Con apenas 18 días en el poder, el actual gobierno tuvo que tomar difíciles decisiones ante el alza del precio internacional del petróleo producto de la guerra en Irán. Como ha sido su estilo hasta ahora, el gobierno optó por hacer lo que es correcto y no sucumbió a la tentación de tomar medidas populistas, a pesar de los riesgos que eso implicaba.
Sin duda que un incremento de $370 en el valor de la gasolina y de $580 en el diésel va a afectar el costo de vida por las implicancias en el valor del transporte y, por ende, en toda la cadena de precios hasta llegar al consumidor final, siendo muy probable que la UF alcance los $40.000, razón por lo cual el Banco Central mantuvo la tasa en 4,5% y estima que la inflación anual se ubicará en 4% en el segundo trimestre de este año.
Siendo este el escenario actual, sabiendo el costo político que de hecho ya tuvo en la popularidad, ¿fue correcta la decisión del gobierno? La respuesta es que sin duda lo fue, pues no se puede seguir deteriorando aún más la situación fiscal que recibió de manos del gobierno de Boric, que dejó sólo US$40MM de saldo en caja, US$40.000MM de deuda adicional vs la de 2022, un déficit estructural de 3.6% del PIB, incumpliendo la meta fiscal el 2023, 2024 y 2025 y un FEPP de solo US$5MM.
Cómo si esto fuera poco, el ministro Quiroz informó en el Congreso que en los primeros días de enero, Hacienda contrajo el 37% del total de deuda permitida para 2026, y esto se suma a una deuda flotante con proveedores que alcanzó un récord de US$3.300MM. Dijo también que se echó a perder el sistema donde se ingresaban las facturas de los ministerios y que ahora las están recibiendo, habiendo cientos de millones de dólares que debieron ser cargados al gasto de 2025, pero ahora tienen que hacerse responsables.
Cabe preguntar qué hicieron con los fondos públicos. Si basta recordar que el Presidente Piñera dejó un saldo en caja de US$4.098MM, una glosa republicana de US$700MM de libre elección que, si hubieran estado disponibles para el actual gobierno, otra hubiera sido la solución.
Ante esa realidad, el gobierno tomó la decisión de no amortiguar el precio de la gasolina porque de haberlo hecho, el costo total podría alcanzar los US$4.000MM, que no existen. Pero no fue la única medida, pues se congeló el precio de la parafina, el precio del transporte público hasta el 31 de diciembre; se le asignó una subvención de $100.000 mensuales a los taxis y taxis colectivos y se abrirá una línea de financiamiento para que éstos accedan a la electromovilidad, entre otras cosas.
Sin embargo, como a la izquierda no le importa Chile sino sólo el poder, vio en esto la oportunidad para salir del marasmo opositor en que estaban y sacar de la agenda el desastre fiscal que dejó su administración, resurgiendo con duros ataques al gobierno, al punto que la senadora Cicardini, pareja del diputado Manouchehri, le pidió al ministro Quiroz que renuncie “por el bien de Chile”. Pero si pensaron incluso en una AC contra el Presidente. Y, oh, curiosidad, después de cuatro años de ausencia de protestas, salieron a las calles los estudiantes provocando cierres en estaciones del Metro, intentaron dañar la estatua del General Baquedano y hubo incidentes en el centro de Santiago. ¿Pretenden reeditar el octubrismo?
Esa es la izquierda. Durante los cuatro años de Boric no hubo protesta alguna, a pesar de las listas de espera, la falta de matrícula en los colegios, el desempleo, la economía estancada, los problemas financieros, la corrupción desembozada, la indolencia en la reconstrucción de la V región, los escándalos de las fundaciones truchas, los desatinos en las relaciones internacionales, el caso Monsalve, las licencias médicas falsas, el crimen organizado, la inmigración ilegal, etcétera. Ninguna protesta.
Pero hoy, cuando el gobierno hace lo correcto, salen a protestar para disputar la hegemonía política, no por el bienestar del pueblo, sino porque lo único que les interesa es volver al poder.
En consecuencia, hay que decidir qué preferimos. Soluciones populistas que dejen contentos a todos, pero sigamos en caída libre o apoyar que se siga haciendo lo correcto para salir de la decadencia, a pesar de los costos que hay que pagar por la situación en que dejaron el país.
Me inclino por lo segundo. El populismo es pan para hoy hambre para mañana y ya tuvimos suficiente.
¡No más!

La situación financiera de Chile heredada, qué duda cabe, del gobierno de Boric es definitivamente difícil.
La irresponsabilidad de la administración anterior debe ser sancionada de algún modo.
Chile debe apretarse el cinturón y Kast, seguir adelante con su programa, si queremos volver al camino del desarrollo económico y social.