No es lo mismo que gobierno de emergencia, que alude a las prioridades que la ciudadanía y el Presidente electo han definido para este período presidencial, sino refiere a la forma en que el gobierno y el poder Ejecutivo en general gestionan las situaciones de emergencia que cada cierto tiempo asolan a nuestro país.
Al Presidente Gabriel Boric le han tocado dos durante su mandato, que, sin ser de gran magnitud ni completamente imprevistas (no comparables con el terremoto y maremoto del 27-F del año 2010), desgraciadamente tuvieron un alto costo en vidas y población damnificada. Se trata de los incendios en Valparaíso, Viña del Mar y Quilpué el verano del 2024 que provocaron 137 fallecidos, 14.000 viviendas destruidas y 40.000 personas desplazadas de sus hogares; y los de Biobío y Ñuble en enero de 2026, afectando especialmente a Penco, Lirquén, Tomé, Florida y Bulnes, con un balance preliminar de 21 personas fallecidas, cerca de 3.000 viviendas destruidas y 21.000 damnificados.
En estas situaciones de emergencia ha actuado una nueva institucionalidad: el Senapred (Servicio Nacional de Prevención de Desastres) reemplazó a la antigua Onemi. Conaf, por su parte, estrenó también una nueva institucionalidad. La interacción entre los organismos técnicos a cargo de la emergencia y las autoridades políticas de gobierno no ha sido buena, para ser generosos. Desgraciadamente, a nivel de autoridades políticas ha actuado una institucionalidad bicéfala conformada por los delegados presidenciales y los gobernadores electos. Como se advirtió en su oportunidad al crearse esta institucionalidad, fuera de duplicar los cargos para políticos, no se ven las ventajas de esta gobernanza a nivel regional. Los delegados presidenciales a menudo tienen ya una contienda de competencia con las autoridades nacionales sectoriales, principalmente ministros. Es bastante patética la puesta en escena de conferencias de prensa con uno o dos voceros y una segunda fila de autoridades de menor rango cuya función principal parece ser asentir moviendo la cabeza verticalmente, como esas figuras de perritos que se ponen en el interior de los automóviles en la parte posterior y con su cabeza basculante saludan al vehículo que viene detrás.
A esta indefinición de roles de las autoridades políticas de gobierno se suma la inacción de las autoridades técnicas, al menos en lo que a opinión pública se refiere. Lo ideal es que, en situaciones de emergencia, en que se requiere experticia y mucha calma, sea las autoridades técnicas las que lleven la voz cantante en lo que a comunicaciones con la población e instrucciones se refiere. Así sucedía con la antigua Onemi, con la lamentable excepción del 27-F en que la insistencia en tener a la Presidenta Bachelet en ese rol fue fatal.
No sabemos si el bajo perfil de los organismos técnicos en estas últimas dos emergencias se debe a instrucciones del gobierno que pretenden dar protagonismo a las autoridades políticas, pero si esa era la idea el tiro salió por la culata porque sólo demostraron, con honrosas excepciones como el ministro Elizalde en la última emergencia, la ineptitud de los políticos de este gobierno. La ausencia del ministro de la Vivienda Carlos Montes en Biobío y Ñuble fue inexplicable, tal como lo fue en Viña del Mar el año 2024, donde lo insólito fue la presencia de la ministra coordinadora delegada, Camila Vallejo, cuya función duró un mes según nos enteramos tiempo después.
Parece urgente potenciar las instituciones técnicas, entregarles verdadero liderazgo en estas situaciones. La actuación criminal de personal de Conaf en los incendios del 2024 debe aclararse y tomas medidas para mejorar el reclutamiento, la dilación en el uso del combate nocturno a incendios en la última catástrofe merece una explicación a la ciudadanía.
En definitiva, en estas situaciones en que se necesita un gobierno en acción, se ha reflejado toda la impostura de la administración de Boric, que pretende obtener los beneficios de la exposición pública que brindan estas tragedias y eludir al mismo tiempo las responsabilidades, el esfuerzo hasta los límites, la presencia 24/7 (aún no se aclara por qué el Presidente Boric posteó en su cuenta X su decisión de declarar estado de excepción en la madrugada y sin embargo el acto administrativo no se materializó hasta horas después. Más que nunca antes, en estas tragedias hemos visto un gobierno con horario de oficina, especialmente en las primeras horas del desastre, que son las que muchas veces permiten salvar vidas con decisiones acertadas y oportunas. Las autoridades políticas aparecen dubitativas, usan términos ininteligibles para la población, como Cogrid o SAE, en lugar de dejar a los organismos técnicos esa función y fallan en su tarea que es coordinar las ayudas de reparticiones estatales llamadas a participar en la ayuda al combate de la emergencia.
Al final, parece que en lo que concierne a gobernanza de la emergencia, necesitamos también al gobierno de emergencia.
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Simpatica y graciosa la comparacion con los perritos que mueven la cabeza en parabrisa trasero de automoviles….😇😇😇😇😇😇😇
Excelente!