Ya han pasado 10 días desde el altercado entre el Presidente José Antonio Kast y una madre con su hijo en Villarrica y ya ha habido suficientes análisis respecto a lo correcto o incorrecto de la salida de libreto del Mandatario.

Dispersada la polvareda levantada, quizás convenga hacer un análisis un poco más pausado del suceso, siendo éste sólo un síntoma de una aproximación a la realidad que hace ya algunas décadas está radicada en casi todo el espectro político, aunque con especial énfasis en la centroderecha.

Autores como Peter Berger y Thomas Luckman trataron largamente cómo se construye la realidad social en la que hombres y mujeres se desenvuelven y frente a la cual toman decisiones políticas, económicas o culturales como también decisiones personales y cotidianas.

Incluso antes, William Thomas, hace ya un siglo, introdujo el concepto de “definición de situación”, siendo una de las fuentes sociológicas de lo que poco a poco se iría constituyendo como la Teoría del Encuadre en un puñado de ciencias, entre ellas, la Comunicación.

Guste o no el dejo constructivista de estos y otros autores como Garfinkel, Heritage o Giddens, lo cierto es que hay un aspecto que, llevado a la comunicación política, resulta tremendamente útil para que un político y su equipo de asesores entiendan lo oportuno y beneficioso de ciertas acciones.

Y es que algo que suele despertar resistencia en quienes ocupan o aspiran a ocupar cargos públicos es la máxima según la cual “la realidad interpretada es la realidad social por excelencia”. Parece no gustar o incomodar algo que es gravitante para el buen desempeño público de un político, más aún cuando ha dejado de ser candidato.

Así, seguramente es auténtica la interpretación que hace el Presidente de lo sucedido en Villarrica y su explicación al día siguiente debe salir del fondo de su corazón. Debe ser genuino su interés para que los padres procuren “no exponer a los niños” a manifestaciones y su convicción de que no hubo tensión alguna, asegurando además que “no me enfrasqué en ninguna discusión”.

Sin embargo, incluso con toda la explicación y aclaración, la imagen que vieron miles de chilenos mientras regresaban a casa en el transporte público –seguramente sin audio– o lo que se transmitió por las pantallas de televisión esa misma noche, es la de un Presidente desencajado apuntando con el dedo a una madre y a su hijo, a quien le insinúa que su progenitora lo está manipulando.

Las comparaciones son odiosas, pero son parte de aquella “definición de situación” citada anteriormente. Y es que inmediatamente se viene a la cabeza a un ex Presidente Boric jugando con niños, abrazándolos y, Dios así lo quiso, él mismo cuidando a la pequeña Violeta durante su gobierno.

¿Acaso la sociedad se ha olvidado de los arrebatos de rabia de Boric con ciudadanos o con parte de su equipo, llegando incluso a ser hostil públicamente con su asesora de prensa? Sin duda que no.

Pero guste o no, téngase la evidencia que se tenga, esos arrebatos del ex Presidente quedaron cristalizados como la excepción, mientras lo sucedido en Villarrica están siendo interpretados como la regla. Y eso es peligroso para el Presidente Kast.

Es un asunto peliagudo y complejo de abordar en su totalidad en una columna de opinión, pero parece urgente que el equipo del Presidente y, en especial, el propio Mandatario, lean con claridad –y la humildad que aquello exige– la imagen que se tiene de él en la sociedad y en los grupos específicos con los cuales se interactuará en las diversas actividades.

Si la ciudadanía ve hostilidad, no es suficiente la convicción personal de que no se es hostil, ni que el círculo personal e íntimo den fe de que uno respira paz y armonía. Guste o no, el trabajo comunicacional y estratégico deben partir desde la realidad percibida por la sociedad, por injusta y equivocada que se le pueda ver. 

Se debe terminar de entender que no basta con la entrega de 100 títulos de dominio a familias mapuches o con firmar un proyecto de ley para agilizar la tramitación de títulos de dominio (que fue lo que de hecho se hizo aquel día en Villarrica). Esa realidad concreta no logra imponerse frente a un dedo inquisidor apuntando a una familia local.

La realidad concreta debe ir de la mano de la realidad interpretada.

No hay vuelta que darle.  

Doctor en Comunicación Pública. Director de la Escuela de Periodismo de la U. Finis Terrae

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2 Comments

  1. Segundo articulo hoy en este mcs, formulado por un doctor que da clases de algo, pero su articulo no es coherente con lo expuesto. Es como asistir a una charla para dejar de fumar, dado lo dañino, y el profe fume uno tras otro………….

  2. Estoy 100% de acuerdo con el columnista López-Hermida. Mil hechos buenos pueden ser destruidos por un solo exabrupto.

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