24 de Agosto de 2021 / IQUIQUE Un mayor grupo de extranjeros arribó al improvisado campamento que por lago tiempo se mantiene en la Plaza Brasil, lugar céntrico de la ciudad, que complica a diversas personas que residen en el sector. FOTO: CRISTIAN VIVERO BOORNES/AGENCIAUNO

Los recientes incidentes que ocurrieron con migrantes en la ciudad de Iquique han desatado múltiples pasiones entre los chilenos. Para algunos la violencia registrada se justificaría como consecuencia de una invasión de migrantes, quienes, ingresando al país al margen de toda legalidad, buscan en Chile un refugio para escapar de sus países. Para otros, en cambio, la violencia suscitada en el norte es el resultado de políticas migratorias que no contemplan suficientemente el factor humanitario. En suma, mientras los primeros ponen el acento en una estricta regulación de ingreso, los segundos privilegian una mirada humanitaria para quienes lo hacen en forma clandestina. La última encuesta de Cadem confirma que un 69% de los chilenos pide más restricciones para el ingreso de extranjeros y un 67% rechaza las manifestaciones ocurridas en el norte.

La necesidad de una regulación estricta de la migración no es un fenómeno exclusivo de países latinoamericanos. Sabido es que tanto Australia como Canadá -que frecuentemente son citados en nuestro país como modelos de sociedades pluralistas e integradoras- aplican rigurosas políticas migratorias y sus gobiernos no son cuestionados por este motivo. Al contrario, tener fronteras ordenadas es un motivo de orgullo para esos países, cuya legitimidad democrática nadie puede desconocer.

Entonces, ¿qué es lo que impulsa este creciente movimiento de rechazo al ingreso de migrantes ilegales en nuestro país? Indudablemente es el factor político -y no necesariamente  humanitario- el que prima en esta discusión. Estamos en plena campaña electoral y este tipo de discursos genera alta rentabilidad para los candidatos. También han contribuido a esta efervescencia migratoria los pasos en falso que ha cometido el gobierno y a su incapacidad de organización y respuesta frente a esta masiva ola migratoria. La ambigüedad de los criterios judiciales de nuestros tribunales, relativos a la expulsión de los migrantes ilegales, tampoco han contribuido a la solución del problema.

Para quienes postulan una dura política migratoria, su discurso empieza lentamente a adquirir ciertos tonos de nacionalismo. Se empieza a oler en el ambiente un tufillo a discurso nacionalista, poniendo énfasis en una suerte de falsa superioridad moral en contra de quienes pueden implicar algún grado de amenaza a la identidad nacional. En el campo migratorio ello es particularmente delicado y sensible. Es un terreno fértil para que los nacionalistas comiencen a ver enemigos por todas partes. ¿Le suena conocido? Charles de Gaulle afirmaba que “patriotismo es cuando el amor por tu propio pueblo es lo primero; nacionalismo, cuando el odio por los demás es lo primero”.

¿Son estos migrantes una amenaza a los valores y tradiciones patrias de los chilenos? Ciertamente no lo son. Usualmente, los migrantes terminan adaptándose a la cultura local y adquiriendo por adopción los mismos valores y tradiciones que nacen en esta bendita y generosa tierra. Lo digo por experiencia propia. Hasta el día de hoy profeso un enorme respeto y admiración por las culturas norteamericanas y británicas, sin que ello haya jamás puesto en duda mi amor por Chile. Mientras viví en Estados Unidos e Inglaterra, me adapté y desenvolví como un ciudadano más.

Entonces, no confundamos patriotismo con nacionalismo. Barack Obama decía, con justa razón: “Para mí el patriotismo es más que fidelidad a un lugar en el mapa. Es el respeto a unos valores, a una forma de pensar”. El fenómeno migratorio es complejo y requiere una mirada múltiple. Simplificar la discusión a un tema de control fronterizo o humanitario es un error. Fomentarlo durante una campaña electoral, es un descriterio. No acogerlos provisoriamente o darles asistencia, es un acto desalmado. Pero más grave aún, renunciar a una regulación ordenada, es un acto de irresponsabilidad.

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