La justicia es darle a cada uno lo que es propio suyo. No lo mismo, para que la justicia prevalezca depende de las capacidades, esfuerzo de cada uno, no todos por justicia merecen lo mismo. El ser humano inventa al Estado para poder evitar que la “ley de la selva” se imponga. Se decide entregarle el monopolio de la fuerza al Estado para evitar que se imponga el que “ronca más” y que con esto no prime lo justo. Es decir, impedir que el “matón” de turno se “coma toda la torta”. Es entonces, el Estado quien se hace cargo de la seguridad para que cada individuo pueda trabajar en paz en su proyecto de vida. Eso es lo que permite que la sociedad toda florezca. Pero esta acción que busca la justicia y la paz, deja de serlo cuando es el Estado quien se impone en la ley de la selva, ya que sin duda es el más fuerte.
Lo que ha sucedido la semana pasada en relación con la operación express de la madre de la ministra de salud no tiene nombre. No pongo en duda que la madre de la ministra necesitase una operación, como tantos otros chilenos la necesitan. Tampoco pongo en duda que esta operación fuese urgente. Lo que es cuestionable es que la ministra decidiese usar el sistema público, que ella sabe que está colapsado y no optara por uno privado, el cual no hay duda alguna que puede costearlo. Ella, más que nadie, debiese saber cuán estresado y en deuda está el sistema público. Las listas de espera debieran dolerle en la médula misma. Pereciera ser que nada de eso le importó mucho. Ella decidió ir por el sistema público para operar a su madre y es al menos dudoso que todo fuera tan rápido, cuando todos sabemos que las esperas en el sistema público sólo por trámites administrativos suelen ser bastante más largos. Además, alegó que sólo pidió una silla, lo que deja en evidencia lo inhumano que es el sistema que ella misma dirige. Todo hace suponer que la ministra logró agilizar los trámites, ya que las gestiones se hicieron en tiempos que superan “la media”. Eso ya es un problema, porque se habría usado “tráfico de influencias” para beneficios propios, lo que al menos es cuestionable. Es decir, si no hubiese sido la madre de la ministra, no habría logrado una operación con esa celeridad. Esto que ya es cuestionable en cuanto a justicia de la acción ya que viola toda igualdad ante la ley, donde la cola es para todos por igual, se torna peor cuando hoy sabemos que quien fue relegado de la fila falleció tres días después. Esto hace que las acciones para acelerar a la madre de la ministra en el sistema constituyan un eventual “cuasi homicidio”, lo que es altamente grave.
No es justo saltarse la fila nunca y menos usando el cargo estatal para ello. Las filas se producen cuando hay escasez de un producto y la demanda no pueda satisfacer la oferta. El Estado suele nunca satisfacer la demanda y tiene inmorales e inhumanas colas en salud. Esto es uno de los mayores dolores de Chile. Por lo mismo, no puede ser la ministra de Salud, quien usando su investidura logre lo que otros chilenos no pueden, pida operaciones express en un mundo de interminables retrasos. Ciertamente no debiera haber ningún retraso en salud para nadie. Es claro y distinto que la primera prioridad de gasto estatal debiera ser en salud.. Mientras y muchos mueren esperando ser atendidos y el Estado no da el ancho, la ministra no podía saltarse la cola. No podía por moral y por decencia. Claramente su madre requería una operación de urgencia como tantos chilenos. Debió hacerlo en el sector privado, jamás en el público, ya que no se iba a ver bien. La celeridad del caso es al menos sospechosa. La muerte de quien quedó atrás en la cola es un acontecimiento dramático con potenciales colaterales penales.
El tema de salud no da para más. La ministra debe salir si tiene decencia y reconocer que no dio el ancho. Es de toda lógica que un país que se ha gastado los ahorros y no tiene dinero debe priorizar y no puede gastar en nada suntuario hasta resolver el problema de salud. No puede aumentarse el presupuesto de cultura mientras la gente se muere en la cola. No se puede gastar ni un peso en apoyar a Michelle Bachelet en la ONU y otros tantos “gustitos políticos”, ya que la plata es la misma. Chile tiene dinero, pero gasta mal y gasta mucho. Un 70% de lo recaudado se va en sueldos de empleados públicos. Hay buenos, sin duda, pero hay muchos que sobran en el Estado. Pretenden amarrar a los cargos políticos para “asegurarse la vida” a costa de otros. Los chilenos pagamos impuestos no para mantener a “parásitos”, ni para financiar planes sociales mal evaluados, lo hacemos entre otras cosas para terminar con las colas de salud. De una vez por todas, entréguenles “vouchers” a las personas para que puedan curarse en el sistema privado. La colas en salud son inmorales y el sistema estatal es infrahumano, la misma ministra lo evidenció con la silla.

Como siempre, muy clara, directa, justa, un agrado leerla
Todos abusadores en este pésimo gobierno.