Lo sucedido esta última semana en la Cámara de Diputados para aprobar la acusación constitucional contra el Presidente es una clara demostración de la falta de ética y de la total indolencia de quienes montaron el show en que devino esa votación, frente al daño causado a la institucionalidad.
Cuando la confianza ciudadana en las instituciones políticas está en el suelo, la izquierda parlamentaria se dio el gustito de montar un acto de piratería discursiva, destinada a contar con los dos votos que le faltaban, para aprobar una acusación constitucional sin sentido, deteriorando aún más la institucionalidad y la fe pública en la política.
Naranjo es el diputado que negó enfáticamente haber contratado a su esposa, pero después tuvo que reconocerlo, por lo que no es de extrañar su filibusterismo. Y Sabag, demostrando un claro abuso de poder, se saltó los protocolos sanitarios, no esperó el resultado del PCR realizado esa tarde, y sin importarle si estaba o no con Covid, partió al Congreso y se escabulló por una puerta lateral, para no enfrentar a la Seremía que lo esperaba.
No tienen vergüenza; no les importa menoscabar la dignidad del cargo que sustentan; no tienen el menor empacho en seguir desprestigiando al Congreso, como no lo han tenido para violar la Constitución que prometieron respetar no solo una vez, sino ya cuatro veces. Tampoco les importa desestabilizar el país con una acusación constitucional que no tiene fundamento jurídico alguno. No, no les importa, porque lo único que les interesa en este momento es intentar cosechar votos, para poder seguir usufructuando de sus privilegiadas posiciones de poder.
Y aún no se apagaban las voces de este indigno episodio, cuando El Líbero publicó una rigurosa investigación periodística sobre una acusación de acoso contra Gabriel Boric, que validaron dos candidatas a diputadas del FA y que desapareció de las redes. Ese hecho habría ocurrido en 2012 cuando Boric era Presidente de la FECH, pero recién este año se hizo público en redes sociales cuando alguien, sin el consentimiento de la víctima, publicó lo que ella había escrito en su cuenta de Instagram denunciando a Boric, que decía: “Es un cerdo que me acosaba cuando trabajé con él”.
Después de varias horas de publicado el reportaje, Boric manifestó en un tweet “no haber realizado” lo que se señala en la publicación del Líbero. Pero lo desmiente Emilia Schneider, ex Presidenta de la FECH en 2019 y actual candidata a diputada por Comunes, quien dijo que los hechos “son verdaderos. Nadie ha dicho lo contrario”.
Boric también declaró “soy siempre autocrítico respecto a comentarios y actitudes machistas que haya tenido en el pasado y estoy en permanente revisión de mi conducta para ajustarla a los principios que defendemos”. Sus palabras, en lugar de ser exculpatorias, genera más interrogantes, pues se supone que un adulto debiera tener claro con qué valores y actitudes enfrenta la vida. Y si alguien a los 35 años tiene que estar evaluando constantemente su conducta para ajustarla a los principios que dice defender, se podría inferir que se está frente a una persona con conductas erráticas habituales, que le requieren una permanente revisión, tal como lo hace Boric.
Políticamente, Boric y el FA enfrentan un serio problema. Las denuncias al interior de lo que es hoy Convergencia Social se hicieron en 2012 y 2016, pero no fueron investigadas. Boric, su programa y su modelo de desarrollo para el país se declaran feministas, al igual que el FA. ¿Es creíble su discurso, cuando fue acusado en duros términos de acosador, aunque el vuelva a negarlo?, Y el FA, ¿por qué no investigó?
El Líbero tiene el mérito de haber publicado lo que otros medios callaron, y está por verse si tendrá o no consecuencias en la elección. Quizás lo sucedido en la semana provoque un terremoto político insospechado. ¿Pasará Boric a segunda vuelta? En siete días más lo sabremos.
