Una de las ideas más repetidas por la oposición para oponerse a la reducción del impuesto corporativo y a la reintegración propuestas por el gobierno es que se trataría de un “regalo” a las empresas y, de paso, “un regalo al 1% más rico”.

Pero ¿cómo una reducción de impuesto podría ser un regalo, cuando la exacción de la que son objeto las empresas en Chile, cuya proporción sobre las utilidades es la más elevada de la OCDE, se debe entender como un aporte forzoso al erario nacional de quienes emprenden, invierten y gestionan exitosamente sus negocios en el país? ¿Acaso las reducciones del impuesto corporativo que varios países desarrollados implementaron en los últimos años fueron concebidas como “regalos” a las empresas, o en cambio, como iniciativas para dinamizar sus economías?

Se dice que el lenguaje crea realidades. En este caso se trata de un ingenio que es profundamente dañino: que el gobierno se habría propuesto entregarle un regalo a quienes tienen más en desmedro de quienes tienen menos. Nada podría más regresivo que esto.

Por cierto, no se le puede regalar a una persona lo que es suyo. ¿O será que los que proclaman la idea del “regalo” creen que el resultado de un emprendimiento o negocio pertenece al Estado, y que sería éste el que libera una parte de las utilidades para el emprendedor o empresario? Sólo si así fuere, esto es que el resultado de su esfuerzo no le pertenece al emprendedor o empresario, se podría concebir una rebaja de impuesto como un regalo del Estado a los más ricos. Pero, como es obvio, semejante concepción es incompatible con una economía de libre mercado donde los espíritus animales tiran el carro de la economía, impelidos por el retorno que produce su esfuerzo emprendedor.

Se podrá discutir si acaso una reducción de impuestos a las empresas dinamizaría la estancada economía chilena o no -de hacerlo tendría efectos positivos sobre el empleo y la recaudación del fisco. Se podrá discutir si es pertinente recuperar la competitividad tributaria de cara a la inversión extranjera que el país perdió cuando fue el único que elevó el impuesto corporativo mientras otros lo reducían. Ese impuesto en Chile es más del doble del que se cobra en Irlanda, uno de los países más desarrollados del mundo. Se podrá discutir también si acaso es el momento de avanzar hacia una justicia tributaria, esto es, hacia un trato equitativo y proporcional a los contribuyentes. Se podrá discutir, debe hacerse, cómo se compensa la reducción de la recaudación fiscal que se derivarían de esas medidas.

Pero una cosa muy distinta es atribuirle a las iniciativas del gobierno el objetivo abiertamente regresivo de hacerle un regalo a los más ricos. Es una deshonestidad intelectual que le hace daño a la necesaria discusión que debe darse sobre materias como esta, que son de alta complejidad técnica y cuyo trámite legislativo es de los más arduos que es dable imaginar en cualquier país del mundo.

Como escribió Francisco Covarrubias en su columna del fin de semana “lo que no se puede es seguir con las caricaturas”. Esta del regalo es de las peores que la oposición ha enarbolado desde que asumió esa condición el 11 de marzo pasado y no augura nada bueno respecto a su quehacer en los años que vienen.

Ingeniero civil y exministro de Transportes y Telecomunicaciones

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3 Comments

  1. Lamentablemente Claudio, el sector que lideró el retorno de la democracia junto a los mejores años de Chile extravió el rumbo, ahogados en forma increíble por los 3 partidos que yo conozco han hecho un profundo daño a Chile, llámense socialistas, comunistas y FA ….

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