No fue un 17 de septiembre más. No fue el regreso de una estatua cualquiera. Fue, la muestra de que en Chile ganó la democracia. Hace casi un siglo, en 1928, fue promulgada la ley que autorizó la construcción del monumento a Manuel Baquedano y que homenajeaba la participación de este general invicto en la Guerra del Pacífico.
Ese último conflicto bélico tiene muchas significancias para el país. Representó el triunfo de una nación liderada por héroes que con cada día que pasa siguen construyendo identidad nacional. Pero, hoy, a esa gesta emprendida se suma un elemento más y que también ha sido parte de la historia: En Chile, la revolución violenta no conduce a nada pues, sus ciudadanos resuelven sus diferencias en las urnas.
La revolución marxista se transformó en la vía pacífica al socialismo chileno, echando por tierra la teoría soviética que planteaba que sólo por la fuerza se podía hacer la revolución; un gobierno militar emprendió una reforma económica innovadora y entregó el poder siguiendo lo que los chilenos expresaron en el plebiscito; el octubrismo, como le llaman algunos, no se solucionó reprimiendo las protestas, se superó luego de dos ensayos constitucionales que los chilenos rechazaron, también, votando.
Chile ha destacado en la región: ejemplo de disciplina institucional, de crecimiento, e incluso de seguridad. Pero, la verdad es que es mucho más que eso. Ubicado en una región donde históricamente han alternado gobiernos militares, dictaduras, guerras civiles, izquierdas, derechas… Chile aparece como ese país donde la estabilidad democrática es la excepción que confirma la regla.
Por eso el regreso del General Baquedano a Plaza Italia es tan importante porque, reúne la historia pasada y presente de un pueblo que gracias a su resiliencia se levanta de los momentos más difíciles que, sin olvidar el pasado, busca construir un mejor futuro y, así, ese general invicto nos recordará cada día que ganó la democracia.
Esto no significa que sea un país perfecto. Hay mucho por mejorar y sin duda nuestros líderes trabajan cada día para que eso suceda, pero, más allá de las distintas urgencias que existen hoy, este 17 de septiembre el General Baquedano se transformó en una prueba de que, si la revolución violenta no es imposible, al menos, para quienes lo intenten no será fácil.
No son los políticos los que juzgan los hechos, son los ciudadanos quienes, con una intachable conducta democrática van a las urnas para expresar su opinión. Nos llaman jaguares de Sudamérica no por un milagro económico de fines del siglo pasado sino que por una estabilidad democrática fuera de lo común en una región llena de luces y sombras.
En una conversación con el exvicepresidente de Colombia para su podcast, analizábamos el caso de Ronald Ojeda y él decía que le “encantaría” poder hablar de su Fiscalía como lo estábamos haciendo del Ministerio Público chileno. No es que el nuestro sea infalible, pero desde Colombia ver el avance de un caso como ese y las investigaciones contra fiscales y policías involucrados en delitos es muestra de Chile aparece como una luz de esperanza para quienes ven avanzar la corrupción en sus países.
Por esto y más, el General Baquedano une pasado y presente para escribir un nuevo capítulo de nuestra identidad nacional.
