Gracias por el favor concedido, debe haber expresado el Presidente después que la acusación constitucional contra el Ministro Ávila fracasara, pues no sólo le significó un triunfo al Gobierno, permitiéndole un respiro entre medio de la tormenta perfecta en que están metidos, sino que, además, sin proponérselo dividió a la oposición, lo que provocó resquemores, recriminaciones y alguno hablaron de quiebre, todo lo cual es muy negativo.
La reflexión que surge de este innecesario episodio es por qué, pudiéndose hacer las cosas bien, se hacen mal. Cabe preguntarnos si hubo quienes cambiaron de postura habiendo estado previamente por el apruebo; si averiguaron o no si estaban los votos para aprobarla y se presentó igual sin saberlo, o si los argumentos para su aprobación tenían sustento legal suficiente para votarla a favor y, por cierto, si hubo acuerdo entre los partidos de oposición sobre quién o quiénes serían los voceros autorizados para opinar en los medios sobre este tema, o si ni siquiera se preocuparon de hacerlo.
Por el resultado de la votación y el fracaso de la acusación constitucional, da la impresión, lamentablemente, de que no fue el rigor lo que imperó en la oposición, porque si así hubiera sido ¿cómo fue posible que la diputada Cordero le diera la llave del triunfo al Gobierno con sus desatinados y poco criteriosos comentarios sobre el Ministro Ávila en radio Conquistador, permitiéndoles calificar que el motivo de la acusación era por homofobia?
Pero lo más negativo de este episodio, es que el Ministro Ávila salió fortalecido, cuando en realidad su gestión ministerial es deficiente e ineficaz y debería ser removido por los graves problemas sin solución de nuestra educación pública, que compromete el futuro del país, pues son los niños los más afectados. Es inaceptable seguir con un Simce retrocediendo 15 años, con 7 de cada 10 niños de quinto básico que no entienden lo que leen y de segundo básico que no saben leer, siendo esto la punta del iceberg.
Cuando se necesita más que nunca una oposición unida, bien afiatada, con las ideas claras y realizando con celo profesional la función fiscalizadora del Gobierno en medio de la grave crisis de los Convenios, se dan el lujo de auto infligirse una derrota que desvía su atención de lo importante; de lo relevante que es hoy investigar a fondo el real alcance de lo que se ha montado, pues día a día aparecen nuevos casos.
El jueves pasado les tocó el turno a dos fundaciones de la región del Bio Bío, informando la Fiscalía Regional que se iniciaron dos investigaciones de oficio por supuestas irregularidades en el traspaso de fondos por parte del Gobierno Regional a las fundaciones En Ti, asociada a la excandidata a alcaldesa y a diputada, Camila Polizzi, por asignación directa de $250MM y otra por $379 MM a Horizonte Ciudadano, de la ex Presidenta Michelle Bachelet.
La gravedad de estas asignaciones irregulares que se están conociendo a gotario y que ya suman miles de millones -sin saberse aún el real alcance- son una vergüenza nacional, porque representan un abuso expropiatorio a todos los contribuyentes que regularmente pagamos impuestos de todo tipo para que el Estado pueda funcionar y asistir a los más necesitados, y en lugar de que eso ocurra, se están desviando los recursos a dudosas fundaciones de miembros oficialistas con fines poco claros, que pueden ir desde el enriquecimiento personal hasta activismo político en favor del proyecto ideológico del gobierno.
Y es justamente por las razones antes expuestas que darse gustitos como el de la acusación constitucional por parte de la oposición es inaceptable, pues arriesga no sólo la unidad sino su proyección futura para formar Gobierno; altera el clima de opinión pública, debilita su acción fiscalizadora al tener que preocuparse del control de daños y eso es exactamente lo que Chile no necesita hoy, pues todo eso le da aire al gobierno para retomar el control de la agenda e intentar salir de la embarazosa crisis en que están metidos por las platas mal habidas, lo cual sería muy negativo para el país, pues podría ocurrir que una vez más la impunidad se imponga.
