Detrás de la acusación de la derechita cobarde, que a menudo hacen líderes del Partido Republicano, subyace la presencia de ese virus frenteamplista que hace creer a los políticos que poseen superioridad moral respecto a los políticos de partidos más tradicionales. Aunque no lo hayan formalizado, muchos en el Partido Republicano de José Antonio Kast, el Partido Nacional Libertario de Johanes Kaiser y el Partido Social Cristiano—la nueva derecha para algunos y la derecha radical para otros—fervientemente creen que ellos llegaron al poder con una nueva forma de hacer política. Si esa derecha no corrige rumbo y no aprende de los tropiezos que experimentó el Frente Amplio cuando llegó al poder, los costos para el gobierno serán altos. Lo que es peor, los costos para el país serán todavía mayores.
En agosto de 2022, a los pocos meses de iniciado el gobierno de Gabriel Boric, el ministro de la Presidencia, Giorgio Jackson, y uno de los principales líderes del Frente Amplio, realizó controvertidas declaraciones en una entrevista con un conocido streamer en la plataforma Twitch. Hablando a nombre de su generación política y del Frente Amplio en particular, Jackson dijo que “nuestra escala de valores y principios en torno a la política no solo dista del gobierno anterior, sino que creo que frente a una generación que nos antecedió, que podía estar identificada con el mismo rango de espectro político, como la centroizquierda y la izquierda”. Como suele ocurrir con aquellos que creen que su llegada al poder representa un antes y un después, Jackson también dijo “estamos abordando los temas con menos eufemismo y con más franqueza”. Como guinda de la torta de superioridad moral que Jackson se sirvió en esa entrevista, el entonces ministro señaló: “Tenemos infinitamente menos conflictos de interés que otros que trenzaban entre la política y el dinero”.
La historia pronto cambió cuando se hicieron públicas una serie de escándalos de financiamiento irregular de la política en la coalición de gobierno. El propio Jackson debió renunciar al Ministerio de Desarrollo Social en agosto de 2023.
En estos días, varios representantes electos del Partido Republicano han hecho declaraciones contra la derechita cobarde que replican la lógica de la superioridad moral de la presunta derecha valiente que ellos representan. Al criticar el accionar de la derecha tradicional, en particular respecto a su decisión de apoyar el proceso constituyente, estos representantes de la nueva derecha no hacen una crítica política, sino una condena moral. Aquellos que desde el primer día nos opusimos al proceso constituyente, advirtiendo los riesgos que este proceso implicaba y las oportunidades para que los radicales refundacionales se apoderaran del poder, tempranamente entendimos que la derecha tradicional cometía un error político al apoyar el proceso. Pero cometer un error político no es lo mismo que ser cobarde. Tampoco es evidencia de que los que no cometieron ese error tengan superioridad moral. Los líderes del Partido Republicano que se atribuyen, tácitamente, superioridad moral por haberse opuesto al proceso constituyente cometen el mismo torpe error de la izquierda radical que se forjó criticando la democracia de los acuerdos que permitió al país hacer una exitosa transición a la democracia en la década de los 90.
Afortunadamente para el país, el primer proceso constituyente fracasó. Chile estuvo al borde del precipicio, pero los chilenos sabiamente decidieron rechazar la propuesta de nueva constitución de la Convención Constitucional. Lo que muchos olvidan es que el segundo proceso también fracasó. Esta vez, no fue la derechita cobarde la culpable, sino la derecha radical que hoy es gobierno. La obstinación de la derecha más dura del país que intentó imponer su voluntad en vez de aprovechar la inmejorable ocasión que le daba la ciudadanía para construir un gran acuerdo que produjera una Constitución nacida en democracia y apoyada por una mayoría del país. Porque el Partido Republicano y sus aliados quisieron llevarse la constitución para la casa, Chile tuvo un innecesario segundo fracaso en el proceso constituyente. La supuesta derechita valiente desperdició una inmejorable oportunidad para liderar la redacción de un texto constitucional que representara a las amplias mayorías del país. La derecha radical cargará con esa mancha de torpeza política y terquedad persistente que desperdició una gran oportunidad para cerrar bien el proceso constituyente.
Hoy, esa misma derecha radical se dedica a denunciar y acusar a la derecha tradicional y moderada que llama al diálogo y busca generar espacios de entendimiento con la oposición. La superioridad moral que subyace a esa actitud representa una amenaza tanto para el gobierno como para el país. Cada vez que los que gobiernan se creen poseedores de atributos superiores, aumenta el riesgo de que adopten actitudes mesiánicas. Chile necesita un gobierno de leyes e instituciones, no de políticos que se crean moralmente superiores. El virus de la superioridad moral frenteamplista amenaza la salud de la coalición de gobierno de derecha y el bienestar de la república.

Muy claro y cierto según mi entendimiento y creencia …. Me faltaba algo para clasificar el comportamiento y actitudes de algunas personas de la derecha al lado derecho de CHV porque no quería insultar, pero el equipararlos al FA los deja tal cual son ….