Una niña de dos años jugaba con su muñeca en una plaza hasta que, otro niño quiso quitársela. «No, es mía», dijo la niña fuerte y claro. No cabía ninguna duda en esa pequeña de que la muñeca era de su propiedad y sólo ella podía disponer del juguete.
La claridad de esa niña no hace más que comprobar el planteamiento de John Locke. La propiedad es anterior al Estado y esencial para la libertad. La apropiación de recursos como consecuencia del trabajo resulta algo fundamental para el desarrollo. El problema, es que hoy, la claridad de esa niña de dos años que apenas consigue hablar no se percibe.
Cinco años pasaron para que por fin la familia Correa pudiera demoler la toma que había terminado con la vida de Alejandro Correa, empresario de Concón quien luego de realizar diligencias para que se desalojara su terreno fue asesinado en la puerta de su casa por quien controlaba la toma.
Lo contradictorio del caso es que, circuló por distintas redes un video donde se entrevistaba a una mujer que vivía en esa toma y que consideraba legítimo quedarse allí. Entendía el derecho de propiedad, pero a su manera.
De forma soterrada se ha ido normalizando en el debate público la ocupación ilegal de terrenos. Se la justifica con argumentos basados en la vulnerabilidad social, la pobreza, la falta de viviendas, etc. Pero, lo cierto es que, nada de eso puede justificar la apropiación ilegal de un bien obtenido como resultado del esfuerzo. Además, ese derecho de propiedad es la prueba de cómo el hombre es capaz de agregar valor con su trabajo.
Hoy, existe un sector político que llegó incluso a argumentar que hacerse cargo de las usurpaciones era criminalizar la pobreza. Pero, ¿no es criminal que el dueño de una propiedad termine muerto por una usurpación?
La pobreza no se criminaliza, se explota por criminales que lucran con las necesidades de otro y el sólo hecho de que exista un argumento como el anterior demuestra que la claridad de la niña de dos años desapareció a medida que la ideología se instalaba.
En la misma región de la mencionada toma, se encuentra otra, la de San Antonio, allí el asunto es distinto, se ha llegado a un acuerdo para que quienes habitan ilegalmente en el terreno formen cooperativas y puedan comprarlo, haciéndolos, según el gobierno, co-responsables. ¿Comprarla? Pero, eso no es más que incentivar la toma. Es, en otras palabras, llamar a instalarse de forma ilegal, sin presentar ningún papel en una propiedad que otro ha debido esforzarse para tener. No hay sanción de por medio, es más hay un apoyo para validar una acción de origen ilegal.
El valor del Estado no está sólo en el hecho de generar un contrato social que permita a las personas vivir en paz, el valor del Estado, está también, en el hecho de generar las condiciones para que esas mismas personas generen valor con su trabajo, que se apropien de los recursos y produzcan algo mejor. Es decir, que, por ejemplo, un terreno abandonado sea transformado en parque, centro comercial o en un barrio. En otras palabras, que el esfuerzo que permitió que alguien fuera dueño de ese terreno genere una externalidad positiva que contribuya al empleo o a construir comunidad. Pero, para eso, necesitamos la claridad de la niña de dos años y la voluntad de respetarla.

Excelente.