Señor Director:
Este miércoles 27 de agosto ocurrió un tiroteo durante una ceremonia de inicio de clases en un colegio católico de Minneapolis. Dos niños que estaban orando fueron asesinados y 17 personas resultaron heridas. Algunos medios chilenos se refirieron al atacante como “la autora del mortal tiroteo”, pero lo cierto es que el responsable fue un hombre transgénero de 23 años, con graves problemas mentales, que disparó más de 100 balas de fusil frente a niños y adultos en medio de una misa escolar.
No es el primer caso de jóvenes con disforia de género que terminan protagonizando matanzas debido a su inestabilidad emocional. Este hecho se suma a los de Devon Erickson, Maya “Alec” McKinney, Snochia Moseley, Audrey Hale y otros más, todos declarados trans. Mientras los “expertos” siguen impulsando bloqueadores de pubertad como solución, la ciencia demuestra lo contrario. El estudio Problems with Puberty Suppression (Hruz, Mayer y McHugh) señala que un niño difícilmente supera este trastorno psiquiátrico si ya comenzó una terapia hormonal invasiva, ya que las hormonas sexuales propias de la adolescencia ayudan a estabilizar la identidad y a reconocer el sexo biológico.
Además, en estos días, las redes sociales se han llenado de fotos de los escritos en el arma utilizada por Robin Westman, el autor del tiroteo, donde se ve claramente lo perturbado que se encontraba. Entre las imágenes, se puede ver evidentes pruebas de su odio al cristianismo, como el rostro de Jesús como “cabeza” de un blanco de tiro e incluso dibujos de él frente a un espejo hablando con un demonio del otro lado.
Tras la tragedia, autoridades estadounidenses hicieron un llamado a unirse en oración por las familias y pedir sabiduría en estos momentos difíciles. Sin embargo, algunos opositores replicaron que “orar no es suficiente” y que “la oración no traerá de vuelta a los niños”, mientras que ellos mismos han sido los principales promotores de las ideologías que lavan cerebros y que terminan haciendo miserable la vida de tantas personas engañadas. A esta gente, tan superior moralmente, solo quiero mencionarles algunos resultados de estudios serios sobre los beneficios de la oración:
La oración es un regulador emocional efectivo (Association for Psychological Science). Reduce el estrés biológico (Frontiers in Psychology). Mejora el bienestar y disminuye la ansiedad (Prayer and Health Outcomes: Systematic Review). Reduce la agresividad tras la provocación (International Journal for the Psychology of Religion). Y así, existen muchos beneficios más. Por todo esto, hoy más que nunca, los invito a orar.
Pablo Ortiz Herrera – Periodista, autor, comunicador y emprendedor
