En el plano más cercano se ve a una Jeannette Jara pletórica. Su mirada se eleva siguiendo la dirección que indica su mano izquierda, extendida en un saludo que puede ir a un seguidor en un balcón o simplemente al futuro. Está de pie ante un atril en el que descansa lo que quizás sea el discurso que se dispone a pronunciar o el que ya pronunció y todo ocurre a la sombra del monumento a Salvador Allende frente a La Moneda. La rodean enfervorecidos adherentes a su precandidatura presidencial y el ambiente -no podría ser de otra manera: se la está proclamando por primera vez en público- es de alegría y alboroto. Todos parecen felices y seguramente lo están… con una excepción: la del presidente del partido de la candidata, Lautaro Carmona, que ostensiblemente se mantiene a un costado con los brazos cruzados, como si la cosa no fuera con él y estuviese allí sólo cumpliendo un trámite que espera termine pronto.
La foto la publicó El Mercurio el pasado miércoles y no creo que el enfoque obedeciera a la intención de mostrar la relación que vincula a esas dos personas. A decir verdad, desde cualquier ángulo se habría captado la alegría y decisión de la candidata y el fastidio, casi el rechazo, del presidente de su partido.
Hace algunos años leí, narrada por él mismo, la dificultad de Octavio Paz para describir a Jorge Luis Borges el sabor de la chía, la semilla mexicana. “Es un sabor terrestre”, terminó por decirle, recurriendo a una metáfora a la que Borges reaccionó moviendo la cabeza porque la descripción era, al mismo tiempo, demasiado y demasiado poco. Paz terminaba diciendo que su consuelo fue saber que expresar lo instantáneo no es menos arduo que describir lo eterno.
Hasta no hace mucho se hablaba de una fotografía como una “instantánea” y la “instantánea” captada por el fotógrafo la semana pasada sirvió para describir, sin palabras, no la eternidad, pero sí la complejidad de la relación entre Jeannette Jara y el presidente de su partido. Quizás con su partido todo.
Como ya he comentado antes en este mismo espacio, el problema era y es que Jara no parece comunista. No va por la vida ni seria ni con cara de enojada, como los antiguos y nuevos dirigentes de su partido, aparentemente sin poder dejar de deslizar, ni siquiera en las conversaciones más triviales, alguna muestra de dolor por las injusticias del capitalismo. Tampoco parece consciente de cargar sobre sus hombros la centenaria lucha de su partido por la causa del proletariado y en contra de la burguesía implacable y cruel; más bien ha demostrado un talante negociador que no le impide ni dialogar ni llegar a acuerdos con esos mismos crueles e implacables capitalistas. Aún más, preguntada en una entrevista televisiva sobre su apreciación acerca del llamado “legado” que dejó Evelyn Matthei como ministra del Trabajo, valorado en la creación de un millón de nuevos empleos, fue capaz de contestar sin problemas que los empleos no los crean los ministros sino las empresas cuando se les ofrece un entorno adecuado. Sobre el régimen de Nicolás Maduro tampoco tuvo problemas al catalogarlo de “autoritario” y aclarar que para ella son sinónimos las expresiones “autoritarismo” y “dictadura” ¿Puede haber en el Partido Comunista alguien más alejado de Lautaro Carmona, Juan Andrés Lagos o Bárbara Figueroa que Jeannette Jara?
(En esa misma oportunidad Jara declaró que Cuba era “una democracia diferente” lo que merece un paréntesis porque, como tiburones al olor de la sangre, sus adversarios directos en la primaria, Carolina Tohá y Gonzalo Winter, se precipitaron sobre la afirmación para devorarla. Cada uno por su lado afirmó a su vez que estaban seguros de que Cuba no cumple con los estándares de una democracia… pero se cuidaron de decir que es una dictadura. Y es que con su afirmación de una “democracia diferente” Jara probablemente se ganó la simpatía de una parte no menor del “socialismo democrático”, que todavía se ve en problemas cuando tiene que definir a Cuba y casi siempre termina eludiendo el tema y seguramente de un porcentaje mayor del Frente Amplio, que tampoco se atreve a decir que Cuba es una dictadura.
Pero, volviendo al tema: si Jara es tan diferente ¿por qué razón el PC la lleva como precandidata a las primarias del oficialismo? Por una sola y lapidaria razón: porque es la mejor candidata que pudieran tener si quieren ganar esa primaria. Le sobran el carisma que le falta a Tohá y la simpatía que no tiene Winter y, a diferencia de otras comunistas que pueden tener un perfil parecido (Hassler, Vallejos, Cariola), ella proviene de una “población” lo que, como sabemos, en Chile significa mucho más que una mera referencia urbana. Y lo deja en evidencia mostrándose sencilla y quitada de formalidades: cuando le preguntaron sus sentimientos por su proclamación como precandidata contestó que le asustaba, pero “le gustaba”; y sobre su estado civil dijo que tenía “un pinche”.
Y si es tan buena candidata ¿por qué, entonces, se demoraron tanto en designarla? Por la misma razón: porque puede ganar la primaria. Y si gana la primaria va a ser la candidata presidencial del oficialismo y, como todos sabemos, nuestro país se puede permitir la excentricidad de ser el único en el mundo en el que, sin ser una dictadura comunista, el Partido Comunista es parte del gobierno; pero no es un país tan extravagante como para elegir presidenta de la República a una militante del Partido Comunista. Y eso es algo que los propios comunistas saben bien. Probablemente la peor pesadilla de Lautaro Carmona sea despertarse una mañana cual Gregor Samsa, metamorfoseado no en un bicho sino en el timonel del partido del presidente o presidenta de la República. Verse obligado a dirigir un gobierno que a su vez está obligado a “hacer cosas comunistas” porque, por algo, ellos son eso: comunistas.
No, no es eso lo que quieren porque son tan chilenos como el resto de nosotros y saben a lo que puede conducir una extravagancia llevada al extremo. Lo que Lautaro Carmona y el Partido Comunista quieren es seguir bien arropaditos en un gobierno en el cual ellos, mostrando su rostro serio, adusto y solemne de verdaderos comunistas, sean la voz de la consciencia proletaria, aunque no siempre les hagan caso. Seguir siendo ese magnífico anacronismo que son y esa espectacular excentricidad nacional que les ha permitido, hasta ahora, ser parte de un gobierno y, cada vez que pueden, meter una basa que tranquilice sus consciencias.
Pero las cosas son como son y ahora Lautaro Carmona y el PC tienen un grave problema, el que se deja ver en la fotografía que, en un instante, mostró una profundidad equivalente a lo eterno: pueden ganar una elección que no quieren ganar.

Ummmmm, no será mucho Lucho????? Tanto se nubla la razón????