A los 22 años salí de Ingeniería Comercial a hacer clases en dos colegios. Lunes y miércoles iba a un colegio público, altamente vulnerable, en Puente Alto. Martes y jueves a un colegio privado, de élite, en Las Condes. Un día en uno, al día siguiente en el otro. En Las Condes veía a los niños florecer cada semana. En Puente Alto veía el mismo potencial estancarse. Y yo era el mismo profesor en ambos.

Si el talento está igualmente distribuido en la población, no hay nada que justifique lo que yo veía en cada colegio. Está bien que a algunos estudiantes les vaya mejor que a otros. No está bien que eso lo determine el lugar donde nacieron. Lo más desgarrador es pensar en un niño con talento, que se esfuerza y con una familia que lo apoya, y que aun así no tenga las condiciones ni las oportunidades para un futuro mejor.

El rol del Estado debería ser identificar ese talento repartido por todo el país y ponerlo en ambientes capaces de desafiarlo. Y por talento no me refiero solo al académico: me refiero también, y especialmente, al técnico. Cada nivel de desempeño necesita estrategias distintas para avanzar. Y hay estudiantes que, por sus características o condiciones, requieren un apoyo todavía más especializado.

En Chile, la educación particular subvencionada ayudó mucho a alcanzar el acceso universal, pero segregó por ingresos y no por resultados. La Ley de Inclusión, al prohibir la selección por desempeño, dejó a los colegios sin poder agrupar por nivel de aprendizaje. Hoy los profesores enfrentan cursos de cuarenta alumnos o más, cada uno con talentos, disposición al esfuerzo y necesidades a veces diametralmente distintas. Y encima los hacemos responsables exclusivos de los resultados.

Y no es que no diferenciemos. Lo hacemos. El problema es que lo hacemos tarde y lo hacemos mal. Al final de cuarto medio se rinde la PAES y con ese puntaje los estudiantes son seleccionados entre carreras académicas o técnicas. En tercero medio pueden optar entre la modalidad científico-humanista y 35 especialidades técnico-profesionales, pero eligen a ciegas y con lo que haya cerca. Así, la formación técnica termina concentrando desproporcionadamente a los estudiantes de menores ingresos.

Los sistemas educativos de alto desempeño tienen esto claro. Miden resultados individuales en edades clave, los entregan a las familias y los usan para tomar decisiones. Construyen colegios grandes, con alta capacidad de especialización, distribuidos estratégicamente en el territorio. Los profesores enseñan a grupos más homogéneos y los estudiantes reciben una educación con el ritmo, la profundidad y la extensión que necesitan.

Diferenciar por resultados no es lo mismo que excluir. Se puede tener colegios con clases de distinto nivel en matemáticas y lenguaje, y otras donde todos compartan, como educación física. Colegios más grandes permiten más salas, especialización en artes y deportes, y mejores centros de apoyo para estudiantes con necesidades educativas especiales.

Cuando hablamos de mérito en educación, hablamos de diferenciar por resultados de aprendizaje. Y solemos enfocarnos demasiado en los que les va mejor, para darles el ambiente donde puedan florecer. Porque se esfuerzan, porque se lo merecen y porque el país los necesita. Pero diferenciar no es solo para ellos. Es para todos. Cuando un alumno recibe una educación ajustada a él, y no a un estándar externo, se motiva y le va mejor.

A los 30 años pude vivir y viajar por Asia, y conocer sistemas educativos muy distintos a los que me tocó enseñar. En Singapur, Hong Kong y Taiwán, los estudiantes del cuarto más pobre obtienen mejores resultados que los del cuarto más rico en Chile. Allá el contexto también pesa. Pero nunca lo vi pesar tanto como cuando iba de un colegio a otro, entre Las Condes y Puente Alto.

Master en Políticas Públicas, National University of Singapore

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2 Comments

  1. Todos los niños nacen con talentos. Los traen en su ADN. Lo que tenemos que hacer es desarrollar en forma efectiva los distintos talentos que poseen. Pero a todos los niños, que tienen distintos talentos, le enseñamos de la misma forma y los evaluamos de la misma manera. Por eso es necesario tener un currículum flexible, para que cada uno pueda desarrollar sus propios talentos. En este sentido, existe evidencia empírica en otros países que podríamos evaluar y adaptar a nuestra realidad.

  2. Chile necesita construir un sistema educativo capaz de asegurar que cada estudiante, independiente de su origen, desarrolle los conocimientos, talentos, actitudes y valores necesarios para construir sus proyectos de vida, participar activamente en la sociedad y contribuir al desarrollo del país.

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