No estaba muerto, estaba esperando a Bachelet
La renuncia a la tercera postulación presidencial de Michelle Bachelet parecía a primera vista una noticia negativa para el oficialismo porque pierde su opción más perfilada. Al dilucidarse la principal incógnita en el oficialismo, la adaptación a la nueva realidad se produjo de manera rápida.
Durante la primera semana a contar de su renuncia al ministerio, Carolina Tohá triplicó su apoyo medido en una encuesta, lo que se parece bastante a haber recogido parte importante del apoyo a Bachelet y por primera vez sobrepasa los dos dígitos en las menciones, lo que algunos analistas de derecha habían puesto como condición para tener una opción real.
Dedicarse a esperar a Bachelet no fue una ocupación, fue una ausencia injustificada de movimiento porque lo que falta no es una pieza del puzzle, es el puzzle mismo.
No se entra a una campaña presidencial conociendo el desenlace, pero es posible anticipar lo que suceda por los logros que se quieren alcanzar.
La centroizquierda necesita elegir un liderazgo que la encabece, pero no es la única tarea primordial. Se tiene que establecer una nueva institucionalidad de coalición, se debe elaborar un programa al que se le pueda dar cumplimiento efectivo y se debe adoptar una estrategia política dirigida a convocar a una mayoría durante la campaña y alcanzar acuerdos nacionales con posterioridad.
Esta mesa se sostiene sobre cuatro patas: abanderado, coalición, programa y estrategia. Descartada Bachelet por su propia voluntad y entrando Tohá en competencia tras su salida de Interior, en los próximos días se terminará por saber quiénes están dispuestos a competir por la Presidencia. Lo que se necesita es avanzar en las otras materias en las que queda mucho que innovar. La mera continuidad solo es del gusto de los conformistas.
Todo recién nacido necesita un nombre
Hoy existen partidos oficialistas, pero no existe una coalición. Tal carencia ha sido clave para limitar la iniciativa política del Ejecutivo. Una nueva institucionalidad que entregue respaldo a la siguiente administración se hace necesario.
La centroizquierda enfrentó la transición política con un liderazgo experimentado y fue respaldada por la Concertación, una coalición muy sólida. Bachelet en su segundo período aportó una impronta más de izquierda y fue acompañada de principio a fin por la Nueva Mayoría, que duró lo que duró su gobierno.
En la administración de Gabriel Boric no se ha tenido un conglomerado que alcanzara a tener nombre. En todo el período se ha debatido sobre la fórmula que pudiera ensamblar sus distintos componentes sin que nada en definitiva se resolviera. Este es un gobierno más de intentos que de resultados en este ámbito.
Se llegó con dos vertientes que convergieron al término de la campaña, se sobrepusieron una a la otra al principio, pasando después de un predominio del Frente Amplio a otro del PS, sin que nada nuevo en común hubiera surgido.
En cuanto a los partidos, lo que interesa es saber si están en condiciones de dar sustento a un gobierno y de aportar a un fortalecimiento orgánico del sector.
Aisén Etcheverry, la vocera subrogante, señaló hace poco que “existen muchísimas posibilidades de que tengamos un gobierno de continuidad”. En los propósitos eso es seguro, pero en cuanto a la implementación, difícilmente pueda ser esta una propuesta para ganar. Nunca se ha triunfado ofreciendo repetirse, ningún candidato de centroizquierda se ha presentado así y solo se entendería si se tuviera un respaldo mayoritario que mantener, lo que no es el caso.
Importará mucho la diferencia específica que proponga la candidatura. Interesa más la definición de lo que quiera para el futuro que atarse a compartir la misma evaluación que se tenga de este gobierno, que es lo mismo que querer perder.
Quedan muchas decisiones que tomar y equipos humanos por establecer. La centroizquierda ha de dejar de ser solo un punto de nuestra geografía política y pasar a ser un centro de coordinación activa, aglutinada en torno a definiciones programáticas cuyo destino sea verse concretadas. Nadie puede reemplazar a los partidos en esta tarea y nada sistemático se ha iniciado al respecto.
Hasta hoy es difícil pensar que los partidos hayan ido superando sus problemas. Ahora no pueden delegar las tareas que les son propias. No tienen excusas y ya no tienen nada que esperar. No pueden mantener un comportamiento deficiente y competir con éxito en la elección presidencial.
Si no se tiene la mayoría, hay que ir a buscarla
Cuando la derecha tiene candidata, coalición, estrategia y avanza en su programa, la centroizquierda no puede apostar al posicionamiento inicial de sus postulantes como el factor principal a ser considerado, porque ninguno supera a la oposición en un inicio. Su camino ha de ser otro muy distinto.
Los posicionamientos iniciales son un dato, lo que importa es saber si una campaña electoral será capaz de modificar el escenario con el que se parte. La buena noticia es que se está a tiempo de modificar tendencias.
Las encuestas señalan posiciones actuales, pero no aseguran buenos desempeños. Es más, los sondeos pueden ser malinterpretados porque lo que nos muestran es la evaluación de cómo los diversos líderes se han desempeñado con anterioridad. Señalan un punto de partida, ni más ni menos.
En el pasado hemos conocido demasiadas sorpresas como para esperar que todo siga igual que como se inicia. En las dos ocasiones anteriores los liderazgos presidenciales de derecha se han desgastado, teniendo que reemplazar a su carta presidencial durante la misma campaña. Eso sucedió porque no supieron adaptarse en la competencia a condiciones que fueron cambiando con una celeridad asombrosa en pocos meses. Hasta ahora no parecen haber encontrado el antídoto.
La magia viene del trabajo bien hecho, no de dejarlo todo en manos de un líder al que se le pide en la partida más de lo que puede dar y que solo un colectivo de nuevo cuño puede entregar. Dotarnos de programa, coalición y estrategia resulta ser una responsabilidad compartida.
El camino seguido hasta ahora no es el mejor. Muchos dirigentes creen que su deber principal consiste en matricularse en la precandidatura de su preferencia, pero no entregan ningún aporte en aquello que está en sus manos construir unidos.
Es un error dejarse guiar por las encuestas, que son un síntoma de la situación que se produce cuando no se ha realizado un trabajo ordenado y completo. A lo que hay que apostar es a realizar un esfuerzo tan sistemático y bien dirigido que las encuestas terminen por detectarlo. Los sondeos son lo último a considerar, lo más importante es la buena política por realizar en conjunto.
