Credit: Archivo BCN

¿A qué estaría dedicado en el Chile de hoy día un político tan visionario y efectivo como fue Edgardo Boeninger? Esta sería para mí una pregunta más valiosa que consignar si era más de centroizquierda o derecha. ¿Qué propondría, qué lo hacía tan efectivo, qué candidatos actuales se le pueden parecer?

Por supuesto que ninguna de estas preguntas tiene una respuesta única, correcta o verdadera. Inventaré las mías a partir de mi experiencia de trabajar al lado suyo por diez años, desde 1981, y seguir cerca siempre después. Creo que Edgardo estaría, primero, intentando encontrar los consensos necesarios para reformar el actual sistema electoral y así mejorar la relación Ejecutivo-Parlamento. Segundo, buscando relanzar el crecimiento económico y, tercero, buscando modos de corregir nuestro sistema de educación y capacitación.

Lo más interesante y valioso que aportaría Boeninger, sin embargo, sería en cómo buscar y encontrar soluciones o políticas públicas que fueran efectivas y reunieran el acuerdo necesario. Lo haría juntando a conversar a personas inteligentes y representativas de los principales grupos influyentes en el tema con distintas visiones. Les encargaría a algunos preparar un documento escrito con su propuesta y sus fundamentos. Luego organizaría uno o más seminarios en que cada uno presentaría sus soluciones, las que serían comentadas por las personas con visiones opuestas. Entre los participantes en esas conversaciones habrían principalmente personas operando en el campo analizado: políticos propiamente tales, empresarios, dirigentes sindicales, pobladores, etc. Finalmente, publicaría las propuestas, comentarios y debates en libros para que una audiencia más amplia accediera y participara en el proceso.

Subrayemos lo que implica este método o forma de trabajar. Primero, no partiría de una propuesta propia predefinida por él mismo como convocante. Buscaría escuchar a las partes distintas primero; sin prejuicios. Dentro de ciertos límites, naturalmente, como fue dejar fuera al Partido Comunista en el caso de los temas políticos en el retorno a la democracia (en parte porque éste se autoexcluyó al optar por la vía armada). En segundo lugar, las propuestas serían escritas por expertos, pero no documentos extensos de carácter académico. No textos para publicarse en journals, aunque sí preparados con rigor, fundamentos y principalmente evidencias de la efectividad de las soluciones propuestas en otros países o contextos comparables al de Chile. Así, por ejemplo, llegamos a estudiar el ejemplo de Austria con gobiernos de Concertación.

Pero lo que más quisiera resaltar aquí, es que Boeninger reunía algunas características de personalidad y estilo de trabajo que lo hicieron particularmente efectivo. Ellas han sido mencionadas estos días por casi todas las personas que han escrito sobre él con ocasión del centenario de su nacimiento. Las principales serían su sencillez o humildad, pragmatismo y racionalidad. Puede convenir profundizar algo en esto. Tomar conciencia de las consecuencias positivas que tienen ciertas formas de ser o estilos de trabajo para conformar un buen gobierno o implementar buenas políticas públicas. No poco relevante hoy para Chile.

La proverbial sencillez y humildad de Edgardo hacía que la gente se dispusiera a aceptar sus invitaciones, se sintiera escuchado y nunca presionado, ni menos amenazado. Ser sencillo es lo contrario de tener un gran ego, que inhibe la participación de otros o desata tendencias a competir sobre quién es más inteligente o fue el primero que propuso ciertas ideas. Ser sencillo es no sentirse superior a los demás, ni monopolizar las conversaciones. También lleva a no funcionar a partir de posiciones por defender, ni a recibir las críticas como algo personal y sentirse ofendido por ellas. Con esa disposición, que Edgardo irradiaba también en los demás, podía abrirse un diálogo genuino, que las distintas posiciones fueran convergiendo y finalmente que los acuerdo se lograran.

Otro rasgo central de Edgardo era su inteligencia y racionalidad. Esto implica una persona que estudia previamente las materias que aborda, reflexiona y decide basándose en razones y evidencias antes que en impulsos, simples deseos voluntaristas o emociones del momento. Habiendo observado estos cuatro años características opuesta en muchas personas del actual gobierno, no es necesario profundizar mucho sobre esto. El estudio importa, como lo hemos comprobado recién. Edgardo no sólo tenía los títulos de ingeniero y economista, sino que estudió más ciencias políticas que muchos profesionales y profesores de la disciplina. Y se mantenía estudiando; siempre al día.

Y el tercero era el pragmatismo. Esto implica priorizar lo que funciona en la práctica por sobre lo ideológico, lo teórico o lo idealista. Desde allí surgía su aproximación a muchos debates en que participó, especialmente en los de Estado versus mercado o crecimiento versus igualdad. Esta visión suya, junto con los otros rasgos que he señalado, creo que fue lo que lo hizo tan efectivo en lograr resultados y acuerdos. Así construía relaciones de confianza. Se enfocaba en soluciones concretas y aplicables en los contextos en que se encontraba el país. De allí no sólo el rechazo a la vía armada para recuperar una democracia estable y duradera. También su temprano escepticismo de la vía de las protestas sociales del 83 y el abrazo del plebiscito de la Constitución del 80. El pragmatismo es efectivo porque evita perder tiempo en ideales poco realizables, permite más adaptación a circunstancias cambiantes. También a cambiar de estrategia cuando algo no resulta, en vez de insistir en recetas fallidas. Avanza en la medida de lo posible, con gradualidad y ajustando el rumbo periódicamente. No busca la implantación de “modelos integrales” o totalizantes, sino que admite avanzar por partes, probar, ensayar, evaluar y corregir continuamente. Las enseñanzas de ese gran economista que fue Albert Hirschman.

En este tiempo de elecciones tan claves, los candidatos/as podrían reflexionar sobre la relevancia de sus conductas y de las habilidades que necesitan desarrollar como personas para lograr las metas que proponen. Aprender especialmente de aquellas presentes en Boeninger: ser humilde para escuchar, racional para decidir y pragmático para actuar. Y nosotros como electores ponderemos también estos rasgos para decidir.

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2 Comments

  1. Gracias querido Ernesto. Gran analogía a lo que hoy necesita nuestro querido país. Diálogo con vocación de acuerdo, humildad y promover la relación político técnica.
    El lo hizo siempre. Si se estudia, si se acuerda sale una mejor política pública. El acuerdo da legitimidad democrática a una ley.
    Exige la humildad que te permite ceder.
    Gracias
    Iris Boeninger

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