En una entrevista reciente, el Ministro de Hacienda Mario Marcel entrega dos antecedentes en torno al reajuste del 12% del salario para el sector público, que es apropiado no dejar pasar.

En primer lugar, la autoridad señala que no habría efecto inflacionario de la medida, ya que “no hay mucha relación entre el reajuste del sector público y las remuneraciones del sector privado”. Esta declaración es muy importante, por cuanto refleja la desconexión que existe entre ambos mundos. No por nada la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) es clara en mostrar que el salario del sector público es significativamente más alto que el que se observa en el sector privado. Ciertamente los trabajadores del sector público viven en otra realidad: seguridad laboral, sueldos desproporcionados, bonos, beneficios, etc.

El segundo elemento que señala el ministro es el costo del reajuste, “algo así como $3 billones, cerca de US $2.700 millones”, nos dice. Este dinero no cae del cielo, sino que sale de todo el sector privado -ese mismo que ya tiene una situación desmejorada-–, obligado a destinar recursos a pagar impuestos.

Así las cosas, cuando se busca una nueva reforma tributaria para captar más recursos privados, junto con una reforma de pensiones que como está planteada significa más dineros para el Estado, lo mínimo es preguntarse si los enormes ingresos con los que ya cuenta el fisco no podrían ser utilizados de una forma menos despilfarradora.

Félix Berríos Theoduloz – Economista

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