Quisiéramos hacer todo más previsible para aliviar la vida cotidiana de cada habitante de nuestro país. Somos conscientes de la cantidad de factores que influyen en ello.
Ante expectativas que no se cumplen, se generan sociedades bajo estrés, quienes al sentir lejanos los objetivos de vida y tratar de alcanzarlos, parece que lo prometido no existe. ¿Pierde sentido el viaje si caminamos a veces sin saber dónde ir ? Se genera así la frustración tan actual de “lo que pudo ser y no fue” lo que amenaza especialmente a los jóvenes.
La volatilidad es signo de nuestros tiempos. Las encuestas electorales en distintos países han sido poco acertadas en los últimos tiempos, indicando épocas de un voto cambiante.
Enfrentamos en Chile este año elecciones municipales y de gobernadores, acercándose el 2025 en donde se volverá a elegir presidente de la Republica. Las campañas electorales que reúnen a estrategas, creativos, especialistas en terreno y otros asesores para su diseño, están muchas veces enfocadas sólo en propuestas populistas que se resumen en modificar el persuadir por el de disuadir…”vota por mí porque el otro es malo”.
El voto es cada vez más inestable y más polarizado demorando la decisión del votante, tanto que muchos espera hasta el último día de las elecciones.
Existe hoy una mayor demanda para que los políticos respondan. El votante castiga con su voto. Los políticos deben hacer cada día más para satisfacer la demanda de los ciudadanos. Esto ha llevado a una crisis de representatividad afectando la gobernabilidad.
La relación gobierno/oposición se ha transformado en una acumulación de claroscuros que endiosa a la oposición y ubica en el mismísimo infierno al gobierno. Este contrapunto entre lo bueno y lo malo es poco eficaz para la democracia.
Razones hay. Las aspiraciones de la gente a lograr una vida mejor son mayores porque la calidad de vida ha bajado.
Esto ocurre particularmente en Chile después del estallido social de 2019, ya que el Estado en ese momento tuvo que cubrir las reparaciones de los enormes y violentos destrozos del llamado “octubrismo” con dinero fiscal de todos los chilenos.
Luego se suma la pandemia. El encierro puso de manifiesto la caída de ingresos y las dificultades para acceder al empleo y a un mayor bienestar. El costo del Covid en cuanto a protección de la población y de ayuda social sumado a la baja de la actividad económica, debió asimismo ser cubierto por el Estado.
Nos preguntamos si la política, particularmente la oposición, estuvo o no a la altura en esos dos momentos; me atrevo a decir que no.
No hay discurso político que no incluya la palabra diálogo, y sin embargo no hay un genuino compromiso a resolver dejando claro el cómo se hará, en cuánto tiempo y lo que se requiere.
Imposible no recordar aquella frase del ex Presidente Aylwin: “ En la medida de lo posible”.
En las últimas elecciones presidenciales una precandidata presidencial criticó esta frase con fuerza diciendo que se harían las cosas “en la medida de lo necesario”. Esto es imposible ya que las necesidades son infinitas y los recursos escasos.
Pasa lo mismo con el concepto de la deseada unidad. No vemos la cohesión necesaria en los partidos para lograr acuerdos. Esto sólo perjudica la calidad de la política y por ende la eficacia de la democracia.
Los discursos que se comprometen y no cumplen, con frases de alto impacto, como por ejemplo “vamos a ser unos perros, vamos a ser unos perros en la persecución de la delincuencia y en esto no va a haber un doble estándar”, dicho en octubre de 2022, hace 18 meses, vulnera la confianza del ciudadano.
Se debe convocar a la empatía política, ya que la comunicación política efectiva necesita mucho más que discursos prometedores y programas de gobierno que quedan en el papel.
Los votantes requieren que se les diga cómo se piensa resolver cada uno de los problemas que los aquejan y en qué plazo. Si así fuera, se generaría una empatía genuina por parte de los líderes políticos al conectar con los deseos y necesidades de los ciudadanos.
En el contexto actual, donde la polarización y la desconfianza están en aumento, la empatía se vuelve aún más crucial. Pero sola no alcanza. El líder político debe hablar con sinceridad y demostrar con acciones lo que se compromete a resolver.
Muchos apelan al discurso de la autocrítica cuando ya es extemporal, dado que los errores ya se cometieron.
Los votantes buscan líderes que no sólo articulen propuestas sólidas, sino que también muestren una comprensión real de sus preocupaciones y desafíos diarios.
Nadie duda que hacen falta inversiones, mayor empleo y crecimiento económico, lo que requiere de reglas claras y verdaderos acuerdos.
En la obra El Dictador, Charles Chaplin termina con un discurso que fue casi un llamado universal: “No queremos odiar ni despreciar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las matanzas”.

En Chile no hubo ningún estallido social, hubo un intento de golpe de estado por parte del PC y FA para derrocar por la fuerza a un gobierno democratico, incluyó uso de lumpen . También se le olvidó, espero haya sido olvidó, mencionar como.mala política, mala leche, los retiros inconstitucionales de fondos para pensiones.
Comparto absolutamente
No fue olvido
Y los impactos negativos son mayores aún
Me iba del concepto de la empatía
Saludos y gracias
Muy buen relato de la situación actual y porque llegamos a ello, expresado respetuosamente con argumentos claros e INDESMENTIBLES.
Gracias