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Hace algunos meses, Francisco Pérez Mackenna advertía en La Tercera, en su columna “Ojo con el mercado laboral”, que cualquier reforma de alto impacto —hablaba entonces de pensiones— corre el riesgo de introducir nuevas complejidades a un mercado laboral que ya arrastra problemas serios. La advertencia es más vigente de lo que parece, y vale la pena extenderla: en Chile discutimos impuestos, permisos, royalties y reformas previsionales, pero rara vez ponemos el empleo en el centro del análisis. Como decía la célebre frase de campaña de Clinton, “es la economía, estúpido”. En nuestro caso, habría que decir: es el empleo.

La evidencia internacional es contundente y poco citada en el debate local. La Kauffman Foundation, usando datos del censo económico de Estados Unidos, mostró que el crecimiento neto de empleo en esa economía proviene casi exclusivamente de empresas nuevas (de menos de un año). Las empresas ya establecidas, en la mayoría de los años estudiados, son destructoras netas de empleo: es decir, crean y destruyen puestos a tasas similares, cancelándose mutuamente. No es que las startups sean intrínsecamente superiores; es que, por definición, aún no han tenido tiempo de despedir a nadie. El punto de fondo, sin embargo, se mantiene: sin renovación empresarial constante, una economía deja de crear empleo neto.

¿Qué dice esto de Chile? Las mipymes representan el 98,5% de las empresas del país y generan cerca de la mitad del empleo total, según cifras del SII y del Banco Central. Es exactamente el segmento donde se concentra la fricción regulatoria, el costo de financiamiento y la informalidad. Mientras discutimos si subir o bajar el salario mínimo, o cómo repartir mejor lo que ya existe, seguimos sin resolver el problema anterior: cómo generar más empresas nuevas y ayudar a que las jóvenes sobrevivan y crezcan.

El desempleo llegó a 9,4% en el trimestre abril-junio, su nivel más alto desde 2021 y completó 42 meses consecutivos sobre el 8%, y la respuesta de política pública sigue enfocada en la distribución del empleo existente más que en su creación. Es una lógica de suma cero. Cada punto de burocracia adicional para constituir una empresa, cada mes de atraso en el pago a proveedores, cada barrera de acceso a financiamiento para una pyme sin historial crediticio es una startup que no nace o que muere antes de convertirse en la firma joven que en cinco años emplea a treinta personas.

La buena noticia es que el diagnóstico apunta a políticas concretas y no ideológicas: simplificar la constitución de empresas y los permisos para operar, digitalizar el crédito para pymes sin colateral tradicional, pagar a tiempo, y medir el éxito público no por el gasto ejecutado, sino por cuántas empresas nuevas sobreviven su primer año y cuánto empleo neto generan. Pérez Mackenna tenía razón al poner ojo en el mercado laboral. El siguiente paso es poner el ojo, con la misma insistencia, en quién lo crea.

PD: Y que Corfo licite el salar de Atacama en lugar de asignárselo directamente a Codelco y SQM con un menor valor estimado en USD$5.200 millones por Quiroz & Asociados, los que podrían haber ido a financiar cientos de miles de nuevos emprendimientos, para generar el millón de empleos que tanta falta le hacen a Chile.

Emprendedor. Fundador de Cumplo y presidente de ASECH

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