natalidad

Chile enfrenta problemas múltiples y varios de ellos son graves. Algunos están puestos en el primer lugar de la discusión pública, como la seguridad y la situación económica, quizá porque afectan ampliamente a la población y tienen más relevancia política o comunicacional. La situación es distinta respecto de otras situaciones, o incluso dramas, que vive la sociedad chilena: la falta de vivienda, las listas de espera en salud, la mala calidad de la educación y otras.

Esta semana de junio han emergido otros asuntos que nos han vuelto a una realidad que a veces escondemos o no queremos mirar. El primero es el de los niños haitianos que llegaron a Chile en unos vuelos privados, e ingresaron al país con la anuencia o pasividad de las autoridades, en un drama que tiene mucho de delictual y político, además de considerar un tema de fondo: el olvido de los niños como prioridad. El segundo es el problema de la natalidad, que resurge cada cierto tiempo en el país, y que muestra, en lo esencial, una caída importante en las tasas de natalidad y envejecimiento de la población, como muestran los cambios que se producen en la pirámide poblacional y las expectativas que llegan a considerar incluso la posibilidad de decrecimiento en el país. El primer tema no lo revisaremos en esta oportunidad (se puede mirar el comentario semanal de Tomás Mosciatti en Bio Bio, para conocer sobre el tema y sus repercusiones). Sí abordaremos el problema de la baja natalidad en Chile, que –a pesar de su ocultamiento o minusvaloración– me parece que es uno de los problemas más graves que enfrenta nuestro país desde hace varios años.

Las políticas de control de natalidad han influido ciertamente en la disminución del nacimiento de niños. Ellas se remontan a la década de 1960 cuando las autoridades chilenas y un plan de salud norteamericano llegaron a convenios precisamente para evitar el nacimiento indiscriminado de niños. La concepción estadounidense –como muestra la excelente investigación de Javier Castro, Guerra en el vientre– era que nacían muchos niños pobres se mantendrían en dicha pobreza en el continente americano y ello ayudarían al crecimiento del marxismo y los aires revolucionarios en la región. Por lo mismo, era necesario que disminuyeran esas cifras, en un problema que se desarrollaba en el contexto de la Guerra Fría. A ello se sumaron los cambios que se produjeron en la década de 1960, que incluyeron la incorporación de la píldora anticonceptiva y de otros mecanismos para prevenir el embarazo de las mujeres. Todo esto fue produciendo cambios culturales, en una década revolucionaria y con transformaciones en la familia y en las ideas (así lo muestra el reciente libro de Bernardita Walker, Familia y cambio cultural en una época de revoluciones).

El problema se prolongó en las décadas siguientes, y se puede ver una notoria disminución de la natalidad en los últimos cuarenta años, como muestran algunas cifras. En 1990 nacieron 292 mil personas en Chile, año en el que el 30% de la población tenía entre 0 y 14 años, en tanto en torno al 5,6% estaba sobre los 65 años; en 2010 la situación había cambiado claramente, y ese año nacieron 250 mil niños, la población entre 0 y 14 años disminuyó al 21,5%, y llegó al 10% entre quienes tenían más de 65 años. Finalmente, en 2025 sólo el 16,9% de la población tenía entre 0 y 14 años; sobre 65 años había crecido al 14,6%, y sólo nacieron 146 mil niños, es decir casi la mitad que al regreso de la democracia. Esto indica que en los próximos años van a nacer menos personas de las que mueren y la pirámide poblacional sufrirá una grave inversión, que podría llevar a disminuir la población en las próximas décadas.

Esta semana el gobierno del Presidente José Antonio Kast ha creado el plan Chile Renace, destinado a enfrentar el problema. Una buena noticia, aunque haya llegado tarde: seguir esperando habría sido una grave contradicción para Chile. El gobernante afirmó que “la situación es compleja y no tiene soluciones fáciles. Hay países que han invertido un porcentaje muy alto de su presupuesto y no han logrado revertir esta tendencia”. La ministra de Desarrollo Social María Jesús Wulf, quien estará a cargo del tema, reflexionó sobre los desafíos al respecto: primero, hay que “remover las barreras que hoy impiden tener hijos a quienes sí desean tenerlos; barreras económicas, de vivienda, laborales, de cuidado y de salud”, un segundo aspecto “es acompañar las condiciones que rodean la decisión de formar algún tipo de familia”.

Para ello se ha creado la Comisión Asesora Presidencial del Plan Chile Renace. María José Naudon, presidenta de la nueva instancia, declaró al respecto: “El objetivo no es volver a la tasa de reposición, ese sería un objetivo que está fuera de las capacidades que tenemos. Es bastante irreal por la experiencia que hay en el mundo. Pero sí tiene como objetivo desacelerar la caída, que ya es muy importante, y producir un alza parcial, podríamos decir, e idealmente sostenida de la tasa”. La académica agregó: “La tasa de natalidad del 0,99 cambia negativamente a 0,79 si sacamos los hijos de madres migrantes”.

El Gobierno ha declarado que va a intervenir en ocho aspectos clave, “con el fin de aliviar la carga de los hogares”. Se trata de los siguientes temas:

  1. Costo de la vida
  2. Vivienda
  3. Apoyos y cuidados
  4. Corresponsabilidad y equidad de género
  5. Conciliación laboral y familiar
  6. Salud reproductiva
  7. Formación y estabilidad de vínculos familiares
  8. Normas sociales y cultura

Las palabras del Presidente Kast y las medidas anunciadas pueden ayudar a enfrentar la situación. Sin embargo, el problema es mucho más de fondo: es de carácter antropológico y cultural. Quizá por no entender esta dimensión, en diversos países han fallado las medidas para revertir la situación de baja natalidad y de envejecimiento poblacional. La clave en relación con la baja de natalidad en Chile se refiere al cambio cultural que ha experimentado el país: esto significa en pocas palabras que muchas personas no quieren tener hijos o bien quieren tener menos hijos. Sobre esa decisión están los argumentos respectivos sobre el por qué, los respectivos proyectos de familia, por el encarecimiento de la vida y por la situación del país del planeta, entre otras cuestiones.

Hay mucha tarea por delante, y no basta la acción de un gobierno. Un cambio sustancial sólo puede provenir de una transformación mayor, de carácter cultural. Al menos hay un primer paso al respecto: poner el problema de la natalidad en el lugar que corresponde y no seguir escondiéndolo o dejándolo en un claro segundo lugar.

Académico Universidad de Tarapacá y coautor de Historia de Chile 1960-2010 (Universidad San Sebastián)

Participa en la conversación

1 Comment

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.