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… y la continua y prolongada postergación de nuestros sueños, producida por un estancamiento del que somos culpables los políticos y no los argentinos, nos obligan a gobernar diferente. Todos hemos sido culpables de gobernar con tapones en los oídos, todos, nosotros también”. (Esteban Bullrich)

La carta denominada “Compromiso Democrático”, suscrita por un centenar de ex autoridades de los gobiernos de la ex Concertación, es un sincero llamado a los dos candidatos presidenciales para proteger nuestra democracia y sus instituciones, en caso de resultar electos. Aunque se erijan como representantes de los demócratas de nuestro país, debo confesar que me pareció razonable y oportuna. Se trata de ocho compromisos que, a juicio de sus autores, constituyen un “primer paso cierto en el camino de la paz social, la convivencia cívica y la vigencia de la democracia como la norma que fundamenta y estructura nuestra sociedad”. Teóricamente sus destinatarios eran Boric y Kast. ¿Será tan así? Veamos.

Para algunos, esta carta representó una suerte de revival involuntario del “Estatuto de Garantías Democráticas”, aquella reforma constitucional impulsada y aprobada como condición previa del PDC para apoyar la designación de Salvador Allende como presidente a fines del gobierno de Eduardo Frei Montalva. Difícil olvidar el destino que tuvo este Estatuto durante el gobierno de la Unidad Popular. Firmado por una necesidad táctica, como confesaría el propio Allende, el incumplimiento reiterado del pacto fue su principal legado. La UP simplemente quebrantó la institucionalidad para llevar a cabo la construcción de su proyecto socialista. El resto es historia conocida. El fantasma ronda.

A diferencia del Estatuto, que permitió la elección de Allende, en esta ocasión la carta en cuestión no persigue tal cometido. No hace un llamado a votar o apoyar a ninguno de los dos candidatos. Simplemente se les exigen (o “demandan”, según expresa el texto) a ambos por igual unos compromisos básicos, como si uno u otro fueran a poner en peligro nuestra democracia. ¿Pueden exigir o demandar el cumplimiento de compromisos mínimos, quienes no votan o votan nulo o en blanco? Pienso que no. Demandar y votar van de la mano. No tienen derecho a reclamar el cumplimiento de tales compromisos quienes no apoyan explícitamente a un candidato en particular. De eso se trata la democracia. Uno vota y exige. A pesar de compartir estos compromisos, pienso que los autores de la carta parecen haber olvidado este elemento tan básico. “Si no votas, no tienes derecho a quejarte», dice un antiguo refrán.

Pero no nos confundamos. Revisados uno a uno los ocho compromisos, no me cabe duda que el riesgo de que algunos de ellos no se cumpla en un próximo gobierno recae más bien en el candidato del Frente Amplio y del Partido Comunista, que en el candidato de la centroderecha. A diferencia de Boric, Kast ha apoyado y perseguido, durante toda su trayectoria como servidor público, en forma clara y consecuente, el cumplimiento de todos estos compromisos democráticos. Y es esa consecuencia con los valores y principios de nuestra democracia e institucionalidad, lo que nos lleva a muchos chilenos demócratas de centro y centroderecha a apoyar a Kast, sin complejos ni vergüenza. Desgraciadamente no puede decirse lo mismo de Boric. Sólo como diputado ha infringido varios de estos compromisos institucionales. Por ello, esta carta tiene nombre y apellido: Boric.

Más allá de estos compromisos y de su consecuencia, hay algunas razones más para apoyar a Kast: su experiencia, credibilidad, confianza e integridad. Se podrán tener diferencias o matices con su programa de gobierno, pero sus cualidades personales lo convierten en una persona capacitada para asumir la primera magistratura. Aún así, su capacidad de gobernar estará fuertemente condicionada por el nivel de diálogo constructivo de la oposición. En esta última también recaerá el futuro de nuestra democracia. De ser tan obstruccionista como con el actual gobierno, la oposición arriesga a convertirse en la verdadera responsable del debilitamiento de nuestra institucionalidad. De ahí que el llamado a respetar ciertos compromisos básicos, debiera extenderse igualmente a toda la clase política y no sólo a ambos candidatos. Son los políticos y no los chilenos, quienes tienen al país sumido en esta crisis.

Apoyar a Kast no es entregar un cheque en blanco. Resultando electo, seré el primero en demandarle el cumplimiento de estos ocho compromisos con la democracia y la institucionalidad en caso de apartarse de ellos. Tampoco me temblará la pluma para reclamarle si falla o traiciona sus demás atributos. Pero para llegar a todo eso, primero debemos elegirlo este próximo domingo. Atrévete y vota Kast.

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