plebiscito

No resulta fácil determinar si un hecho concreto tiene o no valor histórico, porque este carácter lo termina dando el tiempo y, específicamente, lo darán los historiadores en el futuro, incluyendo a los que también han sido testigos de ese hecho. Sin embargo, el 4-S de 2022 puede pasar a la historia como un hito clave del proceso constitucional en curso, ya que debería dar lugar a la Constitución de 2023. En simple, este plebiscito podría llegar a formar parte de lo que los constitucionalistas llaman “génesis constitucional”. 

Además, no es que los plebiscitos en sí mismos pasen a la historia, sino que constituyen hitos o “puertas de entrada” a nuevos períodos históricos. Por ejemplo, el emblemático 5 de octubre de 1988 dio lugar a la transición a la democracia en Chile; que, aunque se trató de una “transición pactada”, como tantas veces se ha dicho, terminó implicando los veinte años de la Concertación que, en general, fueron muy buenos años para Chile. 

Hay que considerar también que los hitos o cortes temporales son relevantes, porque la historia (en particular, la chilena) no es pura continuidad, como cierta historiografía ha tendido a sostener, sino que también ha tenido muchos quiebres: 1829, 1891, 1924 y 1973.

Además, sostengo, las constituciones chilenas han solido ser bastante rupturistas con las anteriores. Por ejemplo, la de 1925 rompió con el parlamentarismo a la chilena del período 1891-1924; la de 1980 con un sistema económico estatista y de sustitución de importaciones. La gran pregunta es: ¿hasta qué punto será rupturista la Constitución de 2023? Probablemente, y aunque sí lo fue -y radicalmente- la propuesta fallida de 2022, la Carta de 2023 termine siendo más continuidad que ruptura.

Y, en este sentido, puede que el plebiscito del 4-S pase a la historia como un hito diferente: como la expresión de un pueblo que rechazó las refundaciones y que, aunque tiene aspiraciones de cambio, esas aspiraciones están basadas en lo construido en el pasado. Y de ser correcta esta conclusión, las interpretaciones hegemónicas del 18-O, del llamado “estallido social” -que lo entiende como un rechazo total a los “30 años”- terminarán perdiendo vigencia.   

¿Qué efectos, mirando hacia el futuro, tiene el plebiscito para Chile? 

Los historiadores suelen decir que no es posible predecir el futuro, pero si se dan ciertas regularidades, sí pueden vaticinarse algunas consecuencias. Además, más que hablar de “historia del futuro”, lo que estamos hoy viviendo es “historia del presente”. Es decir, de una historia en desarrollo o de final abierto, que está ocurriendo, de la que estamos siendo testigos en vivo y en directo. Y de la cual, por lo demás, ya se está escribiendo de una manera intensa.

Dicho esto, creo que el plebiscito del 4-S fue un grito en favor del retorno a la moderación, a la democracia de los acuerdos y, dicho al revés, fue también un grito en contra de la polarización y de la política entendida básicamente como conflicto, como una “relación amigo-enemigo”. Así las cosas, el 4-S puede ser la puerta de entrada a una especie de “enrielamiento”. 

En términos más concretos, representó un gran alivio para mucha gente. La propuesta de 2022 era absolutamente refundacional e incluso tenía componentes distópicos, casi sacados de una película de ciencia ficción. Por lo mismo, el plebiscito en comento implicó el retorno de la esperanza, ya que generó la sensación de que el país todavía podía salvarse.

Y aunque suene exagerado, el país sí se salvó de un gran desastre. Las consecuencias de la propuesta rechazada habrían sido fatales en muchos aspectos. No solo en lo económico, ya que la propuesta incluso coqueteaba fuertemente con las teorías del decrecimiento y suponía un retorno al fracasado modelo de sustitución de importaciones. También en lo político: suponía una democracia esencialmente agonística, que pasaba a llevar los derechos de las minorías, y que, además, establecía privilegios odiosos en favor de los pueblos indígenas. En suma, aunque era posible predecir el triunfo del Rechazo, nadie previó que este se daría por un 62%. 

Y solo gracias a la contundencia de este triunfo, puede explicarse el acuerdo constitucional del 12 de diciembre de 2022, especialmente en torno a las llamadas “bases constitucionales”. Era muy difícil pensar que, tres meses después del 4-S, las fuerzas políticas mayoritarias terminarían rechazando la plurinacionalidad, la supresión del Senado, los sistemas de justicia paralelos, y el casi monopolio del Estado en la provisión de los derechos sociales. De este modo, el plebiscito del 4-S puede pasar a la historia como la puerta de entrada hacia el Chile de la moderación y de los acuerdos por el bien del país.

*Valentina Verbal es colaboradora asociada de Horizontal.

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