Comienza la consolidación del liderazgo presidencial
A juzgar por la evolución de las encuestas, el mensaje presidencial del 1 de junio logró establecer un punto de inflexión. ¿Por qué se logró este giro? Probablemente porque se resolvieron, casi sin fallas, los cuatro aspectos con los cuales se podía evaluar la cuenta a la nación: urgencias, reformas, plebiscito e imagen presidencial.
La intervención de Boric se evaluó por la respuesta a los problemas de mayor connotación: delincuencia, violencia en La Araucanía, y las medidas destinadas a paliar la inflación. Hubiera sido un error el abordarlos con anteojeras ideológicas, pero se optó por un mayor pragmatismo. Fue una perspectiva correcta, aun cuando no se ahondó en precisiones.
Se estableció la ruta hacia la concreción de las reformas comprometidas, tributaria y previsional. Se pudo caer en lo puramente declarativo, pero se fijó un calendario de inicio próximo que permite apresurar su concreción, aun cuando no se realizó un llamado a un amplio acuerdo nacional.
Fue importante la postura de Boric frente al plebiscito de salida. Pudo caer en la defensa parcial de la opción Apruebo, pero lo que se hizo fue garantizar la realización de un proceso impecable.
Se encontró un estilo propio de ejercer la Presidencia, sin imitar modelos del pasado, puesto que ninguno le podía acomodar a un mandatario joven. Lo encontró en la imagen de un representante de una nueva generación que recibe la posta de la tradición republicana. Es la imagen de un hermano mayor aventajado, admirable pero cercano.
La concreción predominó, se comprometen medidas y se establecen cronogramas, se asume un mayor pragmatismo. Tal vez la épica de las reformas afiance su apoyo más duro, pero la mayoría considera bastante bueno que se le asegure que las cosas funcionarán con normalidad, y fue eso lo comprometido.
La mayor falla del oficialismo no radica en Boric, sino en la existencia de dos coaliciones con permanentes diferencias estratégicas. El Presidente llegó hasta donde los consensos internos se lo permitían, por lo que dejó importantes materias sin resolver. Es de esperar que la consolidación de su liderazgo le permite dirimir en las diferencias intestinas, algo que todavía no ocurre. Así se llega al plebiscito.
La anticipación del Rechazo
La oposición se adelantó a anunciar su apoyo a la opción Rechazo en el plebiscito de salida. Se trata de un sinceramiento que asume el costo de no esperar la presentación del texto final. La unanimidad de criterios les permite dar este paso. Es una necesidad de la campaña comunicacional para obtener un buen resultado.
La posición asumida está hecha para ganar adhesiones entre los indecisos y los desencantados de la Convención. Por eso se valora el proceso constituyente, pero se evalúa que la propuesta que se ofrece es mala.
Se dice que el borrador propuesto nos divide en vez de unirnos, pero que el proceso constituyente ha de continuar y será un producto amplio de todas las fuerzas políticas y sociales.
Las mayores faltas del texto emanado de la Convención estarían la de atentar contra la igualdad ante la ley, la concentración del poder en el Estado y las limitaciones a la libertad de las personas para elegir. El discurso se concentra en decir que lo que se está defendiendo son las bases democráticas amenazadas. Así se llega al plebiscito, pero ¿quién lo va a ganar?
Los puntos que dirimen la contienda
No sabemos qué alternativa va a ganar, pero sí sabremos antes qué campaña va a perder: la que atienda de preferencia a su barra brava.
Tanto el oficialismo como la derecha buscarán tener una sola campaña, pero no será posible. En cada caso, lo que vamos a presenciar es una campaña principal de coalición, concentrada en recuperar el votante moderado, y otra campaña sin muchas consideraciones de por medio, dedicada al sector más duro de cada cual.
Esta campaña se juega en los bordes donde se ubica la indecisión y no en los núcleos de los convencidos. Los votos no se pesan, sino que se cuentan. El voto del que marca su preferencia con dudas, el voto de un convencido y el voto fervoroso de un extremadamente convencido se cuentan lo mismo. Sin embargo, el sufragio de alguien que está en la duda vale el doble porque eventualmente se suma a un lado y se resta al otro.
La división de aguas será fina entre los que tengan que optar entre un texto correcto con errores subsanables o un texto incorrecto con algunos aciertos. La opción oficialista será la de ofrecer una Constitución nueva, con mecanismos expeditos de reforma. La oposición dirá que no se puede aprobar lo mal hecho para volver a hacerlo bien.
Si el arco de la convocatoria es estrecho, se llegará a un público equivalente al de la esfera de influencia de los partidos involucrados. Por eso el proceso constitucional lo resuelve la definición de los que dudan, pero que ya antes aprobaron el cambio constitucional.
*Víctor Maldonado es analista político.
