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  1. La columna exige que Bellolio y Vodanovic digan a qué renuncian antes de acordar. Pero ésa es una concepción demasiado exigente —y curiosamente poco pluralista— del acuerdo democrático.

    Acordar no exige convertirse al adversario ni pedirle una retractación retrospectiva de todo aquello que alguna vez defendió. Exige identificar aquello que, aun pensando distinto, ambos pueden hacer juntos.
    Si para reformar el empleo público Vodanovic debe primero abjurar del Apruebo, y Bellolio responder por cada decisión de la derecha, no estamos construyendo acuerdos: estamos administrando certificados de pureza ideológica.
    La democracia no empieza cuando desaparecen las diferencias. Empieza cuando dejamos de exigir que desaparezcan para poder cooperar.

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