Los peligros de la gobernanza global y del Nuevo Orden Mundial (NOM) no han sido adecuadamente analizados. Profundizar en su comprensión y hacerse cargo de las consecuencias que comporta para la vida humana exige acudir a la tradición y al pasado, sin los cuales no podemos entender el presente.
Urge preguntar específicamente por la Agenda 2030, punta de lanza del NOM, que, en línea con la ONU y las políticas migratorias apoyadas por los gobiernos progresistas, propone facilitar “la migración y la movilidad ordenadas, seguras, regulares y responsables de las personas, incluso mediante la aplicación de políticas migratorias planificadas y bien gestionadas”. Este proyecto de “promoción migratoria” se encuentra en el desglose del ODS 10 que lleva por título “Reducir la desigualdad en los países y entre ellos”. En otras palabras, la nueva izquierda considera la inmigración masiva como un medio de “igualación” entre los países.
¿Se ha entendido el mundo que los ingenieros sociales progresistas quieren construir? Ellos están forzando situaciones de crisis para cortar el vínculo de pertenencia de millones de personas a un referente mayor, a una comunidad-nación. Y es que sólo ella es capaz de asegurar derechos cuyo origen es la pertenencia a dicha comunidad y no el ser un miembro de la especie humana desnudo de toda otra particularidad. El punto es que esa abstracta desnudez no sirve como referente para la realización de los derechos humanos porque el cambio de paradigma desde el teocentrismo al antropocentrismo implicó una transformación en el modo como pensamos y concebimos al ser humano. El hombre dejó de ser criatura, imagen y semejanza de Dios perdiendo su carácter sagrado. En términos de Arendt:
«La concepción de los derechos humanos, basada en la supuesta existencia de un ser humano como tal, se quebró en el momento en que quienes afirmaban creer en ella se enfrentaron por vez primera con personas que habían perdido todas las demás cualidades y relaciones específicas -excepto las que seguían siendo humanas. El mundo no halló nada sagrado en la abstracta desnudez del ser humano». (Los Orígenes del Totalitarismo)
El que la mera pertenencia a la especie no haya servido jamás a la protección de sus miembros bajo la fórmula de los derechos humanos inalienables se verifica en el horror característico de las dos guerras mundiales, los campos de concentración y los regímenes totalitarios. Así, en un contexto nihilista como el actual, en el que el desprecio de sí mismo, la vida, el prójimo y el mundo han llegado al paroxismo, resulta absurdo creer que los derechos nacionales puedan ser reemplazados por una “ciudadanía mundial” (ODS 4) sin que se esté poniendo en riesgo la vida de cientos de millones de personas.
En Chile vimos el intento por destruir el país con el proyecto de nueva Constitución de la primera Convención y el concepto de plurinacionalidad que se avanzaba en el segundo proyecto bajo la fórmula de los derechos colectivos de los pueblos indígenas. Ante el rechazo del 4 de septiembre las palabras del Presidente Gabriel Boric, siguen siendo clave para comprender el fenómeno político que subyace al NOM: “Nosotros somos la vanguardia”. Boric es también presidente del ODS 4 que trata de la educación en ideología de género, vida sostenible y ciudadanía mundial. En clave globalista, los políticos, de izquierda a derecha que se han puesto la camiseta de la Agenda 2030 saben cuál es el plan y sólo luchan entre ellos para decidir quién lo ejecuta.
El silencio de la casta política ante la implementación de un plan nunca consultado a los ciudadanos y que termina con la soberanía de los estados-nación demuestra que el principio de representación democrática se ha adelgazado a niveles que ponen en riesgo la subsistencia de nuestra civilización cristiana occidental. Esto sólo significa que lo que los antiguos marxistas no lograron en la Guerra Fría lo están consiguiendo ahora con una nueva generación bien entrenada en Gramsci, deconstrucción, desnacionalización e ideología de género.
Ellos saben que sus objetivos de dominación total y global sólo podrán llevarse a cabo cuando desvinculen radicalmente al ser humano de su nación y seamos todos migrantes bajo el modelo de control social chino. Si logran imponernos el NOM, los otrora ciudadanos viviremos en estado de superfluidad, que es peor que estar desarraigado, pues, en palabras de Arendt, mientras el desarraigo “significa no tener en el mundo un lugar reconocido y garantizado por los demás; ser superfluo significa no pertenecer en absoluto al mundo” (Los Orígenes del Totalitarismo).
Esta es la razón que explica el conflicto palestino-israelí y la decisión de cada una de las partes de llegar hasta las últimas consecuencias en su lucha por la existencia de sus estados-nación. Y es que, siguiendo con Arendt, la pérdida de los derechos nacionales ha entrañado, en todos los casos de la historia humana, la pérdida de los derechos humanos y, su restauración, “como lo prueba el caso de Israel, sólo ha sido lograda hasta ahora a través de la restauración o del establecimiento de los derechos nacionales”. Aún estamos a tiempo, es hora de decir lo que se silencia y oponernos a las élites globalistas que están destruyendo el tejido social y la soberanía de los países en Occidente. Chile es una más de las víctimas de sus ambiciones de dominación total.

Tema muy relevante para la actual oposición y cualquier futuro gobierno.