El diputado Winter, quien ha manifestado interés en ser candidato a presidente de Chile, dijo que los daños que sufrieron decenas de locatarios durante la revuelta de octubre de 2019 fueron «marginales», es decir de importancia secundaria o escasa.
El próximo 18 de octubre se cumplen cinco años del estallido social y de violencia que se tradujo en una brutal destrucción de bienes públicos y privados -aún no del todo reparados- del orden de los tres mil millones de dólares del PIB del país. ¿Se puede considerar esto marginal? Claramente no.
El Presidente Boric, en su última Cuenta Publica, pidió dejar atrás el tema del estallido refiriéndose a la violencia. No sería bueno olvidar. En el encuentro realizado con dirigentes sociales en el Teatro Municipal, principal y emblemático teatro para el desarrollo de la cultura y las artes de Chile en ópera, ballet y conciertos, reivindicó las luchas sociales del estallido de octubre.
¿Era necesaria la violencia destructiva y deseo de sacar de la presidencia al entonces Presidente Sebastián Piñera para resolver y avanzar aún más hacia un Estado de Bienestar? No.
¿Esa violencia logró algo para resolver las demandas sociales de la marcha del veinticinco de octubre en su gobierno? No. La gente empeoró su calidad de vida, siendo tan importante resolver los problemas básicos de los chilenos. Los motes “No + AFP», «. «No + TAG», «No + Isapres» buscaban eliminar y pasar todo al Estado. Como oposición votaron en contra de todas las reformas. Quisieron refundar y dividir a Chile en once naciones. Pregonar con el ejemplo en política es lo que corresponde. Gobernar bien y cooperar. La violencia no permite el diálogo.
En ese momento se dejó atrás parte de la esencia luminosa de Chile recuperada con el regreso a la democracia.
Se destruyeron cantidades de estaciones de metro que trasladaban cada mañana y cada noche a quien va y vuelve de su trabajo. Se destruyeron monumentos y estatuas al punto de tener que sacar al General Baquedano del lugar que ocupaba. Se destruyeron iglesias, bienes públicos, universidades y centros culturales.
No fue un hecho “marginal” ni para dejar atrás. Muchos lo pasaron muy mal. Muchos perdieron todo. Mucho más que muchos perdieron su confianza en el futuro de Chile.
Quienes fueron parte y validaron aquella violencia, descendieron a esos lugares oscuros a los que puede llegar el ser humano cuando el deseo de disolución prima sobre el de construcción. Esto se confirmó con el proceso constituyente posterior.
Luego de aquel aventurerismo político destructivo quisieron refundar Chile a través de una convención constituyente. No lo lograron gracias a que el pueblo de Chile dijo rotundamente no el 4 de septiembre de 2022.
La violencia y el avance del crimen organizado ha seguido avanzando sin dar tregua. Veinte homicidios en la vía publica la semana que recién termina.
Existe un hilo histórico que encadena hechos que no se pueden obviar. De ese archivo histórico emocional se aprende, se cambia, otros insisten y persisten en sus posiciones sobre todo en los extremos. Nada bueno.
El país tuvo una pausa de casi cuatro años en el combate contra la violencia facilitando el avance del crimen organizado. La entonces oposición dificultó la aprobación de leyes importantes para combatir la inseguridad en Chile. Al asumir como gobierno demoraron en enfrentar este flagelo. Tuvieron que morir carabineros para comenzar a hacerlo con más firmeza. Esto no fue gratuito. ¿Dónde quedó el plan “Calles sin Violencia”?
Esa parte de la historia reciente de Chile hace al deterioro en materia de gobernabilidad e institucionalidad. No se puede obviar el estancamiento económico cuyo deterioro fuerte comenzó en el segundo gobierno de Michelle Bachelet y continúa hasta hoy.
No se han dado aún las condiciones para garantizar la gobernabilidad ni la institucionalidad que incluya reglas de juego claras. Entre los dos intentos constitucionales desde el año 2021, el avance del crimen organizado, la inseguridad y la corrupción, las inversiones no vienen, es más, se van.
No se ha logrado mantener ni recuperar la confianza de los inversores en el país, de los que depende el crecimiento económico y el futuro de la economía. Nada fácil, pero tampoco imposible en un país que se ha destacado por su calidad política y económica en el notable desarrollo y éxito a lo largo de los últimos “denostados” treinta años. Para ello hacen falta fuertes liderazgos políticos con trayectoria y convicción de la necesaria unidad.
Entre la inseguridad, los homicidios, la corrupción, las elecciones, el caso audios, y tantas otras noticias, sería malo que lo ocurrido en octubre de 2019 considerado como un hecho “marginal” se diluya rápidamente al entrar al océano de lo masivo.
El presidente Boric ha hecho cambios importantes. Reconoció que al hacerse cargo del gobierno se enfrentó con la dificultad y comprendió lo difícil que había sido gobernar para el ex presidente Sebastián Piñera. Ha tomado un importante liderazgo en la izquierda regional al reconocer el fraude electoral de Venezuela certificando que se trata de una dictadura. Quedan muchos pasos por dar. Reconocer el triunfo de Edmundo González. Marcar una clara posición frente a otras dictaduras como Cuba. La coalición de gobierno es inestable por sus múltiples diferencias y declaraciones y acciones desafortunadas de algunos personeros.
Chile necesita claridad de reglas de juego. Necesita gobernabilidad. Necesita atraer inversiones. En democracia, los consensos políticos implícitos para que el sistema funcione son sobre los procedimientos y sobre la democracia misma como única alternativa política posible para avanzar. Unidad, dialogo y más dialogo.
Ojalá que la tiranía de las emociones no esté por encima de las razones.

Bien