Señor Director:

El Presidente de la República dijo en días recientes, que «La política internacional debe tener una continuidad y quienes tenemos el honor de ejercerla por el tiempo que dura nuestro mandato debemos tener en cuenta respetar y aprender de lo que se ha hecho antes”, asegurando que su gobierno habría cumplido ese principio. En abstracto, en la teoría, esa idea parece razonable, pero el problema surge cuando se advierte que tanto él como su administración vulneraron e incluso avasallaron recurrentemente ese mandato.

Basta recordar sus intervenciones en la Asamblea General de la ONU, en las que no sólo cuestionó a países amigos, sino que habló mal del suyo propio. Nunca entendió que la política exterior no puede ser la burda expresión de sus especiales simpatías e ideas personales, sino la estrategia permanente de que se sirve el Estado de Chile para relacionarse armónicamente con el mundo. Su política exterior, lejos de ser de continuidad respecto de los gobiernos anteriores, marcó un quiebre que, en los hechos, nos ha aislado del mundo con el cual tradicionalmente nos relacionamos. La pulsión presidencial que comprometió al país en estos años, significó que nos indispusiera con Estados Unidos, Israel, Italia, Argentina, países con los cuales el nuestro no sólo comparte valores y principios, sino que mantiene una amistad tradicional, lazos históricos y relaciones fructíferas en ámbitos tan variados como la integración, la política, la economía, la cooperación científica y tecnológica, la educación y la cultura.

Como se puede apreciar, la declaración del Presidente es una definición teórica, un gesto voluntarista, un prurito tardío por ser correcto, pero no tiene ninguna relación con lo que ha sido la política exterior de este gobierno, bajo su caprichosa conducción. En el balance final, es obligado decir que esta ha sido mucho más dañina que provechosa para los intereses permanentes de Chile.

Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega – Abogado

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2 Comments

  1. La política internacional no es más que la interacción de intereses nacionales, muchas veces contrapuestos, entre diferentes Estados y “como toda política, es una lucha por el poder” (Hans Morgenthau).
    El Derecho Internacional, por otra parte, carece de la facultad de imperio (la potestad de los tribunales de justicia para hacer cumplir sus resoluciones, usando la fuerza si fuese necesario —la espada de la típica imagen de la justicia—) y se ha visto permanentemente supeditado a consideraciones políticas, donde las enormes diferencias en el poder nacional de los Estados hacen utópica la aplicación del principio de igualdad jurídica de los mismos.
    Adolfo Paúl Latorre
    Magíster en ciencia política

  2. Concuerdo con autor de la carta, es una expresion más del cinismo e hipocresía del actual pdte, ya no cambiará

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