Al asumir un Gobierno todos los presidentes se dan un verdadero baño de realidad, vislumbrando cómo la facilidad con que se proyectaba en campaña choca con la coyuntura y las voluntades disponibles. Sin embargo, distinto es hacer de la incoherencia una constante, demostrando que los diagnósticos y las posturas previas, en cuanto no eran honestos y reflexivos, pueden esconderse fácilmente bajo la alfombra. A esto último ya nos ha acostumbrado Gabriel Boric en solo 4 meses de gestión.
El Presidente Gabriel Boric debe liderar hoy la mayor crisis en seguridad por la que atraviesa el país en su historia reciente, pero el Gabriel Boric diputado, junto a sus compañeros, votaron en contra de cuanta legislación se propuso para reforzar el alicaído orden público. El mismo viajó a Francia para encontrarse con el condenado prófugo por el asesinato en democracia de un Senador de la República y, siendo candidato, promovió hasta el cansancio medidas de impunidad para acusados por hechos de violencia asociados al “estallido social”.
Hoy, el Presidente Gabriel Boric sostiene una visión restringida de la liberalización masiva de recursos financieros, ya sean propios de las personas, en sus ahorros previsionales, o desde el Estado, mediante transferencias directas, mientras el Gabriel Boric diputado apoyó cuatro proyectos de retiros de ahorros de pensiones y se dedicó por más de un año a señalar que la enorme inyección de recursos fiscales hecha por Chile en el contexto de pandemia no era más que casi migajas.
Como candidato, Gabriel Boric afirmó siempre la necesidad de relevar el rol de la mujer, declarándose feminista y contrario a roles como el de la Primera Dama, el que prometió abolir. Al contrario, el Presidente Gabriel Boric instruye vacaciones escolares extendidas de hasta un mes, sabiendo que son las mujeres las que presentan el mayor rezago en inserción laboral y las que concentran mayormente las labores de cuidados, mientras el cargo de Primera Dama, antes que abolido, fue puesto a disposición de su actual pareja, con un gabinete con sueldos millonarios y que, rayano con lo absurdo, recibe el nombre de la persona en cuestión.
“El problema de Chile es que hay muchos chilenos”, tuiteaba el Boric diputado acerca de la migración, procediendo a terminar con el estado de excepción en el Norte Grande del país como una de sus primeras medidas de gobierno. La realidad, por su parte, nos muestra que el ingreso clandestino de personas hacia Chile creció un 135% durante los últimos meses y que 3 de las 5 organizaciones criminales más peligrosas de subcontinente ya están operando en el país.
Pero dentro de esta danza de contradicciones hay una muy particular. El hito generacional que representa el Presidente Boric fue construido sobre una velada critica en torno al proceso de modernización que ocurre en Chile tras el regreso a la democracia. Cada avance que lograron los gobiernos de la ex Concertación fue tildado de simple “política neoliberal” por quienes hoy nos gobiernan, transformando ese relato en el impulso de las transformaciones que vinieron a prometer. De ahí que ver a Gabriel Boric buscando consejo e imagen con el expresidente Ricardo Lagos en el contexto de encuestas que ponen cuesta arriba al cambio constitucional llega a desconcertar: al mismo maltrataban, que abucheaban y arrojaban monedas en las universidades acuden hoy para remontar en la opinión popular: oportunismo brutal.
Todas estas contradicciones y otras tantas más deberían cesar si el Presidente Boric no quiere seguir profundizando en la desaprobación y en la desconfianza de la ciudadanía, porque una cosa es limitarse ante la realidad de los hechos, pero otra distinta es ejercitar la incoherencia como vocación.
