La semana pasada El Líbero y el Instituto Res Publica estrenaron un excelente documental sobre el golpe de Estado del 18-O. En “Revolución Rechazada”, así se titula, nos encontramos no sólo con un recuento de los hechos, sino con el testimonio de actores clave en el proceso. Varios de los relatos dan cuenta de una organización deliberada, un malestar generalizado y de la violencia desenfrenada, cóctel revolucionario que tuvo a la democracia chilena al borde del abismo.

Nos salvó esa delgada línea verde de carabineros, miles de los cuales resultaron gravemente heridos y moralmente liquidados en medio de una intoxicación mediática octubrista que promovía todo tipo de fake news y acusaciones que enlodaban su imagen. El Triángulo de las Bermudas en que la institución, tal como la conocemos, habría de desaparecer para siempre, estaba constituido por tres fuerzas muy bien coordinadas: el relato de los medios que pulverizó su legitimidad en la población, los incansables ataques de la primera línea y el llamado de los políticos que hoy nos gobiernan a su refundación.

Sin embargo, a pesar de la revolución octubrista -que, siguiendo el consejo de Fernando Atria, pasó “volando bajo el radar del derecho”-, Carabineros de Chile resistió. Sólo la pandemia pondría fin a su calvario.

Los sabios de todos los tiempos han invitado a la juventud a leer historia para aprender de los errores del pasado y no cometerlos en el futuro. En ese sentido el documental constituye un aporte invaluable. A mi juicio el momento más importante para el Chile que viene lo vemos cuando, habiendo logrado con éxito transportarnos a los oscuros meses del perro matapaco, el documental cita el libro de Jorge Selume, Tiempos mejores. Las páginas elegidas exponen una conversación entre el Presidente Sebastián Piñera y el general Ricardo Martínez, quienes discuten sobre la posibilidad de declarar estado de sitio, lo que hubiese trasladado el resguardo del orden público a manos de miembros de las FF.AA. Según el relato de Selume, el general habría protegido a sus hombres bajo el argumento de que el respaldo del Mandatario no sería suficiente para la intervención militar en las calles.

Invocando lo sucedido con los viejos militares del 73, el comandante en jefe del Ejército habría dicho algo así como «usted sabe, señor Presidente, héroes por un día y presos para toda la vida«. Si el relato es verdadero o falso no es realmente relevante porque todos sabemos que ese es un pensamiento generalizado entre los miembros de las FF.AA. por un motivo muy simple: si a cualquiera de nosotros le hubiese tocado esa suerte, pensaría exactamente lo mismo. La pregunta para los tiempos por venir es si hemos aprendido algo de ese fenómeno que a nivel popular se denomina “el pago de Chile”, haciendo referencia a la costumbre de abandonar, según los tiempos e intereses, a quienes asumen el desafío de enfrentar y poner freno a los que buscan destruir el país e imponer el totalitarismo. En 1973 el objetivo era la importación del régimen castrista y en 2019, del chavista o socialismo del siglo XXI.

Lamentablemente, cuando vemos cómo sigue avanzando la revolución, aunque por ahora en el marco institucional, sólo nos queda responder con una negativa triste, categórica y desesperante; no hemos aprendido nada. Y es que además de seguir operando el antiguo sistema procesal penal, considerado atentatorio contra los derechos humanos en los juicios a los viejos militares, muchos al borde de la muerte, ahora se persigue a los carabineros que evitaron el triunfo de las fuerzas octubristas.

Son cientos los querellados, incluyendo a los exgenerales directores de dicha institución, Mario Rozas y Ricardo Yáñez. Y siempre son los mismos oscuros personajes, archiconocidos por su sesgo ideológico, quienes avanzan con un desparpajo insólito en la creación de las condiciones que aseguren el éxito de un futuro golpe de Estado. ¿O es que alguien en su sano juicio espera que carabineros tenga una especie de mesianismo ultraterreno que lo impulse a defender la democracia y al gobierno en la próxima asonada para terminar tras las rejas, vapuleados, lejos de sus familias y olvidados por sus compatriotas? ¿Quién podría estar tan ciego como para, viendo, no darse cuenta de que ese es el plan?

Max Colodro se pregunta, en los últimos minutos del documental, si la izquierda que sólo respeta la democracia cuando está en el poder, no volverá a sus andanzas revolucionarias en caso de que los votantes elijan un gobierno de otro signo. Creo que la respuesta es de prístina claridad: basta ver la persecución de carabineros y militares, las indicaciones woke a las Reglas del Uso de la Fuerza que hacen imposible la defensa del país, el espaldarazo a la inmigración ilegal y el inmovilismo del gobierno en los temas de seguridad para saber qué plato se prepara en la cocina política de la izquierda antidemocrática.  

PhD en Filosofía y en Ciencia Política

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