y fecundo, pero también porque nos parece que a través de esas obras puede ser posible adentrarse con más argumentos en el presente.
La presencia de los clásicos es múltiple, en la filosofía, la ciencia y el pensamiento político, en la literatura y la religión, en el derecho y la historia. En ciertos asuntos, los griegos pensaron la organización política de la sociedad, los romanos lo complementaron y le dieron un sentido práctico, histórico. Así queda de manifiesto al analizar La República de Platón y la obra homónima de Cicerón: esta última viene a ser “un complemento histórico pragmático de la tradición especulativa griega, y sobre todo platónica”, en palabras de Álvaro D’Ors. Lo mismo ocurre con el desarrollo de la ética, la comedia, el teatro, el derecho y tantas otras disciplinas en las cuales se puede abordar el pasado.
Conocer a Pericles y la democracia ateniense es un tema tan histórico como actual; lo mismo ocurre al visitar Antígona, de Sófocles. Analizar la crisis de la república romana, con sus divisiones, guerras civiles y aspiración al poder personal es una excelente de conocer un momento histórico apasionante, pero también es la oportunidad de revisitar las crisis de las democracias en el presente, con su gran continuidad y las numerosas analogías que se pueden hacer. Después de todo, esto muestra que la naturaleza humana siempre es la misma, y con ella se muestra la continuidad en ciertas ideas, en las pasiones y el espíritu de un tiempo determinado.
En muchos lugares del mundo, particularmente en universidades de alto nivel, el estudio de los clásicos es una disciplina relevante, donde viven su vocación muchas de las mentes más privilegiadas y estudiosas de la filosofía, la historia, la literatura y las lenguas. Chile también tiene su propia tradición en los estudios clásicos, de la que dan cuenta algunas instituciones de educación superior, profesores e investigadores de gran nivel, que han ido generando una tradición, desarrollan sus jornadas, han organizado colecciones de monedas y mantienen viva la llama de un conocimiento que nunca debe perecer.
La tarea no es fácil. Sería muy valioso que los estudiantes salieran del colegio con algunos conocimientos relevantes en estas materias, que hubieran leído algunos textos más representativos y que comprendieran una forma de ser y pensar. Sin embargo, es necesario también avanzar en algunas cosas previas y corregir los múltiples ripios del sistema educacional. Por cierto, no es lo único importante, pero los clásicos tienen el valor de lo permanente y la vitalidad de siglos de lecturas realizadas por gobernantes, intelectuales, sacerdotes, periodistas y tantas personas que han visto en Grecia y Roma dos lugares a los cuales mirar y en los cuales obtener inspiración.
Nuccio Ordine utiliza el concepto clásico en un sentido más amplio, en su valioso libro Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal (Acantilado, 2017). En esa obra, el intelectual italiano fallecido en 2023 sostiene: “Las grandes obras literarias o filosóficas no deberían leerse para aprobar un examen, sino ante todo por el placer que producen en sí mismas y para tratar de entendernos y de entender el mundo que nos rodea”. Respecto de la tradición y las rupturas, Ordine agrega que “Europa, olvidando sus raíces culturales, está matando progresivamente el estudio de las lenguas antiguas, la filosofía, la literatura, la música y el arte en general”. Parece penoso y resulta deprimente que así sea.
Como se ve, queda mucha tarea por hacer en todo el mundo. Los clásicos no solo deben ser un referente, sino una inspiración y la manifestación de una vida profundamente humana. Son una posibilidad de enfrentar la vida con mejores fundamentos y perspectivas más amplias. Una posibilidad de avanzar, al menos un escalón, hacia la felicidad en este mundo.

Excelente aporte estimado profesor
Excelente!