¿Será capaz Kast de detener el péndulo, es decir, que Chile deje de saltar desde un gobierno de una cierta postura extrema para ir hacia otra opuesta? ¿Será capaz de lograr un equilibrio de visiones, bajar la conflictividad ambiente y dar estabilidad al país en torno a cierto mínimo de políticas compartidas?

Muchas personas se preguntan si la elección de Kast cierra un ciclo de la política nacional y abre una nueva era (por ej. Brito, El Mercurio). No faltan condiciones para pensarlo, pero… ¿Irá a ser así? Consideremos que hace sólo cuatro años, otros muchos pensaron lo mismo y no ocurrió. Observando más atrás en la historia nacional, un buen número de gobiernos se iniciaron con esa perspectiva y no les resultó. ¿Será distinto esta vez? ¿Por qué? ¿Qué precedentes históricos tendremos para intentar responder esta pregunta? La Concertación abrió una nueva era de estabilidad de veinte años entre 1990 y 2010, ¿podrá hacer algo semejante Kast con la coalición que intenta construir?

No pretendo suponer que la estabilidad en sí misma sea siempre beneficiosa. Si así fuera, Cuba y Venezuela serían países envidiables. Pero probablemente convengamos que una estabilidad relativa tiene beneficios y parece que son bastantes los chilenos que la añoran, junto con un buen gobierno. ¿Será Kast capaz de proveerlos? La estabilidad relativa a la que me refiero puede lograrse consiguiendo que un Presidente entregue el mando a una persona de su mismo partido o sector político al cabo de sus cuatro años. Pero las dos cosas no son sinónimos, aunque están relacionadas.

Estimo que abrir una nueva era política, o una sucesión de gobiernos afines o no contrapuestos, depende de cinco variables principales: 1) De la inclusión; de ampliar (y evitar que se reduzca) la gama de partidos políticos, parlamentarios y porcentaje de la opinión pública que apoya al gobierno. 2) De la capacidad de persuasión; manteniendo a la mayoría de la población confiando en la capacidad del gobierno de gobernar bien, en que sus ideas son las correctas y que alcanzará lo propone. 3) De sus resultados; de cumplir las promesas que se hicieron para llegar al gobierno, pero sin dejarse atrapar por ellas. 4) También de ser flexible para captar los cambios en las prioridades o expectativas de la sociedad, los cambios de condiciones materiales externas e internas y ser capaz adaptarse y cambiar para responder a ellas. Y 5) De tener o conseguir un sucesor apropiado para continuar las tareas de quienes pretenden mantener una nueva era.

Recordemos experiencias recientes y más lejanas en esta materia para tenerlas presente. El primer gobierno Demócrata Cristiano de Frei Montalva en 1964 ganó con 56% de los votos, obtuvo mayoría en el Parlamento, y se presumió que abría una nueva era de 20 años de gobiernos DC. Pero duró sólo un período. Había ganado, como Kast, con altas votaciones en comunas populares de grandes ciudades (la Promoción Popular) y en comunas campesinas (hoy diríamos en regiones del centro sur). ¿Qué le pasó principalmente? No mantuvo la coalición política que lo llevó al poder, sino que buscó gobernar sólo con su partido. No pudo evitar, además, la fuga de militantes propios que dieron origen al MAPU. Y finalmente, los resultados concretos para la gente no lo acompañaron, especialmente la promesa de terminar con la alta inflación. El gobierno de Allende se quedó en los puros discursos grandilocuentes de que abría una nueva era, pero tuvo un casi nulo cuidado de los cinco factores señalados aquí como determinantes para continuar.

La Concertación, en cambio, cuidó escrupulosamente cumplir esas cinco condiciones, aún cuando no se propuso principalmente ni declaró que se proponía iniciar una nueva era. Resultó como consecuencia de ese cuidado; indirectamente, “de soslayo”. En lo de mantener la coalición, tuve la experiencia personal de ver cómo Aylwin y Boeninger la cuidaron. También la de ejecutar esa política, equilibrando la competencia técnica de los nuevos funcionarios nombrados con su pertenencia a los partidos. Sin predominio de un aspecto sobre el otro. La motivación por gobernar bien fue muy importante. También la de cumplir lo prometido, en materia de democratización y de crecimiento con mejor distribución. Y fue afortunada la Concertación de tener dos líderes naturales para la sucesión presidencial: Frei Ruiz Tagle y Lagos. A ellos se les cuidó y se les dio los espacios que necesitaron.

El gobierno de Boric y el Frente Amplio y su coalición hicieron lo contrario y allí tenemos los frutos que cosecharon: una flor de un día. Creyeron estar iniciando una nueva era y no consideraron algunos factores o condiciones claves que tienden a hacer eso posible. Sólo se concentró en mantener su coalición de partidos unidos y cuidar el apoyo de su 30% de base en las encuestas. A menudo fue a costa de medidas rechazadas por una mayoría de la población. Sobre resultados y promesas cumplidas hay poco que decir. Pero lo más grave que sepultó las expectativas de continuación de Boric, fue su incapacidad de adaptarse a los cambios de las prioridades de la mayoría de la población. Las anteojeras que impone toda ideología (como gustaba recordar Humberto Maturana), les impidió ver la importancia que los ciudadanos empezaron a dar a sentirse más seguros en la calle, a frenar la violencia en todas sus formas, controlar la inmigración y lograr un crecimiento alto y sostenido. En esto no hicieron lo suficiente, y fue tarde.

Kast haría bien en tener presente lo planteado aquí porque en el mundo actual de redes sociales y cambios tan veloces será clave la apertura y capacidad de adaptación. Y no olvidar que lo prioritario es presidir un buen gobierno, ya que experimentó personalmente que la mala evaluación pública del de Boric fue clave para que él ganara.

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1 Comment

  1. Perfecto, muy buen análisis. Los 20 años de estabilidad los dio la Concertacion, no solo un hombre, y tuvo méritos una oposición decente. La responsabilidad no será solo del Pdte Kast, será de la Coalición. En cuanto a una oposición decente….. ummmm, complejo de evaluar hoy….

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