Señor Director:
“Bandas de jóvenes elefantes asesinan rinocerontes en Sudáfrica”, titulaba el diario El País un 7 de noviembre de 1997. La historia relataba eventos en el Parque Nacional Pilanesberg, donde elefantes machos sorprendieron a los guardabosques con su comportamiento. El Dr. Wade Horn explicó que estos elefantes estaban en frenesí por la temporada de apareamiento y el aumento de testosterona, sin un código de comportamiento claro. El problema había comenzado años antes en el Parque Nacional Kruger. Debido al exceso de elefantes, se decidió redistribuirlos a diferentes reservas. Pero los arneses de transporte no soportaban el peso de los machos adultos. Por lo que reubicaron sólo elefantes jóvenes y hembras. Esta falta de elefantes machos adultos fue la causante del desequilibrio y la violencia. Para solucionarlo, introdujeron a los elefantes machos adultos en las reservas donde habían estado los jóvenes y las hembras. Al poco tiempo, la normalidad se reestableció, el comportamiento violento de los elefantes jóvenes cesó rápidamente, ya que los más viejos les enseñaron a controlar sus emociones y su fuerza.
Hoy, en nuestras sociedades “modernas” y en “progreso”, los padres (y los hombres en general) están bajo ataque. Los niños criados sin padre enfrentan un alto riesgo de problemas de comportamiento, suicidio, abuso, encarcelamiento, adicciones y depresión, entre otras cosas. Este ciclo perpetúa la carencia paterna, creando generaciones que no saben cuidar ni educar a sus hijos, como evidencia el caso de la descendencia de Max Jukes. Entre los que se encuentran: 7 asesinos, 60 ladrones, 100 alcohólicos, 150 convictos, y 190 prostitutas. La historia corrobora que para destruir una cultura sólo hay que eliminar a los padres. Pero un buen padre fortalece su nación. Como el caso de la descendencia de Jonathan Edwards, entre los que se encuentran: 1 vicepresidente, 3 senadores, 3 gobernadores, 30 jueces, 60 doctores, 60 autores, 65 profesores, 75 Oficiales militares, 100 abogados y 100 clérigos.
Que este día del padre sea una buena instancia para reflexionar, no sobre la importancia del rol del padre, sino analizar qué legado estamos dejando a nuestros hijos y a las generaciones siguientes. ¿Estamos educando hombres y mujeres fuertes, capaces de ser los futuros ejemplos de bondad, valentía y coraje? ¿O estamos criando los futuros problemas de nuestra sociedad? ¿Estamos entregándonos a nuestras familias con dedicación? ¿O estamos entregándonos a nuestros celulares, trabajos o vicios egoístas? No olvidemos que ser buenos padres es un trabajo del día a día, tal como afeitarse. No importa lo bien que te hayas afeitado hoy, mañana tendrás que volver a hacerlo. Y como dijo Frank Pittman, “paternidad no es algo que hombres perfectos hacen, sino que es algo que perfecciona al hombre”.
¡Feliz día a todos los padres intencionales!
Pablo Ortiz Herrera – Periodista, comunicador y emprendedor. Host del Podcast DISIDENTES
