El Presidente que queremos no está entre los candidatos. Las opciones son muchas, demasiadas, pero la sensación de insatisfacción parece más o menos extendida. Aun así, es lo que tenemos. ¿Tiene sentido pensar en qué querríamos, frente a la realidad imperfecta y rotunda? Quizás no nos venga mal el ejercicio: esto recién comienza y quien pretenda gobernar en serio deberá desplegar una estatura aún inédita. ¿Qué Presidente queremos? Aquí, mi propio bosquejo.
En primer lugar, necesitamos un Presidente que hable de lo real: que reconozca que el país se ha vuelto difícil de gobernar, que la crisis social sigue viva y tiene nuevas caras, que salir del complejo momento que vivimos requerirá del trabajo de todos. Alguien que dé esperanza sobre lo que sería posible alcanzar juntos, pero que no caiga en la liviandad de prometer soluciones simples a problemas arduos, en el mesianismo de creer que puede hacer frente solo a nuestros grandes nudos, en la ilusión ingenua de no requerir de nadie para desatarlos.
Nos hace falta un Presidente que hable de lo real y que también acepte lo real: que quiera al verdadero Chile, con su historia y sus contradicciones, sus traumas colectivos y su chispeza, su identidad americana y sus vaivenes. Uno que no desprecie secretamente a su pueblo, que no se avergüence de lo que somos, que vea más que pura carencia. Que asuma el país como lo cercano, que tenga ojos para los invisibles y no sucumba ante la idea de un pseudo-desarrollo que los margina ni ante la seducción cínica del poder desnudo.
Chile llora por un Mandatario que asuma lo real de su propio encargo: que aborde eficazmente las urgencias del momento, al tiempo que no deje de mirar al futuro. Que comprenda que gobernar es más que gestionar recursos y que dibuje un horizonte al que sea posible encaminarse. Un Presidente que se vea a sí mismo no como un macro manager, ni como un salvador elegido, ni como la vanguardia purista de las causas de moda, sino como un chileno que nos representa a todos en el sentido más cabal de esa palabra: que interpreta no tanto las volátiles preferencias, sino la auténtica necesidad, que ejerce una misión mediadora por la que está dispuesto a arriesgar y arriesgarse.
El Presidente que queremos teme más a la realidad de su conciencia que a la impopularidad: sabe que responde ante los ciudadanos, pero también ante una instancia previa en que se juega el respeto a sí mismo. No renuncia al deber de pensar, aunque implique costos altos. No ve a los chilenos como clientes que deben ser a toda costa satisfechos, sino como sujetos de respeto y persuasión. Por eso, porque se los toma en serio, cuida mucho sus palabras: su lenguaje es sobrio, verdadero, alejado de la demagogia y la estridencia, abierto a rastrear el fondo y capaz de conectar. Es alguien que intuye hasta qué punto se gobierna con palabras.
En suma, necesitamos un Presidente alejado de la superficialidad mediática, de las lógicas del espectáculo, que viva en lo verdadero y trabaje con otros, que no trivialice la tarea que se le encomienda al servicio de sus banderas o su ego. Un Presidente así podría recuperar la confianza, tan dañada en los últimos años, y orientar al país hacia alguna parte. Si ese candidato no existe, las cosas simplemente no serán tan distintas. Pero si existe, al menos como una posibilidad dispuesta a ser alentada, cabría esperar algo nuevo. La propia responsabilidad del cargo podría ayudar a quien resulte electo a acercarse a la estatura presidencial que Chile quiere.

Concuerdo plenamente. Es lo que requerimos y lo que la hora presente nos exige
Así es. Y lo encontré. Gracias
Muy de acuerdo Francisca …. Esperemos que este presidente (ambos géneros obviamente) se descubra al terminar las campañas de elección y pueda ordenar / sacar al país de la emergencia (tarea para todos), trabajando paralelamente en los temas no urgentes que no deben ser dejados de lado ….
Excelente analisis
Gracias Francisca. Concuerdo. Este es uno de los pocos artículos tendenciosos de El Líbero. Me permito sugerir que ademas de lo que dices, el presidente que queremos es un ser que sea también capaz de tender puentes e incluir a quienes desde una ideología diversa a la suya puedan aportar al país desde el espacio de su presidencia. Alguien que, desde el pragmatismo de Deng Xiao Ping pueda decir «gatos blancos o negros, si acaban con la pobreza, bien venidos». El presidente que yo quiero que sea capaz de unir al país en torno a su progreso; alguien a quien todos le ayudemos y se deje ayudar. Que vea por el bien de Chile antes que el de su partido o su ideología. Alguien generoso con sus adversarios. Creo que estos atributos se forman en el ejercicio del cargo. El ser que busco no es alguien que ya sepa, porque ese ser no existe. Busco uno que sea sensible a lo que a su pueblo le preocupa y que ese sea su norte.
perdón, quise decir «artículos NO tendenciosos…». No sé cómo puedo editar cuando ya envié.