El próximo domingo 16 de noviembre millones de compatriotas se dirigirán a las urnas para definir el nuevo Presidente de la República y a los miembros del Congreso Nacional. Al respecto, hay pronósticos de todo tipo: interesados o no, profesionales o intuitivos, de izquierda y de derecha, rigurosos o más superficiales. Algunos se basan en encuestas, otros en el contacto con la gente, no faltan los que confunden sus ideas con lo que efectivamente va a suceder. La mezcla de factores también está presente en los análisis.

La elección presidencial se presentaba de manera bastante predecible, pero se ha ido enredando. Había un tema que parecía claro: un candidato de la oposición, es decir de derecha, triunfaría en las elecciones presidenciales. La complicación existe en la actualidad por dos factores. Primero, porque la división de las candidaturas opositoras podría significar que el mejor ubicado obtenga en torno a 20 puntos, muy lejos de Jeannette Jara, candidata que con seguridad va a superar los 30 puntos. Esa distancia podría ser revitalizadora para las fuerzas de izquierda de cara a la segunda vuelta. Un segundo aspecto es que hasta hace poco parecía claro que José Antonio Kast pasaría a segunda vuelta –opción que, me parece, sigue siendo la más probable– pero ha emergido con fuerza y con un crecimiento sostenido la candidatura de Johannes Kaiser, quien ha hecho en general una campaña brillante y ha experimentado un crecimiento sostenido, precisamente en perjuicio de Kast. El caso de Evelyn Matthei es curioso: ha consolidado su baja, al punto de ubicarse en el cuarto lugar en muchas encuestas, tras haber estado durante muchos meses a la cabeza de todos los sondeos, con un apoyo en torno al 25%..

¿Por qué todo esto es relevante? Me parece que por dos razones. La primera es que hace uno o dos meses, Kast marcaba cerca de 30% en diversas encuestas, y aparecía en la mejor posición para pasar a segunda vuelta, cosa que ha cambiado y que podría influir claramente en la distancia entre Jara y Kast u otro hacia el balotaje. El segundo es el ascenso de Kaiser, que genera otra dificultad. Prácticamente en todos los estudios Kast (también Matthei) supera a Jara en segunda vuelta, cosa que es más difícil con Kaiser (en lo personal me parece que sigue siendo probable que el abanderado nacional libertario triunfe en esa eventualidad). En cualquier caso la situación ha cambiado. Un triunfo seguro, o casi, se ha transformado en algo más complejo, en un escenario incierto, en una elección abierta.

La democracia es muchas cosas a la vez. Por ejemplo, es una forma de resolver el problema del poder. También es una forma de canalizar las corrientes de opinión. Y es la manera de resolver la continuidad y el cambio en las grandes tendencias, la consolidación o caída de los liderazgos y la definición sobre el gobierno. Eso es precisamente lo que vivirá Chile el próximo 16 de noviembre, cuando el pueblo decidirá qué gobierno tendrá el país, aunque lo más probable es que la decisión definitiva se traslade al 14 de diciembre. Con todo, es preciso tener algo claro: con eso no basta. Es necesario que el gobierno sea también para el pueblo, no en el plano discursivo, tarea siempre más fácil en la que hacen gala los populistas de las más diversas tendencias, sino en el orden práctico, lo que siempre es más valioso y complejo, y que permite a la gente vivir mejor en términos reales.

En otras palabras, la burla que se ha hecho a tantas personas en lista de espera de salud debe cambiar hacia una atención urgente y cada vez amplia de los cientos de miles de personas que esperan una operación o los millones que esperan atención médica. Lo mismo debe ocurrir en materia de construcción de viviendas y de reducción de familias habitando campamentos, el fortalecimiento de la educación inicial y tantos otros desafíos que tiene la sociedad en el presente. Entre ellos hay dos que emergen con fuerza: la seguridad y la posibilidad –que a veces se vuelve un sueño lejano– de vivir en paz, poder transitar libremente, con calles y plazas que pertenezcan a la gente y no a los delincuentes. El otro aspecto es el progreso económico y la creación de empleo, que en la práctica se transforman en políticas sociales valiosas y realizadoras.

El tema no es meramente teórico o exclusivamente económico o de seguridad. Se trata de convicciones profundas llevadas a la práctica. Si para algo sirve la política o el sistema económico es para que la gente viva mejor. En eso no hay vuelta. Es verdad que hay otras motivaciones, como la lucha por el poder, la difusión de ciertas ideas o el enfrentamiento con otras. Sin embargo, nada de ello reemplaza a la auténtica vocación de servicio y la generosa entrega hacia quienes más lo necesitan. Y, por cierto, cosas son tan hermosas como lograr efectivamente que la gente tenga mejores condiciones de vida.

Las elecciones son el final de una etapa –la del Presidente Boric– y el comienzo de otra, con una nueva administración, que podría ser alternativa o de continuidad (Jeannette Jara). La derecha sigue siendo la principal alternativa para asumir el gobierno en marzo próximo, aunque no esté cien por ciento claro quién encabezará ese proyecto y con la posibilidad de que continúe gobernando una administración de izquierda. Si así ocurre, será conveniente hacer un análisis tan fino como necesario. Esta es una elección que la derecha, en cualquiera de sus manifestaciones, ha tenido prácticamente ganada durante todo este 2025. Creo que la izquierda no tiene posibilidades reales de triunfar en diciembre.  Pero parece claro que la derecha sí puede perder las elecciones, regalar la Presidencia de la República y mostrar, en ese caso, su propia incapacidad y falta de sentido en los momentos definitivos.

Queda una semana para la primera vuelta presidencial y poco más de un mes para la segunda. Si la derecha efectivamente quiere obtener la victoria, requiere no solo hacer las cosas bien, sino hacerlas casi a la perfección. Esto supone no solo tener aciertos, sino evitar errores. Y, sobre todo, exige terminar con las descalificaciones hacia quienes son competencia electoral, pero no adversarios doctrinales o políticos. La lógica autodestructiva que descalifica a los “extremos”, que serían equivalentes en el discurso público, podría llevar en segunda vuelta a suponer que da lo mismo votar por cualquiera de las dos alternativas, porque son igual de malas (Kast y Jara, para Matthei, Kaiser y la candidata comunista, en la posición de Matías Walker). Todo esto, que puede ser “cierto” para un ciudadano cualquiera, no lo es para las personas y partidos que han sido aliados y necesariamente deberán seguirlo siendo en el futuro, considerando el desarrollo de elecciones parlamentarias y que ningún conglomerado obtendrá por sí solo la mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados.

Llegó la semana final, quedan pocos días para las elecciones y Chile tendrá nuevo gobernante a partir del 11 de marzo. Es verdad que las elecciones a veces se ganan, pero también es cierto que pueden perderse. Esa es la disyuntiva que enfrenta hoy este país llamado a cosas grandes, pero muchas veces sumido en la mediocridad.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

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3 Comments

  1. No lo veo tan así. Triunfo claro de un candidato opositor y mayoría en ambas Cámaras

  2. Yo no lo veo tan claro. Seria un suicidio para Chile , que Jara siquiera tenga una pequeña posibilidad de llegar a la presidencia de la república. Chile no se lo perdonaría a la derecha, que lo que ven es su propia hegemonía. Y aunque no es mi candidata , si de gobernabilidad se trata Matthei , debería ser la mejor.

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