AGENCIAUNO

El título de esta columna fue también el título de la presentación de la Presidenta de la Confederación de la Producción y del Comercio en la Enade que tuvo lugar hace una semana, la que realizó con aplomo ante una nutrida audiencia empresarial, justo en momentos en que una frase apocalíptica resonaba en los mentideros de la política: “Chile se cae a pedazos” había afirmado Camila Flores, diputada de Renovación, recibiendo rápida respuesta del propio Presidente de la República, negando de plano semejante posibilidad. Lo que sí se cayó a pedazos fue la comunicación del mandatario desde Roma, mientras realizaba su presentación en la Enade, un bochorno -nada más que eso- que quedará en los anales de esa importante conferencia empresarial.

Susana Jiménez centró su presentación en la positiva evolución de las exportaciones, cuyo desempeño -al alza- muestra la notable resiliencia de un sector que avanza a pie firme en medio de las sombrías perspectivas que han venido a nublar la economía nacional y el comercio internacional desde hace una década o más. De seguir a ese ritmo -no hay señales previsibles que eso no pudiera ocurrir-, la líder gremial esbozó la posibilidad de alcanzar más temprano que tarde un nivel exportador propio de los países desarrollados. A su vez, mostró indicadores que muestran al país más cerca que lejos de alcanzar el desarrollo, aunque advirtió que la “última milla” que deberemos recorrer para llegar a la meta, no debe ser entendida literalmente -como si se tratara de una tarea de fácil despacho-, sino que como un nuevo ciclo de desarrollo pletórico de desafíos que podría tomar una o dos décadas.

La importancia del tema la resaltó el economista Manuel Marfán en una entrevista reciente, donde afirmó que «todos los países que después de la Segunda Guerra Mundial lograron dar el salto a ser economías avanzadas, todos sin excepción, tuvieron períodos largos de aumento de exportaciones reales por sobre el crecimiento del PIB».

Una mirada al futuro de esta índole escapa al tono catastrofista que suele anegar la esfera pública, que se resume bien en la frase de la diputada Flores, donde solo se avizoran negros nubarrones negros y hondos precipicios en el camino por delante. Mientras se nos decía que el país “se cae a pedazos”, Susana Jiménez informaba que las exportaciones en 2024 alcanzaron la cifra de US$103 millones de dólares, proyectándose para este año un crecimiento del 5%. Detrás de ese extraordinario volúmen -la más alta intensidad exportadora de América Latina- se encuentra el esfuerzo cotidiano de miles de empresas y proveedores, y de cientos de miles de chilenos y chilenas que responden a una marcada vocación exportadora, uno de nuestros mayores activos -sino el mayor- desde que la economía chilena se abrió el mundo hace tres décadas.

Reaccionando a la frase referida, Alberto Mayol escribió que “Chile no se cae a pedazos porque aún hay estructura bajo el polvo: un Estado que funciona, una cultura que trabaja, una sociedad que exige y un sistema moral que, aunque agotado, no se ha rendido”. Pues bien, la impecable realización de los Juegos Panamericanos en 2023, y la no menos impecable de la Copa Mundial de Fútbol Sub-20 que acaba de concluir, muestran que no estamos cerca del precipicio, sino que bien puestos en tierra firme para realizar las tareas más exigentes que demanda el desarrollo. Son ejemplos, así como el de las exportaciones, que muestran un país plenamente capaz de recorrer la “última milla” si se lo propone y si la política se lo permite.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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