Se preguntará el lector a qué me refiero al usar la palabra “ambigüedad” en este caso, sobre una parte del sistema de salud nacional. El diccionario de la RAE la define como «dicho que puede admitir distintas interpretaciones y dar, por consiguiente, motivo a dudas, incertidumbre o confusión. Dicho de una persona que con sus palabras o comportamiento no define claramente sus actitudes u opiniones. Incierto, dudoso». Podría hablar también de “ambivalencia”: “Estado de ánimo en que coexisten dos emociones o sentimientos opuestos, como amor y odio”.
Estimo que esto es lo que observamos de nuevo en Boric y su gobierno con las Isapres, que puede tener muy malas consecuencias para él y miles de chilenos. Parece un patrón de comportamiento general, que en otros casos como el litio no es tan grave porque son oportunidades que se pierden, pero aquí hay una construcción existente que se puede derrumbar.
Considero además que es lo que le hizo a Boric perder rotundamente su segunda elección clave el reciente 7 de mayo y estar estancado como gobierno. Me refiero a que se comporta de una manera sistemáticamente contradictoria que hace que la gente no le crea.
Cada vez parece creerle menos y más convencidamente. Dice Boric que le preocupa la seguridad ciudadana, pero envía confusos y débiles proyectos de ley para combatirla. Cuando la mayoría de parlamentarios opositores presentan un proyecto más drástico, el Gobierno se opone. Igual en otras materias. Declara algo y luego hace lo contrario. Así gana el partido de Kast con más del 35% de los votos. La ambigüedad (o podrían usarse palabras o juicios más duros) se expresa más ampliamente en la respuesta no explícita a la pregunta de si gobierna para llevar a cabo lo máximo posible su (mal) Programa del 2021 o para resolver los problemas que le importan a la mayoría de la población hoy, 2023.
Hace dos meses atrás, en otra columna aquí, a propósito del dictamen con la enorme deuda que la Corte Suprema estableció para las Isapres, sostuve que resolver el problema implicaba que Boric debía optar entre cumplir su programa de Gobierno (que plantea terminar con las Isapres) o declarar que podrán continuar en condiciones que permitan pagar lo adeudado a los afiliados. Sólo en este caso tendrían plazo para pagar. Pero el programa dice: “Generaremos un fondo universal de salud (FUS) que actuará como un administrador único de los recursos.(…) Con ello terminaremos con el negocio de las Isapres las cuales se transformarán en seguros complementarios voluntarios”. (Programa de Apruebo Dignidad, pag 117). Por eso Boric debe optar y terminar su ambigüedad. ¿Cómo van a decidir pagar las Isapres si están sentenciadas a desaparecer?
Pues bien, a pesar de eso, de la contundente nueva derrota electoral y de los discursos con llamados a no cometer los mismos errores, el Gobierno envió la semana pasada al Parlamento un Proyecto de Ley de Isapres que, como está, significa insistir en lo planteado en el programa original. Implica el casi seguro cierre de casi todas ellas hacia el fin de este año y el inicio de un pleito internacional grave para Chile en el Ciadi del Banco Mundial por decenas de millones de dólares.
Más todavía; Boric y su gobierno hacen eso enmarcado en declaraciones voluntaristas, como las de la Ministra de Salud de que “las Isapres van a seguir existiendo”, basado en que “se van a poder abrir nuevas Isapres” ¡Sic! ¿Porque el proyecto de ley no las prohibirá explícitamente? (ver www.elmercurio.cl , 14-5-23). En esa entrevista, la amable y querible ministra habla igual que Boric; como si lo que va a ocurrir en este complejo sistema y red interrelacionada de pagos entre asalariados, Isapres y Fonasa, pacientes, médicos, hospitales, etc. dependiera de las “intenciones de ella” y no de lo que establecen las leyes y lo que deciden los agentes sociales y económicos ante ellas. Típico comportamiento frenteamplista. Dice por ejemplo, “el objetivo de este proyecto no es hacer una reforma de la salud”, pero este proyecto la hace, y radicalmente.
Todo este lamentable tratamiento de una materia tan importante como la atención de salud que tenga y tendrá cada ciudadano (para éste mucho más cercano personalmente que la reforma constitucional o tributaria), es lo que también puede haber generado la desafección con el gobierno de Boric incluso entre los jóvenes que recién habían votado por él. Genera desconfianza, porque dice una cosa y hace otra. Sería mucho mejor que dijera derechamente que quiere terminar con el sistema de Isapres y presentarle a los ciudadanos un proyecto concreto para hacerlo. Así lo hizo con la nacionalización del cobre el Presidente Allende, a quien Boric admira tanto. Allende no aprovechó una resolución de la Corte Suprema para nacionalizar. Porque, como dije, eso es lo que va a ocurrir en Chile si el proyecto del gobierno se aprueba tal cual. Cuatro de las seis mayores Isapres del país pertenecen a empresas extranjeras. Las cuatro atienden 56% de los tres millones de personas cubiertas por las Isapres.
Veamos los datos exactos. El organismo público encargado de fiscalizar a las Isapres (la Superintendencia de Salud) ha estimado que las Isapres deben devolver a los afiliados 1.458 millones de dólares por cobros en exceso en el pasado. No todas lo deben hacer, pero sí la gran mayoría. Sería imposible pagar de una sola vez, porque las Isapres no tienen esos fondos invertidos como los tenían las AFPs. Ellas reciben un ingreso cada mes por el 7% obligatorio de descuento por salud de los empleados afiliados a ellas, y con eso pagan la parte que cubren del gasto en salud de los afiliados en consultas médicas, laboratorios y operaciones quirúrgicas en las clínicas en que se atienden sus afiliados, de acuerdo al Plan de Salud de cada uno. De la diferencia entre esos ingresos y gastos tendría que salir el dinero para hacerle la devolución a los afiliados que piden la Corte Suprema y el Gobierno. ¿Les alcanzará? Supongamos que se propusiera devolver lo cobrado en exceso en 10 años; en ese caso las Isapres deberán pagarle a los afiliados 145,8 millones de dólares al año. Si se les diera 20 años de plazo, sin considerar intereses por atrasos o demora en devolver, tendrían que desembolsar 73 millones por año. ¿Podrían pagar eso?
Sí, contestan en forma implícita aunque ambigua las autoridades de gobierno. No responden exactamente eso, pero suponen que lo podrían pagar con las utilidades que obtienen u obtendrán. Además agregan, que les prohibirán distribuir utilidades a sus accionistas mientras no paguen esta deuda establecida por la Corte Suprema, porque así lo establece su proyecto de ley.
Esa es la propuesta (“la intención” de nuevo); pero veamos los hechos, las cifras. ¿Tendrán más de U$73 millones de utilidades este año para empezar a pagar esta deuda en largas 20 cuotas? Probablemente no, porque están con pérdidas y no utilidades (hasta casi 3 millones a marzo). Pero entonces que paguen con las utilidades del año pasado, dirán algunos. Tampoco; tuvieron pérdidas por U$172 millones. Con las del 2021 entonces… tampoco, pérdidas por U$186 millones. “¡Entonces que paguen con su patrimonio, es decir vendiendo todo lo que tengan!”, dirán otros. Tampoco alcanza; al año 2020 el Patrimonio de las Isapres era como 540 millones de dólares según la Superintendencia de Salud. Si a ese patrimonio le restamos las pérdidas por U$358 millones (172+186) del 2021 y 22, entonces les quedan como U$180 millones el 2023. Podrían pagar sólo 2 de las 20 cuotas y después cerrar porque se les acabó el capital.
El juego con la ambigüedad, falta de franqueza, equilibrios entre aspiraciones del programa y compromiso para que no se le vayan partidos aliados le ha costado muy caro ya a Boric y al país. Probablemente le costará más en el futuro si no toma la decisión correcta de declarar suspendido lo planteado en su programa original. La verdad clara importa porque la confianza importa.
Me acongoja escribir esta columna. Aprecio a muchas buenas personas en el actual gobierno, incluyendo al Presidente y su Ministra de Salud. Pero Boric gobierna como el piloto de un avión que navega hoy con el informe meteorológico de octubre del 2019. No quiere aceptar el informe del 2023 que le han entregado los pasajeros. ¿Qué irá a pasar en este vuelo al que le faltan tres años? ¿Cómo ayudar a Boric a transformarse en uno de los grandes estadistas que Chile necesita con urgencia?
