En todos los establecimientos educacionales de Chile el mensaje ha sido el mismo tras el retorno a la presencialidad: las secuelas de la pandemia y del cierre de las escuelas son gigantescas. Esto no sólo en los aprendizajes, sino que principalmente en la convivencia, las relaciones interpersonales y los aspectos socioemocionales y socio afectivos de los estudiantes. En consecuencia, a Marco Antonio Ávila, ministro de Educación de la coalición que lideró la resistencia en el Congreso a la apertura de las escuelas el 2020 y 2021, no le quedó más que señalar en abril: “Nos equivocamos al tener los colegios cerrados por tanto tiempo”.
Pese a todas las recomendaciones de los expertos en la materia (Unicef, OMS y Unesco, además de fundaciones locales), los políticos trataron de boicotear todo intento de apurar la apertura de escuelas. Pese a que las evidencias recogidas internacionalmente y en la experiencia de los colegios que reabrieron en Chile durante el 2020 y 2021, las cuales demostraban que, con las medidas de seguridad necesarias, las escuelas no eran el principal factor de transmisión de Covid-19, los políticos irresponsablemente ignoraron esto con tal de hacer un punto político. Los políticos chilenos actuaron justamente al revés que la canciller alemana, Angela Merkel, quién empleo el criterio “las escuelas tienen que ser las últimas en cerrar y las primeras en abrir”.
Mirando hacia atrás, cuesta explicar cómo, en uno de los países líderes en vacunación, las escuelas estuvieron cerradas o semi cerradas por dos años. ¡Dos años! Siendo uno de los países que más vacunaba, era uno de los países que más tarde abría sus escuelas. Chile es el quinto país de la región -Latinoamérica- que más tiempo tuvo cerradas sus escuelas, a pesar de tener los mejores índices de vacunación. Cabe preguntarse: ¿Nos olvidaremos de esto? ¿No habrá lecciones de lo sucedido que se pueden sacar?
El mea culpa de Marco Antonio Ávila ha sido el único de su sector respecto al rol que tuvieron como oposición en la temática. La oposición de entonces fue un férreo obstáculo a la apertura de las escuelas, desencadenando una lucha subterránea contra el Mineduc sin cuartel, empleando desde medios públicos* a medios más soterrados, como incentivar la sensación de temor y desconfianza en la población. Sin duda, también debe haber un mea culpa de las autoridades del Mineduc de entonces. Si bien en público se señalaba que las puertas “estaban abiertas” al diálogo, probablemente, la falta de voluntad real de hacer aquello por parte del Mineduc favoreció que las escuelas estuviesen cerradas más tiempo del necesario.
Este tema merece un mea culpa profundo del mundo político, no puede quedar en el olvido, pues es la forma de poder aventurar que realmente haya una lección aprendida.
Lamentablemente, como el mea culpa, el análisis y la reflexión en la materia ha sido pobre en el mundo político, ahora el país parece recaer en el error. Ante el nuevo colapso sanitario, nuevamente se opta por una disminución de la presencialidad en las escuelas. La vocera de Gobierno, Camila Vallejo, señala a los días de la medida que les faltó coordinación antes de adelantar las vacaciones, y que hicieron el diagnostico muy rápido. Evidentemente se apresuraron, en parte porque aún no le toman el peso a las consecuencias de la no presencialidad escolar.
Nuevamente los cines, teatros, malls, etc., siguen abiertos, pero las escuelas se cierran, todo al revés de la lógica de Angela Merkel.
*Dos proyectos de ley se presentaron para dificultar la apertura de las escuelas. El Primero en 2020 (Boletín N° 13670-04) fue presentando por los entonces diputados Cristina Girardi, Rodrigo González, Camila Rojas, Juan Santana y Camila Vallejo. El proyecto incorporaba una excesiva rigidez para el retorno a clases semipresenciales de los estudiantes, postergando el retorno de los establecimientos para el año 2021. El segundo de 2021 (Boletín N° 14133-04) presentados por los diputadosRodrigo González Camila Rojas, Camila Vallejo, Gonzalo Winter, Juan Santana, Mario Venegas y Cristina Girardi buscaba que colegios, jardines infantiles y salas cunas pudiesen desarrollar actividades presenciales solo a partir de la fase 4.
Una Acusación Constitucional contra el titular de Educación, en agosto 2021, impulsada por los diputados Camila Rojas, Camila Vallejo, Cristina Girardi, Marcela Hernando, Pamela Jiles, Mario Venegas, Juan Santana, Gonzalo Winter, Rodrigo González, Tomás Hirsch, Marcelo Schilling y Esteban Velásquez. La acusación se basaba en cuestionar por una eventual infracción de vulneración a las y los trabajadores de la educación, y el último referido a la amenaza a la vida, a la integridad física y psíquica, todo esto a raíz de la pandemia del covid-19 (¿Los niñ@s? cri cri cri).
*Andrés Larraín es ingeniero civil.
